Julio de España, del poder a la nada
"No me quiero ni imaginar el calvario de esas mujeres acusadoras contestando y corroborando (o no) la denuncia que hicieron en comisaría. Tampoco debió ser poco amarga la atragantada del propio Julio de España escuchando sus presuntos delitos".

Imagen de la fachada del Colegio de Médicos de Alicante.
Julio de España Moya, don Julio, Julito, o “de España”, según de quien le viniese el trato, fue político alicantino de enorme relevancia, y poderío orgánico, pero hoy caído en desgracia al punto de haberse dado de baja, antes de que lo dieran en su partido el PP. Ocupó todos los cargos que puedan enaltecer la ficha historicista en la cosa pública: desde concejal, pasando por presidente de la Diputación de Alicante y de las Cortes Valencianas, incluso senador en el ámbito nacional.
Ítem más, dejó simiente política con una hija que hoy es concejala de Empleo y Fomento municipales del ayuntamiento capitalino, Mari Carmen de España, ahora totalmente dolida en su amor filial, y compungida en lo profesional cuando aparece en todos los medios de comunicación que la Fiscalía pide ocho años de prisión para su padre, médico de digestivo, por dos denuncias de sendas pacientes sin ninguna interrelación entre sí, acusándole de prácticas rectales impropias y abusivas, acompañados de comentarios muy desviados del estricto trato profesional entre médico y paciente.
Parece como si a este país y en un repente se le hubiese desabrochado la bragueta y caído la faja. Por doquier abriendo periódicos de papel, o en su versión informatizada, amén de noticiarios radiotelevisivos, por no hablar de los canales conversacionales en internet, aparecen sucesos de este tipo en ocasiones ciertos (comprobados) y en mayoría bulos, donde se habla de las debilidades sexuales de nuestros políticos/as, personajes públicos y hasta ciudadanos/as, ayer desconocidos, pero ahora impropiamente afamados por sus extralimitaciones que, y en ocasiones llevan desde la ignominiosa violación al letal crimen. Todo se mezcla en esta porno-novela socializada por el sexto mandamiento y las tesis freudianas más comunales.
No me quiero ni imaginar el calvario de esas mujeres acusadoras contestando y corroborando (o no) la denuncia que hicieron en comisaría hasta llegar a una sala judicial con presencia de juez, fiscal, personal del juzgado, abogados de una y otra parte, etc. Tampoco debió ser poco amarga la atragantada del propio Julio de España escuchando sus presuntos delitos (penados entre 8 y 12 años) adversos a la deontología exploradora.
Me cuenta O., demandando sólo inicial, psiquiatra, escritor y sin embargo amigo, que estos temas, una vez publicitados, son muy delicados y morbosos (lascivia por ejemplo) y que se debe tener exquisito tacto entrando en ellos por ser ínfima minoría (valga la redundancia), y tantas veces no expuestos por pura vergüenza de la agraviada ante el temor tanto de explicar pública o privadamente una no consentida extralimitación obscena, como de su obligada aspiración de ser creídas tras dar paso tan temerario (faltar a la verdad –falso testimonio– ante un tribunal también puede conllevar penas judiciales).
Por otra parte, y como profesional del gremio, O. arguye que no debemos precipitarnos en maniqueos juicios de valor, para eso ya vendrá la sentencia judicial definitiva y definitoria, que exponga y dictamine puntualmente lo acaecido. Existe, añade, un tribunal deontológico en el Colegio de Médicos que puede sentenciar la inhabilitación por un tiempo, pero no la expulsión de la carrera, sólo si el caso es de suma gravedad, decisión que directamente corresponde al magistrado o a la Administración Sanitaria. Concluyendo O. que, en su larga vida médica y que él conozca, escasísimas veces se dieron este tipo de indignos y abusivos aprovechamientos epidérmicos.
Como sigamos así, y con este continuo rebote de noticias escabrosas, permítanme cierto embrome, todo este tipo de auscultaciones deberán televisarse bien guardadas para dirimir que pasó entre médico y paciente amparados por la forzosa y profesional intimidad de una revisión clínica.
Al bueno de Julio ya casi no lo saludan ni sus compañeros de partido, muchos de ellos le deben el cargo y el trabajo, ni los compañeros de profesión, otrora tan solícitos y gremiales pidiendo favores, atienden en su ayuda para no verse salpicados en la parte por el todo. A Julio de España le gustaba el boxeo, suponemos que todavía recordará aquella magnífica película de Mark Robson: “Más dura será la caída”. Pero y ante todo atengámonos al principio de inocencia. “Cosas veredes, amigo Sancho”.