Sucesos
Crónica negra: utilizar cocaína como cebo para pescar
La Guardia Civil ha desarticulado una red dedicada al narcotráfico internacional tras incautarse de 1.184 kilos de cocaína en el puerto alicantino de Santa Pola.

Crónica Negra
La fachada del marinero paciente y silencioso que cada madrugada se adentra en el Mediterráneo ocultaba una maquinaria criminal perfectamente engrasada. Bajo las redes de pesca y en el casco de una embarcación artesanal, la Guardia Civil ha desarticulado una red dedicada al narcotráfico internacional tras incautarse de 1.184 kilos de cocaína en el puerto alicantino de Santa Pola. La operación, saldada con diez detenidos y un investigado, destapa cómo las mafias de la droga utilizaban la flota bajamar como pantalla perfecta para introducir toneladas de estupefacientes en la península.
El golpe, tan minucioso en su ejecución como rotundo en sus cifras, se ha desarrollado en dos fases bajo la batuta del Equipo contra la Delincuencia Organizada y Antidroga (EDOA) de la Comandancia de Alicante, dirigido por la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de Elche. El resultado: cuatro de los arrestados ya duermen en prisión preventiva, mientras los investigadores continúan peinando los hilos de una trama que operaba a ambos lados de la línea de flotación.
Una sospecha en alta mar
Las pesquisas hunden sus anclas a principios de año. Los servicios de información del instituto armado detectaron una línea de flotación peligrosa: organizaciones sin escrúpulos estaban surtiendo sus rutas a través de barcos pesqueros legales para esquivar los controles fronterizos habituales. Las coartadas de la mar y los horarios intempestivos de la pesca artesanal ofrecían el camuflaje perfecto.
Durante meses, los agentes del EDOA, con el apoyo inestimable del Servicio Marítimo Provincial y la Usecic, tejieron una red de vigilancia invisible sobre los movimientos en el litoral alicantino. El objetivo era clarividente: cazar a los mercaderes de la muerte en el preciso instante en que la mercancía cambiara de manos en alta mar y tocara tierra firme.
El señuelo de los pantalanes
La celada saltó por los aires en la mañana del pasado 18 de septiembre. Los radares y los binoculares de la Benemérita registraron los movimientos erráticos y sospechosos de un pesquero que enfilaba la costa de la provincia con rumbo directo hacia el puerto de Santa Pola. El dispositivo se activó de inmediato con precisión quirúrgica.
Mientras los patrulleros controlaban el perímetro marítimo, los agentes en tierra detectaron una pieza clave en el engranaje: un "aguador" o centinela que vigilaba los accesos a los pantalanes, dispuesto a dar el cambiazo o la voz de alarma ante cualquier sombra uniformada. No le dio tiempo.
En el momento en que el pesquero atracó, el abordaje fue fulminante. Efectivos del Servicio Marítimo y de la Usecic irrumpieron en la embarcación. Ocultos bajo diez recipientes de grandes dimensiones como donde se guardan los cebos —y disimulados con una capa de redes de pesca destinadas a despistar a un hipotético registro visual—, los agentes desenterraron 40 fardos de arpillera. En su interior reposaban los 1.184 kilos de cocaína pura que venían surcando las aguas del Mediterráneo.
El botín y el engranaje
Aquella primera ofensiva se saldó con tres detenciones iniciales y la apertura de dos registros domiciliarios de alto interés: un piso en Elche y un chalet en Santa Pola, donde la Guardia Civil se encautó de una embarcación, un vehículo y una motocicleta supuestamente adquiridos con los beneficios del lucro criminal.
Sin embargo, la hidra tenía más cabezas. Las pesquisas posteriores permitieron tirar del hilo hasta desentrañar una estructura piramidal y perfectamente compartimentada. Por un lado, los lobos de mar encargados de recoger la droga en alta mar; por otro, el entramado logístico y de vigilancia que operaba desde el propio puerto de Santa Pola.
Esto condujo a una segunda fase de la operación en la que cayeron otros siete implicados y una persona más quedó formalmente investigada. A todos ellos se les imputa un delito contra la salud pública en su modalidad de tráfico de drogas a gran escala.
Con este golpe, la Guardia Civil asesta una estocada profunda a las vías de entrada de estupefacientes por el levante peninsular, recordando que ni el oficio más venerable de la mar ni la rutina de los puertos quedan libres de la sombra del narcotráfico. La investigación sigue abierta y no se descartan nuevas ramificaciones