Precampaña electoral y de Navidad
Será la primera vez en nuestra historia, en la que una huelga general se organiza contra la oposición

Vista general de la acampada en la Puerta del Sol.
Feliz fin de semana, feliz descanso, casi despedimos este mes de octubre, representado en aquella uva décima que nos tomamos al son de las campanadas el último 31 de diciembre, tan cerca y tan lejos a la vez.
Empezará noviembre, un mes marcado por los inicios de campaña, la de Navidad y la de las elecciones, no sé cuál de ellas se nos hará más larga, y mira que a mí me gustan las Navidades.
En estas tierras, el día será algo nublado, por eso tendremos temperaturas otoñales, pero el domingo volveremos a ver lucir el sol en todo su esplendor y volveremos a vivir cierto calor, con temperaturas que rozarán los 30º en algunos puntos.
Estamos en “precampaña” electoral y se nota, se nota mucho. En las televisiones, con las apariciones de los líderes de los partidos intentando acercar las ascuas a su sardina. Por cierto que Sánchez nos regaló una visión de su persona, que pretendió que fuera cercana y terminó siento siniestra, en el programa “La revuelta”. No se puede ser más falso y menos natural. El resultado de aquello fue que sus adeptos quedaron enamoradísimos de su Sánchez y los que no lo quieren ni en pintura, no le daban ni el aprobado a aquella pantomima.
Desayuno hoy con mi amigo Melquiades que, como ya les he comentado alguna vez, es un madrileño hasta la médula. Se sienta en la cafetería que hemos escogido, una que tiene churros madrileños, y me espeta aquello de: "No hay derecho a que Madrid sea el epicentro de cualquier reclamación social, sindical, agraria, sanitaria, etc. etc. ". Lo dice haciendo referencia al bloqueo por la acampada de la Puerta del Sol, a las manifestaciones de Educación, a las de Sanidad, a las de los agricultores, que llegarán en breve. Reconozco que, en parte, tiene razón. La capital del reino sufre todas las reclamaciones, habidas y por haber, que tiene esta maravillosa nación que es España.
Melquiades recuerda un Madrid mas tranquilo, por el que los fines de semana se podía pasear por sus lugares principales. Yo le doy la razón. Mis últimos viajes a la capital han sido de llegar y salir corriendo porque me resultaba insoportable la cantidad de personas, maletas, “ruido” de ese que no parece de una ciudad, sino de una “guerra”. Ambos añoramos otras épocas.
Melquiades es del “Madrid Castizo”, no vivió en una corrala, pero sí en un piso de Lavapiés durante una época. Un lugar en el que había vecinos que se conocían, se saludaban por la calle, sabían quiénes eran y de dónde venían. Después empezaron a llegar personas que no saludaban, que se cruzaban en el portal y no decían nada, como si uno no existiera o fuera transparente. Le cuento a Melquiades que eso mismo me pasa muchas veces, que salgo de casa y me encuentro a personas, dentro de mi edificio, que no dicen nada, no dan los “Buenos días”, y a mí me gusta decirles: “Buenos días, a la paz de Dios”, y los miro a la cara. Alguno me contesta, otros no se atreven a mirar y salen como “alma que lleva el diablo”, pensando que soy alguien raro o alguien con un trastorno, porque saludar no está de moda en la vida real, en la del móvil sí, en la de las redes sociales todos se muestran comunicativos y comunicadores, pero ante las personas de carne y hueso… eso es otra cosa.
Volvemos a hablar de Madrid y recordamos aquellos cafés de las calles cercanas a Sol y Mayor, en las que buscábamos refugio, para huir del frío que hacía fuera, cuando llegaba esta época que nos encaminaba al invierno. Melquiades me recuerda que, para frío, el que tenemos en Alicante, porque viene acompañado de la humedad y ese es más difícil de combatir. Y es verdad, nuestra provincia alcanza niveles de humedad que hacen que el frío llegue al tuétano. En Alicante la humedad nos llega por la cercanía de la playa, en otros lugares de la provincia le llega por el Segura o por el Hondo, que es un precioso humedal que tenemos en la Vega Baja. En cualquier caso, frío difícil que quitar.
Nos hemos pedido un café y unos churros madrileños, ya saben ustedes, esos que no son porras, sino que son más finos y forman un “lacito”.
Melquiades se jubiló y me cuenta que tiene una pensión baja, nada comparable a las ayudas que reciben algunos que vienen del Magreb
Melquiades me comenta que para estas elecciones “no está todo el pescado vendido”, cualquiera puede ganar y lo dice pensando en que el PSOE tiene mucho tirón. La imagen que se quiere dar de la Derecha y la Extrema Derecha, a la sazón PP y VOX, es uno de los retos que ambos partidos han de superar, ofreciendo al electorado un proyecto, para España, atractivo. Sin embargo, es cierto que los sindicatos y los movimientos sociales de la izquierda, han decidido movilizarse contra ellos y tomar las calles. Creo que será la primera vez en nuestra historia, en la que una huelga general se organiza contra la oposición. Será días antes de las elecciones y tiene como objetivo apagar el calor que hay entorno a la Derecha.
Melquiades me pregunta si tengo intención de jubilarme y yo le respondo que sólo Dios lo sabe, porque a mí no me apetece, me gusta seguir trabajando, siendo útil en proyectos que escojo, ya que ahora me lo puedo permitir. Melquiades se jubiló y me cuenta que tiene una pensión baja, nada comparable a las ayudas que reciben algunos que vienen del Magreb. Lo dice haciendo referencia a las últimas noticias que hemos tenido de esa familia afincada en el País Vasco que cobra al mes unos dos mil quinientos euros de ayudas. Pero Melquiades insiste en que vive bien y ahora ya no le manda nadie, satisfacción que comparto con él, a pesar de que trabajo. Después de decir eso de “ahora no me manda nadie”, nos miramos socarronamente y ambos decimos a la vez, como si lo hubiéramos ensayado: “Bueno, mi señora sí”.
Nos vamos juntos al mercado, a disfrutar de “productos kilómetro cero” que suele decir mi querida esposa. Y mientras andamos seguimos comentando cosas de la vida, de esas que nos pasan a todos y que, mientras las contamos, parecen menos graves que si las guardamos.
Como siempre, servidor de ustedes… Sergio Morales Parra