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Los peores accidentes ferroviarios de la historia de la provincia de Alicante

Hacemos memoria con los cuatro grandes desastres ferroviarios en la provincia.

El trenet de Playa San Juan

El trenet de Playa San Juan

Jorge Brugos Martínez
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La provincia de Alicante, bisagra entre la meseta castellana y el Mediterráneo, debe gran parte de su prosperidad industrial y social al ferrocarril. Desde la triunfal llegada de la Reina Isabel II en 1858 para inaugurar la línea de MZA, las vías han vertebrado la provincia. Sin embargo, el acero y la memoria también guardan episodios trágicos.

El coloso desbocado en la capital (Alicante, 1912)

El 4 de octubre de 1912, la sobria estación término de la capital alicantina se convirtió en el escenario de una escena propia de una tragedia mecánica. El tren mixto número 11, procedente de Madrid, encaraba la recta final de su trayecto bajo una lluvia persistente.

Por causas que apuntaron a un fallo catastrófico en los frenos de vacío combinado con la calzada empapada por la humedad, la pesada locomotora de vapor no pudo detenerse. A una velocidad desmedida, el convoy rebasó la vía, destrozó los bloques de contención de hormigón e irrumpió con violencia el vestíbulo y las dependencias interiores del edificio de viajeros. El techo de cristal y hierro crujió entre el humo y el pánico. El balance fue desgarrador: cuatro personas perdieron la vida y más de una treintena resultaron heridas. Aquel impacto no solo agrietó los muros de la fachada, sino también la ciega confianza de la época en la infalibilidad de las grandes máquinas de vapor.

 La tragedia de la huerta (Almoradí, 1914)

Apenas dos años después, el 6 de octubre de 1914, la tragedia se trasladó a la huerta de Europa de la Vega Baja, a lo largo de la estratégica línea Albatera-Torrevieja, ideada para dar salida al mineral salino.

A la altura del término municipal de Almoradí, en un paso a nivel desprovisto de barreras y envuelto en la bruma matinal de los cultivos, un tren de carga embistió con furia a un carruaje que intentaba cruzar la infraestructura. La colisión se cobró la vida de cinco vecinos e hirió de gravedad a varios más. Este suceso evidenció de forma dramática la peligrosa convivencia entre el pujante transporte ferroviario y los caminos rurales de una comarca sumamente poblada, precipitando el debate sobre la protección de los cruces en la red nacional.

 Sombra en los acantilados (Línea de la Marina, 1977)

El Trenet de la Marina, un milagro de la ingeniería de vía estrecha que desafió el abrupto relieve del litoral alicantino, vivió décadas de romanticismo pero también de extrema fragilidad operacional. En agosto de 1977, en pleno apogeo del turismo estival, dos unidades colisionaron en la línea que serpenteaba entre la Marina Alta y la Baixa. El impacto, producido en un tramo de escasa visibilidad y bloqueos manuales, se saldó con dos víctimas mortales y decenas de contusionados. El accidente dejó al descubierto la urgencia de renovar una infraestructura que languidecía tras décadas de escasa inversión. Cualquier parecido con la realidad actual no es casualidad... 

Choque en la vía única (La Vila Joiosa, 1984)

El capítulo más negro de la vía estrecha alicantina se escribió el 20 de septiembre de 1984. En el término de La Vila Joiosa, un automotor repleto de viajeros procedentes de Alicante colisionó frontalmente contra un tren en pruebas de FEVE. Un fatal error en la interpretación de la orden de vía única desencadenó el impacto.

El choque fue devastador. Las cajas de acero que eran los vagones quedaron incrustados, dejando un trágico saldo de nueve muertos y 28 heridos. La magnitud de esta catástrofe conmovió a toda la Comunidad Valenciana y fue el detonante definitivo para que la posterior administración autonómica (FGV) automatizara el trazado, sentando las bases del moderno TRAM que hoy recorre con seguridad nuestra costa.

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