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Sánchez pierde la batalla y las elecciones asoman: así hemos vivido una jornada frenética

Sergio Morales

Sergio Morales

Consultor

Callad a Fernando Simón, por favor

'Los merengones' vivimos una mala época. Sólo nos faltaba ver lo que hemos visto, jugadores enfrentados, lesionándose entre ellos, como si respetarse no fuera un comportamiento imprescindible para los que aspiran a vivir en este Club

El epidemiólogo Fernando Simón, durante la clausura del  acto institucional para conmemorar el 40 aniversario de la Ley General de Sanidad.

El epidemiólogo Fernando Simón, durante la clausura del acto institucional para conmemorar el 40 aniversario de la Ley General de Sanidad.Europa Press

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Feliz fin de semana, feliz descanso. El tiempo vuela y nos encaramos hacia el final de la primera quincena de mayo. El tiempo viene revuelto, las lluvias están alcanzando protagonismo estos días y mayo se convertirá en un mes alegre y frondoso, en cuanto el sol reine.

Tengo una amiga, gran profesional del mundo del Derecho, a la que le encanta sentarse a disertar libremente los fines de semana, porque durante los días laborables, es difícil que se salga de las líneas que marca la Ley. Sin embargo, cuando sabe que nada de lo que diga podrá ser usado en su contra, es un dechado de ocurrencias, avaladas por el sentido común de los mortales y, probablemente, se olvida de lo que dice la Ley para proponer lo que ésta debería decir, según ella.

Me hace feliz oírla fuera del “cuadrilátero” que marcan los Tribunales.

Hoy la he citado para que tomemos café y hablemos de lo que acontece en la calle, eso que empieza a preocuparnos, el hantavirus, que sé que le va a encantar decirme que no hay ley que obligue a nadie a permanecer encerrado en un hospital en formato “cuarentena”.

Macarena ha llegado con un andar deportivo, se le nota que le gusta el ejercicio. Tras un abrazo nada protocolario, nos sentamos a tomar un café. Nuestras vidas profesionales tienen un punto en común, son intensas y nos pasamos el día con el móvil y el ordenador en la mano, así que, cuando nos vemos fuera de ese ambiente laboral, sentimos cierta “libertad” que nos invade.

Ella se sienta cruzando una pierna bajo la otra, como queriendo ser más joven de lo que es, como buscando una vuelta al tiempo de estudiante, pero no de estudiante universitaria, no, sino de estudiante de instituto, es decir, todavía más libre, más “desaliñada” en su porte, menos coqueta, pero con más rebeldía. Si le hiciera una foto con esta pose, la llamaría “Macarena al natural”.

Con sus ojos claros, sus labios rojo intenso y sus dientes blancos, esboza ya la primera sonrisa pidiéndome que opine sobre lo que está sucediendo en política, con la aparición del hantavirus, porque ella sabe que esto va primero de política y después de salud pública. Yo me resisto a ser el primero en opinar y me voy a lo anecdótico que fue escuchar la entrevista al epidemiólogo D. Fernando Simón. Los españoles estábamos más o menos tranquilos hasta que lo oímos decir que “probablemente habrá muy pocos casos”. Fue en ese momento en el que algunos salieron a la calle gritando “¡Vamos a morir!”, porque teníamos en la mente palabras muy parecidas, del mismo epidemiólogo, cuando llegó el “coronavirus" o "Covid-19”.

Gobierno y afines se preguntaron quién había tenido la feliz idea de entrevistar a Don Fernando Simón, porque aquello fue un tormentón, en mitad de una tormenta de desinformación entre Administraciones, que ya había comenzado. Canarias y el Gobierno Central empezaban a discutir por la información y a enfrentarse, por un “no me traigas aquí a los potenciales contagiados”.

En uno de los pasillos de la Moncloa se oyó la voz del Presidente gritar: “Callad a Fernando Simón, por favor”.

Al final se ha impuesto lo que dice el Gobierno. “El crucero” llegará a Canarias. Los turistas españoles irán a Madrid en avión del ejército español y los distintos países irán enviando a Canarias, aviones para recoger a sus correspondientes ciudadanos.

Entretanto van apareciendo casos, como el sucedido en el Hospital de San Juan de Alicante, que ha llevado a carreras dentro del hospital, traslado de enfermos a otras plantas, personal sanitario buscando mascarillas y personas que se encontraban mal, que de pronto recobraban la salud y salían del hospital por distintas puertas. En cuestión de minutos se podía aparcar hasta en la zona de urgencias. Así ha sido el caos vivido en las últimas horas.

Se lo cuento a Macarena y se ríe, porque se imagina la película que, de momento, no es una tragedia, sino una anécdota más.

Macarena ha entendido que no debíamos seguir hablando del virus, porque podíamos acabar perdiendo los papeles, así que llevamos nuestra conversación hacia el equipo del que somos seguidores, fieles seguidores, diría yo, el Real Madrid.

“Los merengones” vivimos una mala época. Sólo nos faltaba ver lo que hemos visto, jugadores enfrentados, lesionándose entre ellos, como si respetarse no fuera un comportamiento imprescindible para los que aspiran a vivir en este Club. Nada justifica lo sucedido. Los millones de euros y sus respectivos contratos, son el impedimento para que el cuerpo directivo tome soluciones drásticas. Así que todo quedará en nada y tendremos que cargar, durante meses, con la reestructuración de un equipo que han dejado destrozado. Desde luego, tanto Valverde, como Tchouameni, han dejado la peor imagen que se puede tener de un deportista.

En Madrid también, ha aparecido Borja Samper, tras terminar su tratamiento contra una dura enfermedad que ha padecido y que todos queremos que forme parte de su pasado y no vuelva a aparecer.

Macarena y yo comentamos que nos ha encantado escucharlo con ese mensaje constructivo. Es consciente, ahora, de que estamos aquí para servir y ser útiles y eso no tiene por qué ser, destruyendo al adversario. Escuchémoslo y reflexionemos sobre sus frases, están llenas de sabiduría del que ha conocido al auténtico enemigo, ese que te puede arrastrar al más allá.

Macarena y yo terminamos el café. Nos despedimos en un abrazo.

Llenen sus despensas de fruta y verdura, la primavera es así de generosa, nos da para escoger y para todos los gustos. El mercado de su ciudad, de su barrio, les espera. Compren, si pueden, productos de kilómetro cero, es todo un disfrute y un lujo. Yo me voy a ello.

Macarena se va con un andar rápido, casi un trotecillo, una sonrisa maravillosa y el optimismo que le da la libertad de sentirse estudiante de instituto.

Como siempre, servidor de ustedes… Sergio Morales Parra

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