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Sergio Morales

Sergio Morales

Consultor

Caperucita ya no viste de roja

Se puede adecuar el relato de un cuento para beneficiar la educación del alumno. Sánchez lo hace para manipularnos

El presidente del PSOE, Pedro Sánchez es aplaudido por la bancada del PSOE tras su intervención durante una sesión plenaria en el Congreso, a 3 de septiembre.

El presidente del PSOE, Pedro Sánchez es aplaudido por la bancada del PSOE tras su intervención durante una sesión plenaria en el Congreso, a 3 de septiembre.Europa Press

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Buenos días feliz fin de semana, feliz descanso. La entrada en septiembre nos prepara para un inicio del tercer y último cuatrimestre del año. Ahora, casi todo son prisas y empujones, porque hay que cubrir los objetivos del ejercicio, en la mayor parte de las empresas.

En estas orillas mediterráneas vivimos temperaturas todavía veraniegas, lo que nos lleva a seguir disfrutando de la playa, ahora sin tanta afluencia de turistas, permitiéndonos, como consecuencia, “saborear” espacio y agua. La serenidad se impone, frente al bullicio.

Llego al café cuando aun no han puesto las calles, ni encendido el sol, casi estamos con las luces de las farolas. Mi amiga Encarnita y yo, somos madrugadores y disfrutamos del silencio de la mañana, de esas primeras horas que nos muestran una ciudad que se despereza.

Este primer café lo tomamos en un establecimiento cercano al Mercado del barrio, en el que un albañil, relata cómo se está haciendo de dinero, convirtiendo locales comerciales en viviendas, porque en esta zona hay mucho local abandonado. El minucioso detalle con el que cuenta sus andanzas, en este sector de la construcción, nos hace pensar que ha dado con su particular “gallina de los huevos de oro”. Termina sus explicaciones diciendo: “Ahora, nada es regalado, trabajo más que nunca, hay que tener control de lo que se hace, porque si no, todo el negocio se te escurre entre los dedos”.

No entiendo de construcción más de lo que usted, querido lector, pueda entender, pero sí sé de negocio y, efectivamente, hay que controlar lo que se hace, porque de lo contrario, lo que por un lado entra, puede salir a mayor velocidad por otro lado.

Mi amiga Encarnita dedicó parte de su tiempo a la educación de niños en etapas infantiles. En esos años, solía contarles, a sus alumnos, cuentos de distintos autores. Así que sabe bastante del arte de contar historias, cuentos, e incluso, sabe bastante de modificar el relato, a conveniencia, porque con eso se pretendía, en aquellos tiempos, educar.

Con esta experiencia, me cuenta que lo que está viendo y oyendo de boca de nuestro Presidente y de su “camarilla”, es justo lo que ella hacía, adecuar el relato del cuento, para obtener el beneficio de una enseñanza, la que le interesara en aquel momento. Con una diferencia, ella lo hacía para beneficiar la educación del alumno y “Sánchez” lo hace para manipularnos.

Hay Ministros que ya no “tragan” con la “ideología sanchista”, por ejemplo Dña. Margarita Robles. Se ha cansado de explicar que los profesionales de la información y la inteligencia dependientes del Ministerio de Defensa, hicieron sus cosas bien, cumplieron con sus funciones. Sin embargo, el Presidente se ha ocupado de indicar que los ochenta mil marroquíes, esos que casi se veían desde Tarifa, fueron una sorpresa y a todos pilló desprevenidos. Tan desprevenidos que hasta treinta días después no han podido nombrar un mando único para gestionar semejante desastre.

Mi amiga Encarnita, mientras desayuna, me cuenta que echa de menos la “manteca colorá”, porque ella estuvo una época en algún pueblo de Cádiz, trabajando y, como consecuencia, viviendo. Sus desayunos suponían tomar café y una tostada que untaba con la “manteca colorá” que corría de mesa en mesa.

De su época en distintos pueblos recuerda el saludar a las personas con las que se cruzaba por la mañana, el rocío mañanero, que la acompañaba desde la primavera hasta el otoño, el olor a flores que se dejaba caer cuando el día empezaba a aclarar, la tranquilidad y el silencio que dominaba las calles y el murmullo del agua en determinados rincones escondidos.

Encarnita me cuenta que cuando llegaba septiembre le venía la “fiebre de la lectura”. Llegaba el tiempo de devorar libros. Lo hacía sentada en un sillón de cuero que aun hoy la acompaña en su vivienda de Alicante, encarado siempre a una venta, desde la que veía la vida suceder. Con mucha gracia, Encarnita me cuenta que ella era “la joven del visillo”, porque los pueblos generan historias, sucesos, en los que cada habitante decide cómo participar, unas veces como espectador, otras como testigo, otras como interesado y alguna como protagonista.

Encarnita viste con un estilo propio, está entre lo dulce y lo sensual. Encarnita quiere tener novio, pero “se le pasó el arroz” porque ella pensaba que prefería los “fideos” y ahora, ni lo uno, ni lo otro. Me confiesa que no siente la posibilidad de enamorarse, pero está dispuesta a cultivar amistades sinceras y profundas. Yo la animo, porque sé lo que es vivir la ilusión del amor y la alegría de compartir vida con los seres queridos, generando momentos especiales.

Invito a Encarnita a visitar el Mercado, mientras me cuenta que está terminando un libro al que ha titulado “Caperucita ya no vista de roja”, en el que desea hacer una crítica social relacionada con el cambio del relato del famoso cuento. En su historia ya nadie sabe quién es el lobo, quién es la abuela y quién es Caperucita.

Hoy vamos a disfrutar de comprar fruta, que es una delicia que, mezclada con el tiempo en el mar, nos va a dar fuerza para afrontar los retos de la próxima semana.

Como siempre, servidor de ustedes…

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