crisis de la vivienda
Recogida de bártulos: La acampada en La Montañeta se disuelve y los activistas fían su suerte a la huelga del 11-N
Tras dos semanas de ocupación en el centro de Alicante, los convocantes apuestan «economizar fuerzas»

La acampada en la plaza de La Montañeta de Alicante llega a su fin.
La acampada de la Plaza de la Montañeta ha tocado a su fin. Tras apenas catorce días de ocupación simbólica del espacio público, los portavoces de la protesta han decidido levantar el campamento. Lejos de admitir el desgaste o la falta de fuelle, los convocantes justifican el repliegue como una «decisión estratégica» para economizar fuerzas y centrar todo su músculo organizativo en la huelga general convocada para el próximo 11 de noviembre.
El movimiento de Alicante no es aislado. Sigue la senda trazada por otros colectivos locales en Granada, Málaga o Tenerife, que también han optado por despejar las plazas tras comprobar las limitaciones del formato de acampada permanente. En el extremo opuesto resisten, por el momento, los núcleos más radicalizados de Madrid, Barcelona y Valencia, aunque en los mentideros de la izquierda extraparlamentaria se da por hecho que terminarán sufriendo el mismo proceso de desinflado progresivo.
La estrategia supone un volantazo de consecuencias inciertas: congelar la movilización a pie de calle para fiarlo todo al aliento de la huelga del 11-N. Una apuesta al todo o nada que deja el futuro del movimiento por la vivienda en manos de las grandes centrales sindicales, cuyo crédito y capacidad de movilización en la calle han mostrado severas grietas en el pasado reciente.
El precedente de las plazas vacías
Los precedentes no invitan al optimismo. Conviene recordar el estrepitoso fracaso de convocatorias similares pilotadas por la órbita sindicalista, como la jornada de protesta del 2 de febrero de 2025. En aquella cita, vendida por sus promotores como un punto de inflexión en las grandes capitales, la respuesta ciudadana rozó el ridículo: menos de un centenar de personas se congregaron en la capital de España y apenas trescientas acudieron a la llamada en Barcelona.
Fiar el éxito de la causa de la vivienda a la maquinaria tradicional de CCOO y UGT entraña un riesgo evidente. La hemeroteca demuestra que el paternalismo institucional de las grandes centrales suele diluir la contundencia de las demandas de base sin garantizar, a cambio, el respaldo masivo en las urnas o en las calles. El 11 de noviembre dictará sentencia: si la huelga fracasa, la recogida de tiendas en La Montañeta no habrá sido un repliegue táctico, sino la constatación de una derrota por inanición.