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Ríos de tinta en negrita

Pep Rubio

Pep Rubio

Escritor

Diez meses

Las víctimas de Adamuz y las de Urda ya no votan, y precisamente por eso merecen más respeto que nadie.

Agentes de los Servicios de Emergencias trabajan en el lugar del accidente de trenes en Urda, Toledo,

Agentes de los Servicios de Emergencias trabajan en el lugar del accidente de trenes en Urda, Toledo,JUANMA JIMENEZ

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Hay noticias que uno preferiría no tener que escribir dos veces en el mismo año. Al cierre de estas líneas, la tragedia ferroviaria entre Los Yébenes y Urda supera ya a la terrible Adamuz.

Ante todo, sin retórica, un abrazo a las familias, a los heridos, a los vecinos de Urda que se han desvivido brindando ayuda, y a los bomberos, sanitarios, policías y voluntarios que llegaron antes que cualquier cámara. Todo ellos siguen siendo lo mejor que tiene este país.

Han pasado diez meses desde Adamuz.

Nueve meses es lo que tarda una vida en llegar al mundo y, por lo visto, diez meses lo que muchos necesitan para olvidar, e incluso mofarse. No estoy hoy para comentar el vergonzoso «Vaya por Dios. Como si no tuviéramos bastante con la Renfe ya» del ministro Puente.

El mismo ministro que nos dijo que lo ocurrido en Adamuz era «tremendamente extraño». Hoy toca preguntar cuántas extrañezas caben en un mismo año antes de que dejen de serlo.

El gobierno presume de trenes al tiempo que se burla de los críticos. Pero la vía no lee titulares. La vía entiende de mantenimiento, de plantillas suficientes, de sistemas de seguridad actualizados y de dinero público invertido en lo que toca y no en otros menesteres.

Demasiadas catástrofes seguidas sin ningún tipo de consecuencia política.

La parte más incómoda conviene decirla, con tacto, pero sin pudor: estamos a un mes de unas elecciones generales. Unos querrán usar a los muertos como munición y otros repetirán que «no es momento».

Pido, con la poca autoridad que da una columna, que nadie convierta Urda en un mitin. Las víctimas de Adamuz y las de Urda ya no votan, y precisamente por eso merecen más respeto que nadie.

Muchos debemos seguir usando el tren, que se ha convertido en factor de riesgo y ha dejado de ser uno de los orgullos de nuestro país, igual que ha sucedido con Correos, igual que ha sucedido con Red Eléctrica.

La seguridad no es una estadística que se hereda: es una tarea que se renueva cada día, en cada cambio de agujas, en cada revisión, en cada euro bien gastado.

El votante puede esconderse de la realidad, pero la realidad, tarde o temprano, acabará por alcanzarle.

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