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Tranquilidad en los comercios de Alicante ante la convocatoria de «Blocus» y prudencia ante posibles lobos solitarios

La falta de arraigo de grupos antisistema en la ciudad dificulta su impacto en la noche señalada por las redes sociales.

Avenida Maisonnave

Avenida Maisonnave

Jorge Brugos Martínez
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El bullicio habitual de las zonas comerciales alicantinas convive estos días con un compás de espera. La tranquilidad que tradicionalmente define a los comercios de la capital contrasta de forma evidente con la sobreprotección y el temor que se vive en otras grandes ciudades, donde el recuerdo de los recientes altercados en Barcelona y la psicosis ante convocatorias de grupos radicales han llevado a algunos profesionales a atrincherar sus escaparates.

Yolanda, dependienta en un establecimiento textil del centro, refleja bien ese doble sentimiento: se muestra tranquila en el día a día, pero admite cierta inquietud ante el eco de los acontecimientos ocurridos en la ciudad condal.

El fantasma de «Blocus» y la sombra del lobo solitario

Poco parece importar que las fuerzas de seguridad hayan logrado detener en España al promotor de Blocus, aquel fenómeno viral importado de las redes que disfrazaba de osadía revolucionaria una simple gamberrada o truco nocturno con motivo de Halloween. La sombra de la incertidumbre sigue planeando sobre el sector.

Frente a escenarios más tensionados como los de Bilbao, Valencia o Madrid —donde el riesgo percibido ha activado todas las alarmas—, las condiciones objetivas en Alicante dibujan un mapa de menor exposición. Las estructuras antisistema o de corte radical no han arraigado con la misma fuerza en el tejido urbano alicantino que en otras capitales. Sin embargo, la sombra de la duda persiste.

Voces como la de Elena, empleada en una céntrica cadena de joyerías, resumen el sentir de quienes prefieren no bajar la guardia: la prudencia sigue imperando y el optimismo no es absoluto. A pesar de que el fin de semana se prevé apacible en las calles, el temor latente no responde a una amenaza masiva, sino al riesgo imprevisible de la actuación aislada de un «lobo solitario» o pequeños grupos dispuestos a reventar la convivencia ciudadana en una de las jornadas festivas más concurridas del otoño.

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