ESdiario

Con permiso del estado

Alfonso Calero

Abogado y Profesor de Derecho Internacional en la UA

El engaño económico sobre la vivienda que triunfa en las redes sociales

Creer que construir pisos para bajar precios es tan ilusorio como imprimir billetes para acabar con la pobreza es confundir el dinero con la riqueza real.

Panorámica del cartel del portal de vivienda ‘Idealista’. 
Eduardo Parra / Europa Press
13/7/2026

Panorámica del cartel del portal de vivienda ‘Idealista’. Eduardo Parra / Europa Press 13/7/2026Europa Press

Creado:

Actualizado:

Hace unos días, en clase, discutía con mis alumnos sobre el actual “problema de la vivienda”, cuando una alumna lanzó al aire una reflexión: "Pero, profesor, creer que construir más pisos hará bajar el precio de la vivienda no es tan infantil como creer que imprimir billetes acabará con la pobreza". En el aula se hizo un segundo de silencio reflexivo, seguido de un murmullo. La frase sonaba redonda, casi matemática. Tenía ese brillo seductor del eslogan rápido que triunfa en TikTok e Instagram. Cito estas redes sociales porque fue ahí donde el algoritmo hizo de las suyas y me mostró los reels donde distintos usuarios formalizaban la misma cavilación.

A los pocos días en una comida con colegas, previa a una clase de economía, le manifesté el mismo eslogan al profesor ponente, uno de los mejores profesores de economía de este país, quien se quedó sorprendido. Y uno de mis compañeros dijo que estaba claro que mi alumna era brillante, y en verdad lo es.

La construcción del razonamiento es tan simple y directa que cumple a la perfección con su propósito de confundir. El único problema es que es rotundamente falaz.

La comparación es una falsa analogía, es decir, un truco de magia conceptual. Apela a un miedo real y conocido —la inflación— para colar de extranjis un razonamiento tramposo. Nos pide aceptar que la piedra y el hormigón funcionan exactamente igual que el papel moneda.

Pero la economía real no es un juego como el Monopoly.

Como explicaba el economista Murray Rothbard, el dinero no es un bien final, sino un bien de intercambio. Nadie cena un billete de cien euros ni se resguarda del frío bajo un fajo de billetes de cincuenta euros. El dinero es solo un intermediario, un tique de intercambio. Si mañana un Gobierno decide triplicar la masa monetaria por decreto, no habremos creado ni un solo gramo más de riqueza; solo habremos diluido el valor de lo que ya tenemos. Imprimir billetes para enriquecer a un país es como intentar engordar o adelgazar cambiando de escala en la báscula.

La vivienda, en cambio, es un bien real, físico y tozudo. Un techo no es una abstracción contable: satisface una necesidad humana primaria y finita. Si faltan casas y la gente busca dónde vivir, los precios se disparan. Si se construyen más viviendas, la presión cede. En el mundo de la materia, la ley de la oferta y la demanda sigue vivita y coleando.

El segundo fallo de la analogía es todavía más flagrante y tiene que ver con la física del esfuerzo. Hoy en día, "imprimir dinero" no requiere ni siquiera tinta. Basta con que en un banco central se teclee un par de ceros en un ordenador y pulse Enter. O basta con el mecanismo de reserva fraccionaria del banco donde usted tiene domiciliada la nómina. Es un simple clic contable.

Levantar un bloque de viviendas, por el contrario, es una epopeya humana y logística. Exige suelo urbanizable, licencias que tardan lustros, arquitectos, toneladas de cemento, mano de obra cualificada y lidiar con una burocracia que desesperaría al mismísimo Kafka. Tan titánica es la tarea que ni siquiera el propio Estado, con todo su poder y presupuesto, logra construir vivienda pública al ritmo que la sociedad necesita.

Comparar la ligereza de presionar un botón digital con la titánica odisea de levantar una estructura de hormigón no es un argumento económico, sino simplificación indefendible.

El problema del acceso a la vivienda es colosal y admite mil debates legítimos: seguridad jurídica, impuestos, inversión extranjera, regulación del suelo o alquiler turístico. Pero no nos dejemos encandilar por sofismas de salón. Confundir la creación de riqueza real con la ilusión monetaria solo sirve para paralizar el debate. Y si algo nos enseña la realidad, en las aulas y en la calle, es que los problemas reales nunca se han resuelto a golpe de clic. La solución sí es construir más viviendas y no es una tarea sencilla.

tracking