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Rubén Hurtado

Rubén Hurtado

Empresario

Alvise rompe el guion y deja en evidencia el teatro valenciano

Un candidato puede nombrarse, una lista puede negociarse y un cargo puede repartirse. Lo difícil es conseguir que alguien acuda por iniciativa propia porque quiere escuchar.

Alvise Pérez

Alvise Pérez

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La política valenciana ofrece una estampa digna del mejor Berlanga. Unos buscan candidatos entre despachos y equilibrios internos. Otros salen a la calle, micrófono en mano, y reúnen a quienes ya no esperan demasiado de los partidos de siempre.

Si Valle-Inclán levantara la cabeza, encontraría material para otra entrega de Luces de bohemia. Tenemos intrigas, aspirantes al trono y cortesanos pendientes de una llamada desde Madrid. Solo falta saber quién paga las entradas, aunque me temo que eso ya lo sabemos.

Mientras tanto, Alvise Pérez cambia el teatro por la plaza pública. Sin grandes escenarios, con las redes como principal altavoz, sus convocatorias atraen a sectores jóvenes y ciudadanos desencantados. Algunos han cambiado los informativos por las redes. Otros han apagado el televisor, cansados de escuchar a los mismos protagonistas ofreciendo las mismas explicaciones.

Resulta paradójico que algunos ciudadanos necesiten apagar la televisión para volver a interesarse por la política.

¿Y mientras tanto, qué ocurre en la Comunidad Valenciana?

El Partido Popular gobierna la Generalitat. Tiene presidente, consellers, diputados y alcaldes. Tiene prácticamente de todo, salvo una certeza elemental. Quién encabezará su candidatura autonómica en 2027.

Juanfran Pérez Llorca preside el Consell, pero su candidatura sigue sin confirmarse. Y no será por falta de nombres.

Francisco Camps consiguió en 2007 más de 1,27 millones de votos, superó el 52 % y obtuvo 54 diputados, el mayor respaldo en votos y porcentaje del PP en unas autonómicas valencianas. También está Vicent Mompó, presidente de la Diputación de Valencia, con experiencia municipal y conocimiento del territorio.

Candidatos potenciales hay. Otra cuestión es quién recibe la bendición de Génova.

La situación recuerda a las antiguas sucesiones dinásticas. Los nobles esperaban conocer al heredero antes de jurarle fidelidad. Hoy hemos sustituido las carrozas por coches oficiales. Algunas costumbres conservan cierto aire familiar.

El resto del panorama tampoco se libra de esta comedia. El PSPV tiene a Diana Morant como referente autonómica. Compromís y Podemos continúan afrontando el complicado arte de las alianzas, donde negociar los puestos puede resultar más laborioso que organizar una boda entre familias enfrentadas. Vox mantiene en Santiago Abascal su referencia nacional, con las grandes decisiones concentradas en

Madrid.

Y mientras unos discuten candidaturas, Se Acabó La Fiesta asegura haber reunido los avales necesarios para presentar listas al Congreso en Alicante, Valencia y Castellón, pendientes de validación electoral.

Unos todavía buscan al protagonista de la película mientras otros ya han empezado el rodaje.

La política valenciana ha cambiado. En 2007 el PP superó el 52 % de los votos a candidaturas. En 2023 obtuvo 40 diputados y necesitó pactar con Vox. Sin embargo, algunos siguen tratando la fidelidad electoral como una herencia familiar, transmitida junto con la vajilla de la abuela. Los jóvenes tienen otras preocupaciones. Vivienda, empleo, salarios y futuro. No viven pendientes de quién gana la última discusión en una ejecutiva provincial.

Alvise ha conseguido conectar con una parte de ese público. La pregunta es qué encuentran algunos ciudadanos en sus convocatorias que no encuentran en los discursos tradicionales.

Berlanga habría disfrutado con la escena. Las autoridades colocando banderas y repartiendo asientos, mientras fuera la gente continúa con sus problemas cotidianos.

Un candidato puede nombrarse, una lista puede negociarse y un cargo puede repartirse. Lo difícil es conseguir que alguien acuda por iniciativa propia porque quiere escuchar.

Esa es la ironía del teatro valenciano. Unos tienen el poder y buscan quién debe liderarlos. Otros buscan el poder mientras reúnen a quienes quieren escucharlos.

Y en esta Comunidad Valenciana tan dada a las intrigas de despacho, lo curioso no es que falten actores. Es que todavía no sabemos quién lleva realmente el guion.

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