Luces de Navidad y casas de lona en la Plaza de la Montañeta
La acampada a favor de la vivienda se extiende a una de las plazas icónicas de Alicante.

Acampada por la vivienda en Alicante
Ya es Navidad en El Corte Inglés y en la Plaza de la Montañeta. Mientras los operarios municipales cuelgan las guirnaldas de luces ante la mirada atónita de los peatones, a pocos metros se levanta un poblado de lona. Entre tiendas de campaña sujetas con el ingenio de un improvisado campamento militar, los acampados protestan por algo tan básico como un salón en el que poder encender, algún día, su propio árbol navideño. La ciudad se engalana para la fiesta por antonomasia, pero sus adornos solo custodian la suerte de unas casas de quita y pon donde no hay nada que celebrar.
El ambiente roza lo absurdo. Esos duendes urbanos encaramados a las grúas preparan el escenario para Papá Noel. “Al menos él tiene casa, aunque sea en el Polo Norte”, bromea un joven desde la puerta de su iglú de tela. Preside el recinto un abanico de banderas multiculturales —Palestina en cabecera, seguida de la del Líbano— que flotan sobre el asfalto.
Hay de todo: sindicalistas curtidos, activistas de guardia y vecinos sin más afiliación que la falta de metros cuadrados. Con el paso de los días, la plaza ha adquirido un aire denso, casi performativo. Los turistas extranjeros se detienen a hacer fotos con la cámara en alto, como si el campamento formara parte del circuito cultural alicantino junto al Castillo de Santa Bárbara. Las luces navideñas recién instaladas proyectan sobre los carteles reivindicativos un fulgor de collage crítico.
Al acercarme a hablar con ellos, la cautela se apodera del grupo. Guardan silencio, tímidos, como si la sola presencia de una libreta fuera el preludio de un desahucio en pleno centro. Allí se encuentra también Natalia Jerez, portavoz de Podem en la Comunitat Valenciana, quien recalca el papel del sindicalismo de base y recuerda que “la sangría de los desahucios en Alicante viene de lejos, mucho antes del caso de Maricarmen”. Para Jerez, la crisis habitacional ha dejado de ser una bandera ideológica: “Es un problema transversal que ahoga a toda la ciudad, al margen de la papeleta que vote cada uno”.