De losi a Milei
La llegada de Javier Milei al poder y su propuesta de desregulación económica —que incluyó la derogación por decreto de la Ley de Tierras Rurales para eliminar el límite a la venta de territorio nacional a inversores extranjeros— actuó como el combustible ideal para hacer reaparecer la vieja narrativa.

El presidente de la República Argentina, Javier Milei, participa en un desayuno informativo de Fórum Europa, en el Real Casino Gran Círculo de Madrid, a 21 de octubre de 2026, en Madrid (España). Eduardo Parra / Europa Press 21/10/2026
Hace un tiempo vi la serie argentina Iosi, el espía arrepentido, una producción basada en el libro homónimo que bebe directamente de hechos reales ocurridos en la transición de la dictadura a la democracia en Argentina. La trama expone la historia de un agente de la Policía Federal, José Alberto Pérez —a quien el mundo conoció décadas después como Iosi—, enviado a una misión que parecía sacada de un folletín de espionaje trasnochado. Su objetivo consistía en infiltrarse en la colectividad judía para vigilar la ejecución del "Plan Andinia". Tal vez, para el lector español, este nombre no signifique demasiado, pero este supuesto plan es en realidad una teoría conspirativa que asegura que el sionismo pretende mutilar la soberanía argentina para fundar un segundo Estado judío en la Patagonia.
Lo trágico de la historia de Iosi es que la información minuciosa que recopiló sobre la comunidad judía y sus edificios en Buenos Aires terminó sirviendo, de forma directa o indirecta, para perpetrar los peores atentados terroristas de la historia del país: la Embajada de Israel en 1992 y la AMIA en 1994. Lo verdaderamente grave fue la posterior negligencia institucional del propio Estado: el mismo servicio de inteligencia que envió a Iosi a espiar no solo falló en la prevención, sino que obstaculizó las investigaciones judiciales para dar con los verdaderos culpables. Iosi pagó caro su audacia; se arrepintió y se vio obligado a vivir en la clandestinidad bajo el programa de protección de testigos.
Cualquier persona pensaría que el caso de Iosi, sumado a la posterior revelación pública de su testimonio, habría sepultado definitivamente el mito del Plan Andinia. Sin embargo, los debates políticos actuales han servido de escenario para su resurgimiento. La llegada de Javier Milei al poder y su propuesta de desregulación económica —que incluyó la derogación por decreto de la Ley de Tierras Rurales para eliminar el límite a la venta de territorio nacional a inversores extranjeros— actuó como el combustible ideal para hacer reaparecer la vieja narrativa. El viejo fantasma mutó: la legítima discusión política sobre la soberanía de los recursos naturales y el suelo fue secuestrada, una vez más, por la reactivación del mito. Su vigencia demuestra que el pensamiento conspirativo opera como una línea de menor resistencia mental, ofreciendo explicaciones excesivamente simples a problemáticas globales y complejas.
A este fenómeno se suma la notable afluencia de mochileros israelíes en la Patagonia. En Israel es un hábito cultural que los jóvenes, al finalizar el servicio militar obligatorio, realicen un viaje largo de desconexión antes de comenzar la universidad. La región atrae a miles de ellos cada año debido a su naturaleza, sus rutas de senderismo y un coste accesible. Sin embargo, este flujo turístico convencional es reinterpretado bajo el prisma de la teoría de la conspiración, presentándolo como una supuesta operación militar encubierta.