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¿Cómo quiere colocar Ángel Franco a Quico Fenollar en la lista al Ayuntamiento de Alicante?

Tras más de cuarenta años, el político de ochenta años sigue moviendo los hilos del socialismo alicantino.

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En la Agrupación Local del PSOE de Alicante nada cambia, todo se transforma, pero las llaves del portón orgánico siguen colgadas del mismo cinturón. Hablar de la influencia de Ángel Franco no es referirse a una cifra exacta de batallas, sino a una hegemonía de más de cuatro décadas donde la imposición de nombres forma parte intrínseca de la trastienda política alicantina. Prácticamente no ha habido candidatura municipal, autonómica o nacional por Alicante desde los años ochenta hasta hoy en la que el veterano dirigente no haya puesto, quitado o validado perfiles. Si se contaran de forma estricta las elecciones municipales donde el cartel electoral del PSOE ha sido directa y decisivamente aupado, protegido o tutorizado por su aparato, la cifra alcanza entre ocho y diez candidaturas a la alcaldía, a las que se suma la confección de las listas a las Cortes Generales y la propia presencia de Franco en el Senado durante múltiples legislaturas.

El incombustible exsenador ha vuelto a desplegar la cartografía del censo interno con un objetivo claro: aupar a Quico Fenollar como candidato a la alcaldía de la capital de la Costa Blanca. No le basta con haberlo colocado en la lista al Senado para las elecciones del 29 de noviembre; el histórico fontanero socialista quiere el plato fuerte. Sin embargo, el pulso se antoja más complejo que en pasadas batallas. Frente a la inercia del aparato tradicional emerge la muralla levantada por Diana Morant. La ministra de Ciencia y secretaria general del PSPV-PSOE ha impuesto un control de hierro en la estructura autonómica desde su desembarco, reduciendo los márgenes de maniobra de la vieja guardia. La apuesta personal de Morant para la plaza alicantina es Trini Amorós, lo que convierte la maniobra de Franco en un desafío directo al liderazgo de la lideresa autonómica.

Pero en el entorno de Franco nadie da un paso sin calculadora. Fuentes internas de la agrupación confirman que el verdadero propósito del viejo patriarca no es únicamente forzar una candidatura, sino plantear un debate a propósito de la disputa por la plaza municipal, encender el pulso orgánico y, tras ganar el envite, forzar una negociación de integración que consolide a Quico Fenollar en los puestos de verdadero mando del grupo municipal.

Anatomía de una hegemonía: cuatro décadas de control orgánico

La llegada al gobierno municipal en 2015 con Gabriel Echávarri tras el pacto del Tripartito no estuvo exenta de esta tutela, pues su designación como candidato requirió del plácet previo y el pacto de integración con el sector franquista. Cuando Echávarri dimitió en 2018 por sus imputaciones judiciales, la fallida sucesión con Eva Montesinos estuvo completamente dirigida por el veterano dirigente.

En 2019, la dirección autonómica encabezada por Ximo Puig promovió la figura independiente del director teatral Paco Sanguino como el revulsivo intelectual necesario para reconquistar el Ayuntamiento. Sin embargo, el sector franquista colocó a sus peones clave en los puestos de salida de la lista municipal para garantizar el control del grupo. El fichaje estrella del socialismo en esas elecciones terminó defenestrado ante la influencia atroz de Ángel Franco antes de concluir el mandato.

Cuatro años después, en las primarias de 2023, la exconsellera de Sanidad Ana Barceló compitió abanderando un discurso renovador frente a la candidatura sanchista liderada por María José Adsuar. Sin embargo, la aritmética interna volvió a imponerse y Barceló ganó las primarias gracias al voto directo del electorado de base de Franco. La propia Barceló tuvo que reconocer públicamente el apoyo del histórico dirigente, demostrando que, aun sin figurar en la primera línea institucional municipal, la llave de la candidatura la guardaba él.

El escenario actual: ¿Cómo pretende dar el golpe de mano?

Hoy la partida cambia de actores, pero no de reglas. Quico Fenollar encarna la lealtad ciega al aparato tradicional, mientras que Trini Amorós representa el intento de Ferraz por oxigenar y disciplinar la plaza alicantina bajo la batuta de Diana Morant.

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Franco sabe que las batallas no siempre se ganan colocando al número uno, sino demostrando quién ostenta el control del voto militante. La partida por la alcaldía de Alicante acaba de arrancar y, mientras la dirección autonómica busca imponer la lógica institucional, la fontanería local se prepara para demostrar, una vez más, que la última palabra en la capital alicantina siempre se susurra en la trastienda, con primarias y luchando.