Elecciones 29-N
Sin noticias del candidato del partido de Alvise Pérez en Alicante
La formación de Alvise Pérez afronta las elecciones generales entre fracturas internas y sin revelar a sus cabezas de cartel en provincias clave como Alicante.

(Foto de ARCHIVO) El eurodiputado y líder de Se Acabó la Fiesta (SALF), Luis 'Alvise' Pérez, a su llegada al Tribunal Supremo, a 26 de enero de 2026, en Madrid (España). El Tribunal Supremo (TS) escucha hoy al eurodiputado y líder de Se Acabó la Fiesta (SALF) por el presunto acoso a dos eurodiputados que fueron en su lista a las elecciones europeas y que acabaron querellándose contra él. Alejandro Martínez Vélez / Europa Press 26/1/2026
Resulta revelador constatar con qué celeridad se diluye el efluvio de la política efímera. Como si se lo hubiera tragado la tierra, el fenómeno de Se Acabó La Fiesta (SALF) se apaga en el panorama nacional con la misma velocidad con la que irrumpió. El contraste entre la marca que abandera Alvise Pérez y los precedentes históricos de la política disruptiva nacida al calor de los generosos coeficientes de las elecciones europeas es, sencillamente, abismal.
Cuando en 2015 Podemos irrumpió en el Parlamento Europeo, el catódico rostro de su líder dio el salto definitivo de las tertulias televisivas al eje central de la gobernabilidad en España. Un decenio después, la irrupción de Alvise Pérez amenazó con replicar aquel seísmo: del fogonazo inicial al éxtasis mediático en cuestión de horas. Sin embargo, a aquel destello efímero no le ha seguido una consolidación, sino una implosión. Incapaz de articular una estructura orgánica mínima, asediada por guerras guerracivilistas entre sus eurodiputados nada más estrenar sus actas en Bruselas y salpicada por el descrédito, las siglas de SALF parecen haber consumado su propio epitafio. La fiesta, en efecto, duró muy poco.
Incógnita y desconfianza en la lista alicantina
De cara a las próximas elecciones generales, la formación busca desesperadamente su supervivencia en la carrera hacia las Cortes Generales. En Madrid, cumpliendo con la máxima no escrita de las formaciones de nuevo cuño, el propio Alvise encabezará la candidatura a la Cámara Baja. Se trata de una decisión puramente pragmática: la capital es la circunscripción electoral donde resulta cuantitativamente más asequible rentabilizar el voto y asegurar un escaño.
Un escenario diametralmente opuesto al que se vive en provincias clave como Alicante. A escaso tiempo de que expire el plazo electoral, el mutismo alrededor de la lista alicantina es absoluto. Nadie en la formación se ha pronunciado y las células locales del partido no dedican sus esfuerzos a consensuar un liderazgo sólido, sino a la extenuante labor burocrática de recoger las casi 2.000 firmas que exige la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) a las formaciones sin representación previa en el Congreso para poder concurrir.
El hecho de que a estas alturas Se Acabó La Fiesta ni siquiera haya sido capaz de esbozar el perfil de su candidato por Alicante desvela algo más que una simple deficiencia organizativa: evidencia el absoluto escepticismo de la propia cúpula respecto a sus posibilidades reales de concitar el respaldo popular en la circunscripción. Sin proyecto, sin estructura y sin candidatos, el partido de Alvise Pérez se asoma al abismo de las urnas en Alicante convertido en una mera sombra de lo que prometió ser.