crónica
Manuel Villar sale vivo de la cacería invocada por la izquierda

(Archivo) pleno del Ayuntamiento de Alicante
El ambiente era tenso. Las moquetas y el papel pintado del salón consistorial chirriaban de puro nerviosismo, mientras las cacofonías de los fantasmas del pasado invadían la estancia. La primera en invocar a los espíritus fue Trini Amorós, la flamante candidata socialista a la alcaldía de Alicante. La campaña de las generales ya ha empezado; la de las municipales, también. Desde la posición que ostenta, pidió la dimisión de Luis Barcala a la par que abrió la veda a una dicotomía: elegir entre María Pérez Hickman o Manuel Villar, este último sacrificado hoy en la liturgia consistorial.
Rafa Mas volvió a ejercer de eterno líder de la oposición. Las caricias arañadas de Trini Amorós tornaron en el enfado existencial del portavoz de Compromís, impasible ante las amenazas de demanda que susurraban en el ambiente. Le echó un rapapolvo al gobierno municipal al estilo del maestro que corrige al alumno resabiado; dio lecciones a todos en el uso de la palabra y lo sabía, por eso se tomó la licencia de intervenir sin que el alcalde le diera la vez. Una vez más, se enzarzaron en una bronca de escalera por la conocida rebeldía del concejal.
Más sosegado estuvo Manolo Copé, pragmático, sacando a la palestra el caso de Elías: la personificación de una familia al borde del desahucio en Alicante. Se cebó, al igual que los otros intervinientes, con María Pérez Hickman, a quien desde el estallido del caso no le habrán parado de pitar los oídos. Copé dejó para el recuerdo una frase lapidaria: "El silencio no es la solución, es el problema, y están cavando su propia tumba".
En la sala resonaban cacofonías de fantasmas y buitres. Tiró de ellos la portavoz de Vox, Carmen Robledillo, para condenar el uso partidista de Maricarmen, la anciana fallecida. No dictó sentencia, pero sentenció al asegurar que "los alicantinos merecen saber el uso que se hace de los recursos públicos". Señaló a Manuel Villar, aunque sin marcarlo como un hereje reprobado. Más allá de eso, disparó contra el PSOE con la bala de plata de los escándalos de la formación a nivel nacional.
El gobierno municipal, por su parte, cerró filas en torno a Villar. En palabras de la portavoz del Partido Popular: "El gobierno está unido, Villar no está solo". Tejió un hilo argumental en el que el objetivo de la comparecencia no era encontrar la verdad, sino simplemente "erosionar al equipo de gobierno".
Y llegó el turno del verdadero protagonista de la cita: Manuel Villar, quien, libre de ataduras de tiempo, respondió a las preguntas con rotundos noes argumentados. Recordaba a esos opositores que cantan los temas de memoria, impasibles, a la espera de que escampe la tormenta.