¿Claudicar o pelear?
El cartel de “se vende” (como se vendió el Sáhara) ya está en la mente de todos, pero la artimaña sanchista ha quedado descubierta

Pedro Sánchez y su ministro de exteriores en una reunión con homólogos marroquíes
La base aérea de Los Llanos en Albacete, o las de Sevilla El Copero, Morón de la Frontera, por no hablar de Gando en las cercanas islas de Gran Canarias, incluso la mismísima Málaga, tienen todas las condiciones para la maniobrabilidad vigilante, y en el peor de los casos inmediata ofensiva de nuestros aviones de caza Eurofighter y F18 que no tardarían más de 10 minutos en llegar a Ceuta y Melilla tras recibir órdenes de su Alto Estado Mayor, quien a su vez las obedece del Gobierno.
Por otra parte, y en lo que nos toca, tanto el aeropuerto de Manises como el de El Altet, pueden reconvertirse, o, mejor dicho, militarizarse en menos que cante el gallo del Consejo de Ministros convocado de urgencia el traslado de las tropas acantonadas en nuestros cuarteles, especialmente con militares especializados en la guerrilla y cuerpos de asalto para intervención rápida.
Algo que debemos de añadir el poderoso buque estratégico Juan Carlos I, el submarino entre otros S-18, entre varios de distinta capacidad y temporalidad del servicio; ¿para que seguir con fragatas?, los doblamos en número y en armamento, pero también en otros tipos de buques de apoyo y desembarco.
Que todo éste siempre relativo poderío armado, claramente diferencial a nuestro favor (mientras Estados Unidos guarde la imparcialidad con dos países aliados), no amilane a Marruecos paseando su fragata insignia Mohammed VI por aguas españolas como si fuera por el Parque del Retiro o por la Albufera Valenciana nos parece de una provocativa desfachatez por parte del sultán disoluto que tuvo que volver corriendo desde su nirvana parisino cuando el gobierno marroquí, o mejor dicho el suyo propiamente, le dijo que ya estaba todo preparado para el asalto los días 30 y 31 de julio utilizando 70.000 escudos humanos y la advertencia aproximativa de una fragata capaz de disparar misiles, cuyo terrorífico, aunque minorizado alcance exclusivamente contra objetivos militares españoles, hubiese provocado nuestra inmediata declaración de guerra.
Sánchez sigue callando (ocultando) lo que habló con el sátrapa musulmán y el Gobierno de Rabat (sólo supuestamente democrático), no sabemos si un futurible gobierno compartido – entre Marruecos y España – de ambas ciudades autónomas; si una cesión pactada a la larga; si permitir invasiones menos numerosas, pero sí más continuadas hasta que la población marroquí supere con mucho a la genuinamente española y se convoque un sufragio cuyo refrendo ya estaría cantado de antemano.
El cartel de “se vende” (como se vendió el Sáhara) ya está en la mente de todos, pero la artimaña sanchista ha quedado descubierta: sabe bien por su equipo de analistas en La Moncloa, que va a perder las elecciones y no sólo por las papeletas renegadas del PSOE, sino por el bajón que ya se anuncia en la de sus aliados más promiscuos empezando por el propio Junts y acabando por los otrora levantiscos podemitas y cía.
Los campamentos levantados contra la especulación empiezan a retirar sus tiendas de campaña para volver a la comodidad de las paredes, el agua corriente, la nevera y la temperatura ideal mientras la televisión les recuerda que fueron héroes por unos días, pero que la cicatera ley, no la va a mover ni una huelga general “¿contra la Oposición? ¿cuándo se ha visto semejante contradicción? que apenas apoya la más comprometida juventud de izquierdas y acracia. Adherirte a una manifestación es honesto y personalmente loable, pero que te descuenten un día del salario, o que interrumpas una cadena de producción, eso ya resulta más peliagudo porque el despido puede estar a la vuelta de la esquina de un despiadado e indocto (en derechos laborales) patrón, quien seguramente tendrán más de una vivienda en propiedad, y tal vez algunas alquiladas a precios inalcanzables para un trabajador medio.
El Gobierno de Sánchez ha impreso en el BOE una ley chapucera que no conforma a nadie, encima recargando las culpas sobre los gobiernos autonómicos que le son adversos. Es necesario que convoque a Feijóo y no se levanten de la mesa de negociaciones hasta obtener un consenso válido para todos. Sólo hay que fijarse en otras legislaciones europeas y copiar lo mejor de ellas, “ni que pierda el cliente, ni que gane la casa” dice el refranero popular cuando se trata de llegar a una equidad comercial, y la vivienda es comercio, pero también son propuestas de las distintas administraciones, unas como capitalizadoras, otras poniendo suelo bastante para aminorar nuestra carencia secular.
Tal como vamos un día amanecemos con Huelga de Inquilinos, otro vendrá con la de Jornaleros, al siguiente Transportistas y así hasta llenar el almanaque donde faltan fechas para tanto oficio; y todo ello porque el gran ausente Sánchez no se decide a convocar elecciones atragantado por tanta demoscopia en su contra, más de la que soportó ningún Presidente de Gobierno anterior que le echaron vergüenza dimisoria a la cosa y causa políticas cuando vinieron mal dadas.
Esta resistencia, numantina para él y saguntina para el PSOE, sólo puede llevarnos otra vez a las dos Españas cuyo resultado siempre fue catastrófico a lo largo de la Historia. A veces sueño con nuestros barcos guerreros de nuevo en la bahía de Alhucemas, nuestros aviones sobrevolando el monte Arruit, Rabat y Casablanca, mientras un destacamento de la Legión Española pone la enseña en Punta Cires. Pero esto es un sueño y como dijo Calderón: “los sueños, sueños son”. La despierta realidad nos devuelve a un país acojonado por su inferior geográfica y militarmente, cuando los españoles nunca tuvimos fama de cobardes, todo lo contrario: de impulsivos y temerarios.
A veces para ganar una guerra no hace falta un cañonazo, ni un desembarco, sólo enseñar los dientes afilados diplomáticamente con expresión de cabreo y resolución inminente. El rey de España no debería haber ido a Ceuta, ni después de que lo hiciera Pedro Sánchez, ni para demostrarle de viva voz y en su propio territorio a Mohammed VI que no se metiera en aguas peligrosas salvo que bosquejara una respuesta contundente por nuestra parte; cuestión que podría costarle al moro la Corona ante un levantamiento popular por culpa de insuflar una conflagración con todas las de perder. Más se perdió en Cuba decían las coplas decimonónicas, pero Santiago estaba al otro lado del Atlántico, mientras Ceuta está al otro lado del estrecho de Gibraltar (14 km) entre costas.