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Así fue la llegada del AVE a Alicante

Hacemos memoria de la llegada de la Alta Velocidad a la provincia de Alicante.

Las autoridades inauguran el primer trayecto del AVE en 2013

Las autoridades inauguran el primer trayecto del AVE en 2013

Jorge Brugos Martínez
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Durante más de un siglo y medio, la distancia entre el centro peninsular y el azul cristalino del mar Mediterráneo se midió en horas de travesía, en el silbato de locomotoras de carbón y en el traqueteo parsimonioso que cruzaba los llanos manchegos para descender hacia la luz levantina. Esa geografía sentimental cambió para siempre una mañana de junio. Con el rodar silencioso de una rama de alta velocidad a 300 kilómetros por hora, la distancia física no se alteró, pero el tiempo —el verdadero medidor de la vida moderna— quedó reducido a una simple pausa. La llegada de la alta velocidad a Alicante no fue únicamente un hito de la ingeniería; fue el cierre de un círculo histórico que volvió a situar a la capital alicantina como el puerto natural e inseparable del interior de España.

De la vaporera de 1858 al acero del siglo XXI

Para entender la magnitud del AVE a Alicante, es imprescindible retrotraernos y desempolvar los archivos del ferrocarril español. El 25 de mayo de 1858, la reina Isabel II inauguraba la línea de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA). Aquel evento convirtió a Alicante en la primera capital de provincia costera conectada por ferrocarril con la capital de España. En aquella época, el trayecto requería cerca de 14 horas de travesía entre hollín, humo y paradas obligatorias para abastecer de agua las calderas de vapor. A pesar de la lentitud bajo la óptica actual, aquella vía fue la arteria vital que transformó el comercio, abrió el puerto alicantino al trigo de la meseta y situó a la ciudad en la modernidad industrial. Durante el siglo XX, los míticos expresos nocturnos, el Talgo III y los servicios Intercity acortaron progresivamente los tiempos, pero la infraestructura convencional de vía única y trazados sinuosos comenzó a mostrar sus límites frente al imparable avance de la aviación comercial y el vehículo privado. El Mediterráneo demandaba una nueva arteria a la altura del nuevo milenio.

18 de junio de 2013: El viaje que rompió kilómetros y el tiempo

Tras años de complejas obras de ingeniería —superando los desniveles de la orografía manchega e hídrica del Levante con kilométricos viaductos y profundos túneles como el del Ventorrillo—, el mapa de infraestructuras de España sumó un nuevo capítulo de éxito. El 18 de junio de 2013, la rama inaugural de alta velocidad —el popular S-112 apodado comercialmente «El Pato»— cubrió el trayecto entre la estación de Madrid y Alicante-Terminal en poco más de dos horas y veinte minutos, acortando radicalmente las más de 3 horas y media que exigía la red anterior. A bordo viajaban la jefatura del Estado, autoridades ministeriales y regionales, pero, sobre todo, el anhelo de una provincia volcada en ver cómo su estación central abría de par en par las puertas al futuro. Los 165 kilómetros de nueva construcción del tramo Albacete-Villena-Alicante no sólo supusieron la implantación del ancho internacional (1435mm) y la electrificación a 25kV, sino la llegada del sistema de señalización ERTMS, el guardián electrónico que permite a los convoyes deslizarse con precisión milimétrica a velocidades de vértigo garantizando los más altos estándares de seguridad mundial.

Metamorfosis urbana y revolución económica

La llegada de la alta velocidad actuó como un catalizador directo sobre el tejido económico y social de la Costa Blanca. Como bien se resume en el sentir popular de la época, el AVE no trajo solo pasajeros; trajo una dinámica de movilidad bidireccional donde la frontera del fin de semana saltó por los aires. Entre sus principales consecuencias destaca el turismo de alta intensidad y desestacionalizado, haciendo que Alicante dejara de ser un destino exclusivo de vacaciones de verano para convertirse en un nodo preferente de escapadas y congresos durante todo el año gracias a la posibilidad de plantarse en el centro urbano a la hora del almuerzo saliendo a primera hora de la mañana de la capital. Asimismo, la estación histórica de 1858 adaptó su fisonomía levantando andenes de alta velocidad y zonas de embarque de alta capacidad, impulsando la reconversión de todo su entorno urbano. A esto se sumó el efecto multiplicador en la provincia con la creación de la estación de Villena Alta Velocidad, vertebrando el interior y conectando el tejido industrial del Vinalopó con el gran corredor nacional.

De la exclusividad a la era de la liberalización

Si 2013 supuso la llegada de la alta velocidad, el siguiente gran hito de esta historia ferroviaria se escribió con la democratización del servicio. Con la apertura del mercado ferroviario a la competencia, la línea Madrid-Alicante se transformó en un laboratorio perfecto para la alta velocidad popular. La entrada de marcas low-cost y operadores privados convirtió el corredor en una de las rutas más competitivas, dinámicas y transitadas de Europa. El tren dejó de ser percibido como un transporte exclusivo o de negocios para convertirse en la opción prioritaria y cotidiana para estudiantes, familias, profesionales itinerantes y turistas. Decenas de frecuencias diarias unen hoy ambos extremos con una puntualidad británica y una variedad tarifaria impensable cuando las primeras locomotoras de vapor surcaban La Mancha como Don Quijote. 

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