El estandARTE DEL CUERVO
El juego de la oca
Con todo este acerbo lúdico nos venimos empeñando, bendito país, en jugar a la Oca. Se dice que tiene un origen esotérico ubicado en el Camino de Santiago, podría ser, cosas más raras se han visto y se verán. Lo cierto es que se va de “puente a puente, y tiras porque te lleva la corriente”, ¿cómo se te queda el “Cuerpo” Carlos?. Puede uno perderse en el laberinto cretense lleno de engaños, mentiras, subterfugios e informaciones falsas o sesgadas. Su finalidad, retrasar o impedir que avances.
Carlos Cuerpo, nuevo ministro de Transportes
Muy aficionado a los juegos de mesa, de cartas y otros como el dominó, mucho. Son eventos sociales o familiares reducidos. Reuniones perfectas que tienen de todo. Relación social, desarrollo intelectual, pillería y, cómo no, la fatalidad del azar al que, queramos o no, todos nos vemos sometidos. Quién piense que el azar no existe o es controlable (terraplanistas de la entropía va cuesta abajo, sin frenos y contra una pared frontal. Además, es una constante universal que el universo siempre escucha y confabula.
Que la suerte existe, muy variable y, mucho más, caprichosa.
Plenamente convencido que uno, el parchís, representa la vida misma. Démosle una vuelta. Naces saliendo de un útero llamado casa con la condición de sacar “5”, y comienzas la carrera para volver tras atravesar peligros, alegrías y fintas esquivando o enfrentando oponentes, adversarios, no enemigos. A veces te favorece el azar aunque no lo sepas. Prefieres correr, vivir experiencias, y si sale el “1” te lamentas, hasta que ves pasar delante al que te perseguía y ponerse a tu alcance. Puentes infranqueables te cortan el paso. No son eternos, antes o después deben levantarse y permitir el paso. La suerte propia se enfrenta a la ajena, también juega y la finalidad del juego es alcanzar esa misma casa de la que no hacía mucho saliste. El refugio que te hace indemne y protege del exterior donde por fin descansar.
Como en la carrera vital no se puede dejar todo en manos de la diosa Tique (Fortuna para los romanos), se ha de poner en el tablero voluntad e inteligencia. Procurar no acercarte al borde del precipicio, no sea que esté de los dioses que caigas, Evitar riesgos, en definitiva; asumir los imprescindibles, inevitables; y procurar situarte en la mejor de las posiciones alejándote de la fatalidad en la medida de lo posible. Si encima te favorece o, al menos, no te perjudica el hado puede que no ganes el juego pero lo disputas decentemente. No se puede pedir más.
Con otros entretenimientos también hay paralelismos. En el mus se compite a ver qué pareja las tiene más grandes, quiénes más pequeñas, las mejores parejas o el que da más juego. Que cada cual lo interprete o entienda como quiera. El dominó es maravilloso, matemática deductiva pura sobre combinaciones de siete fichas por jugador con veintiocho en la mesa. Las probabilidades son de calculadora o IA y, aún así, reto y apuesto a dos IAs a hacer de pareja contrincante de ancianos de pueblo que tras la segunda ficha en la mesa son capaces de aproximar, con gran fiabilidad, las que tienen los otros y cómo derrotarles.
Con todo este acerbo lúdico nos venimos empeñando, bendito país, en jugar a la Oca. Se dice que tiene un origen esotérico ubicado en el Camino de Santiago, podría ser, cosas más raras se han visto y se verán. Lo cierto es que se va de “puente a puente, y tiras porque te lleva la corriente”, ¿cómo se te queda el “Cuerpo” Carlos?. Puede uno perderse en el laberinto cretense lleno de engaños, mentiras, subterfugios e informaciones falsas o sesgadas. Su finalidad, retrasar o impedir que avances. Palos en las ruedas a los que la Administración, socia obligatoria, nos tiene acostumbrados. O, incluso, o caer en el fatídico pozo y no poder salir (como Héroes del Silencio) hasta que como D. Mendo, empareden a otro en tu lugar con la mano fuera. Perder turnos, posibilidades, opciones y expectativas reales, seas o no merecedor del castigo. Finalmente, incluso, ser absorbido por la gravedad intensa de la calavera y no terminar el juego.
Mientras el común de los mortales, abejas obreras que alimentan a la élite, vemos como, impunemente, “afortunados” beneficiados por pertenecer a la clase política dirigente (en cada momento o partida) tienen el tino de caer en la Oca “de Oca a Oca y tiro porque me toca”. Ahora Presidente de, no sé, Adif, después consejero de cualquier otra empresa pública. Antes portero de casa de lenocinio, ahora consejero de Correos y Telégrafos. Secretario o Subsecretario del ministerio que fuera, a la SEPI, por poner ejemplos sin pretensión de exhaustividad. Muchas veces, demasiadas, esa suerte de Oca a Oca incrementa su retribución como premio por su fracaso en la gestión pública de la que, no perdamos de vista, no se han desvinculado. Y siguen tirando porque les toca no porque se lo merezcan o hayan hecho méritos.
Lo malo es que de tanto simplificar, se habitúa el cuerpo e invade la molicie y desidia. Cada vez cuesta más retomar la identidad perdida abandonándonos a la cómoda conformidad de lo que parece inevitable. ¡Qué ganas de cambiar de rumbo Facundo!.