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Las "incoherencias" de Compromís provoca su desintegración en Burriana por no exigir responsabilidades al Gobierno tras la dana

Jorge Alarcón y Carla Gascó dejan la coalición denunciando la pérdida de valencianismo, el silencio político o la falta de autocrítica. Una deriva que, a su juicio, ha debilitado la defensa de la lengua, la identidad y los intereses valencianos: "la comodidad institucional pesa más que la dignidad política”. 

Carla Gascó y Jorge Alarcón, concejales de Compromís en Burriana

Carla Gascó y Jorge Alarcón, concejales de Compromís en BurrianaAYUNTAMIENTO DE BURRIANA

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Compromís suma una nueva grieta interna a las ya aireadas discrepancias entre algunos miembros de los diferentes partido que forman la coalición valencianos, en especial entre los de Iniciativa y Més. Ahora, sus dos únicos concejales de Burriana, una de las poblaciones más importantes de la provincia de Castellón, Jorge Alarcón y Carla Gascó, han anunciado su salida del partido al considerar que la formación ha perdido su esencia valencianista y ha renunciado a exigir responsabilidades políticas, más allá del gobierno de la Generalitat, obviando el posible papel del Gobierno central al que Compromís mantiene con sus votos, tras la gestión de la dana, una tragedia que marcó un punto de no retorno en su relación con la organización.

Ambos ediles mantendrán su acta y continuarán en el Ayuntamiento como concejales no adscritos, una decisión que justifican como un acto de coherencia política y fidelidad a sus principios. Según ha explicado Alarcón en un comunicado público, su ruptura con Compromís no responde a un desacuerdo puntual, sino a un proceso prolongado de decepción ante lo que describen como una deriva del partido hacia el cálculo interno, el silencio estratégico y la pérdida de voz propia.

Alarcón, hasta ahora una de las caras visibles de Compromís en Burriana, sostiene que el valencianismo que defendió al entrar en política ha sido diluido. Denuncia que la formación ha dejado de plantar cara en cuestiones clave como la infrafinanciación crónica de la Comunitat Valenciana, el retroceso en el uso del valenciano, la falta de avances en el derecho civil propio o el abandono de infraestructuras estratégicas como el corredor mediterráneo.

Pero, según manifiestan, el punto de inflexión definitivo llegó tras la dana. Los concejales critican que Compromís centrara su presión política únicamente en la exigencia de responsabilidades al Gobierno valenciano, mientras evitaba una crítica firme al Ejecutivo central por la falta de inversiones en prevención, la lentitud de la respuesta y la ausencia de una solución estructural en financiación y protección del territorio.

A su juicio, esa falta de autocrítica hacia Madrid evidenció que “la comodidad institucional pesa más que la dignidad política”, una actitud que consideran incompatible con el discurso histórico del valencianismo. Para Alarcón y Gascó, la tragedia dejó al descubierto una incoherencia que el partido no quiso afrontar.

La "desconexión" del partido con problemas reales como la inmigración

En su comunicado, los ediles también cargaron contra lo que consideran una desconexión de Compromís con problemas reales de convivencia en algunos barrios, especialmente en lo relativo a la presión migratoria, la saturación de servicios públicos y la integración social. Lejos de discursos extremos, defendieron que abordar estas cuestiones no es xenofobia, sino una obligación política que la coalición, aseguran, ha optado por esquivar.

Pese a su salida, ambos concejales aseguran que seguirán trabajando por Burriana desde una posición independiente, sin ataduras partidistas y con libertad de voto. Su objetivo, explican, es fiscalizar a cualquier gobierno, sea del color que sea, y apoyar únicamente aquello que consideren beneficioso para la ciudad.

La marcha de Alarcón y Gascó supone un nuevo golpe para Compromís a nivel municipal y reabre el debate interno sobre la identidad del proyecto valencianista, su relación con el poder estatal y el coste político de priorizar alianzas sobre principios. En Burriana, al menos, la fractura ya es irreversible.

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