“Segis, el hombre del Sarmiento”
Su legado va mucho más allá de la hostelería: deja el recuerdo de un empresario y un amigo irrepetible

Segis deja un legado que trasciende la gastronomía
Nos ha dejado Segis. Para muchos será siempre el hombre del Sarmiento. Para quienes tuvimos la suerte de conocerle de cerca, se marcha mucho más que un gran empresario de la hostelería: se va un amigo, un visionario, un emprendedor incansable y una de esas personas que siempre dejaban huella.
Fue un adelantado a su tiempo. Revolucionó el ocio en la Región de Murcia al abrir una de sus primeras grandes discotecas y traer a artistas que marcaron toda una época, como Julio Iglesias, José Luis Perales, El Fary y tantos otros. Pero si algo definió su vida fue su capacidad para levantarse. Conoció el éxito, también las dificultades, y nunca dejó de empezar de nuevo. Siempre encontraba una nueva ilusión, un nuevo proyecto y una nueva oportunidad.
Convirtió el sarmiento en una referencia gastronómica que trascendió fronteras, llevando su forma de entender el arroz a Murcia, Alicante, Madrid e incluso a Natal, en Brasil. Y tuvo otra gran virtud: saber rodearse de las personas adecuadas. Entre ellas, Jesús Abad, compañero imprescindible en una aventura empresarial y personal que ayudó a consolidar un proyecto que hoy forma parte de la historia de nuestra gastronomía.
Yo tuve la fortuna de conocer al Segis más cercano. Al amigo. Al hombre que siempre estaba cuando hacía falta. Apenas hace unas semanas, el pasado 7 de julio, me invitó a celebrar su cumpleaños en La Casa del Reloj, su última y reciente apertura en Novelda, el último proyecto que había puesto en marcha. Pensé mucho qué podía regalarle a alguien que parecía tenerlo todo. Al final opté por unos pasteles. Nunca olvidaré la sonrisa con la que los recibió. Le hicieron una ilusión enorme. Quien nos iba a decir que sería nuestra última vez, pero aún así tan especial.
Ese gesto tan sencillo resume muy bien quién era.
Siempre encontraba una broma para mí. Me pinchaba, me provocaba con ese humor tan suyo que algunos podían malinterpretar. Yo nunca lo hice. Sabía perfectamente que aquella era su manera de demostrar cariño. Así era Segis: auténtico, espontáneo y tremendamente humano.
También fue amigo de mi padre. Los dos murcianos. Siempre que necesité algo de él, jamás encontré un no por respuesta.
Recuerdo especialmente un Real Madrid-Levante al que llevé a mi sobrino Álvaro para que conociera por primera vez el Santiago Bernabéu. Segis hizo todo lo posible para que pudiera conocer a Dani Carvajal. El Madrid perdió contra todo pronóstico y los jugadores no salieron. No pudo ser. Pero nunca olvidaré el detalle ni la ilusión con la que lo preparó.
Hay otro recuerdo imborrable. Caminábamos hacia el Santiago Bernabéu para asistir a un Real Madrid-Galatasaray. Íbamos David Aganzo, Jesús Abad y yo. Nos esperaba Miguel Porlán Chendo para acceder al palco. En mitad de aquel paseo, con la naturalidad con la que hablaba de las grandes decisiones, me dijo: “Voy a comprar Portobello”.
La famosa marisquera madrileña. Aquella frase fue el principio de una operación que acabaría marcando otra etapa de su brillante trayectoria empresarial.
También guardo con enorme cariño una comida de Navidad que organizamos con el Hércules durante mi etapa como director de Comunicación del club. Segis, como tantas otras veces, colaboró sin dudarlo. Siempre apoyaba cualquier iniciativa en la que pudiera echar una mano. Aquel día le entregamos una camiseta personalizada con su nombre y la recibió con la ilusión de un niño. Por muchos éxitos que hubiera cosechado, nunca perdió la capacidad de emocionarse con los pequeños detalles.
Porque Segis era eso: un hombre de mil proyectos, de ilusión inagotable y de una capacidad extraordinaria para emprender. Tenía las ideas muy claras y una visión empresarial distinta a la de los demás. Muchas de sus decisiones parecían rompedoras cuando las planteaba, pero el tiempo terminaba dándoles la razón. Fue un revolucionario de la hostelería y de la forma de entender los negocios.
Y, al final, uno se queda con las escenas más sencillas. Le gustaban sus habas, disfrutaba de una buena sobremesa y de una conversación entre amigos. La última vez que nos vimos, si la memoria no me falla, estaba saboreando una palometa acompañada de un Anís Tenis. Son esos pequeños instantes los que hoy cobran un valor inmenso.
Hoy la gastronomía pierde a uno de sus grandes referentes. Pero quienes tuvimos el privilegio de compartir parte de su camino perdemos, sobre todo, a un amigo.
Desde ESdiario, y también desde lo más personal, quiero enviar un abrazo lleno de cariño a toda su familia, a Jesús Abad y a todas las personas que compartieron su vida.
Gracias por tanto, Segis. Gracias por tu generosidad, por tus bromas, por tu valentía y por enseñarnos que siempre merece la pena volver a empezar.
Hasta siempre Segis.
Descansa en paz, amigo.