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Según los expertos, el incidente del Ouigo Alicante-Valladolid es fruto de falta de mantenimiento

Un día después del trágico accidente, se repite una incidencia más anecdótica, en el sistema ferroviario.

Tren de alta velocidad OUIGO

Tren de alta velocidad OUIGO

Jorge Brugos Martínez
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La promesa del viaje directo en alta velocidad entre el Mediterráneo y el corazón de Castilla y León se truncó de forma abrupta en la oscuridad de un túnel. Un día después del trágico accidente en Toledo. Decenas de viajeros embarcaron por la mañana en la estación de la capital alicantina a bordo del servicio de Ouigo que conecta, de una sola tirada y sin cambiar de tren, la luz de Alicante con la ciudad de Valladolid. Sin embargo, cuando la marcha transcurría a velocidad de crucero en la frontera entre Toledo y Madrid, un fallo devastador en la infraestructura dejó al convoy completamente vendido y teniendo que hacer un trasbordo. 

El incidente se desencadenó a la altura de Aranjuez. El tren acababa de adentrarse en un tramo subterráneo cuando el pantógrafo —la estructura del techo que capta la corriente— sufrió un «enganchón» fatal contra el cableado aéreo. El impacto no solo arrancó parte de la catenaria, sino que provocó un cortocircuito inmediato: la tracción se apagó en seco, los frenos de emergencia actuaron y el convoy quedó detenido en la penumbra del túnel.

Para los pasajeros que habían salido de la Estación de Alicante con la perspectiva de plantar cara al mapa de España en poco más de tres horas, la travesía se convirtió en una prueba de paciencia. El apagón dejó al pasaje a oscuras, sin climatización y atrapado en las entrañas de la vía. Afortunadamente, y pese a lo aparatoso del lance, no hubo que lamentar heridos. Tras horas de incertidumbre, Adif y la compañía desplegaron un dispositivo de rescate movilizando un segundo tren en paralelo para evacuar al pasaje y completar el viaje hacia tierras vallisoletanas.

Un suceso insólito en la arteria transversal

Aunque en el ferrocarril el riesgo cero no existe, como manifiestan los últimos acontecimientos,  los expertos del sector insisten en que un fallo de esta magnitud no forma parte de la rutina ferroviaria. Los enlaces de alta velocidad que cruzan la Península —como esta línea transversal que une Alicante con Valladolid atravesando el bypass madrileño— están sometidos a protocolos de mantenimiento exhaustivos, con auscultaciones periódicas del estado del cableado y de los pantógrafos.

Sin embargo, cuando la mecánica quiebra en un espacio cerrado como un túnel, las consecuencias se amplifican. El enganchón no solo dejó tirados a los viajeros del Alicante-Valladolid, sino que obligó a cortar la tensión en la línea de Levante, generando un monumental atasco de retrasos en cascada en toda la red de alta velocidad. 

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