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La cerámica de Castellón estalla en Bruselas: alerta de pérdidas millonarias por las normas climáticas

El sector exige frenar el recorte de emisiones y adaptar la descarbonización a la realidad tecnológica para evitar pérdida de empleo.

Comparecencia de autoridades en Bruselas.

Comparecencia de autoridades en Bruselas.Partido Popular Europeo

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La industria cerámica de la Comunitat Valenciana, y más en particular de Castellón, ha llevado su pulso a Bruselas con un mensaje claro: la transición ecológica no puede hacerse a costa de poner en riesgo uno de los principales motores económicos de Castellón. El sector ha reclamado en el Parlamento Europeo una revisión urgente de las normas de emisiones que, según advierte, podrían suponer un impacto de hasta 163 millones de euros anuales.

Representantes empresariales y autoridades valencianas, junto a la región italiana de Emilia-Romañaambas responsables de cerca del 80% de la producción europea de baldosas—, han escenificado una posición común para exigir a la Unión Europea reglas “realistas” que tengan en cuenta las limitaciones tecnológicas actuales.

El foco está puesto en el sistema europeo de comercio de emisiones (ETS), que obliga a pagar por el CO₂ emitido. La industria denuncia que el nuevo marco previsto para el periodo 2026-2030 incrementa la presión económica en un momento especialmente delicado.

Las estimaciones del sector sitúan el impacto económico entre los 109 y los 163 millones de euros anuales, con especial incidencia en la provincia de Castellón, donde la cerámica es clave para el empleo y la actividad industrial.

En total, cerca de 160.000 puestos de trabajo —directos e indirectos— dependen de esta industria entre España e Italia, lo que eleva la preocupación por las consecuencias sociales de una regulación demasiado exigente.

“No es transición ecológica, es desindustrialización”

Durante el encuentro, la eurodiputada Susana Solís ha sido contundente al advertir de que Europa está exigiendo reducciones de emisiones a un ritmo que la tecnología actual no puede asumir.

El problema, según coinciden empresas y administraciones, no es la falta de compromiso ambiental. De hecho, el sector cerámico europeo figura entre los más eficientes del mundo en consumo energético y emisiones. La dificultad radica en que sus procesos requieren altas temperaturas que dependen todavía del gas natural.

Alternativas como la electrificación de hornos o el hidrógeno verde siguen sin estar disponibles a escala industrial en condiciones competitivas, lo que complica avanzar al ritmo que marca Bruselas.

Qué pide la industria cerámica valenciana

Ante este escenario, el sector ha planteado varias medidas urgentes a la Comisión Europea. Entre ellas, destaca la creación de un sistema de referencia propio (benchmark) adaptado a la cerámica, que tenga en cuenta sus particularidades productivas.

Además, reclama congelar la reducción de derechos de emisión gratuitos hasta que existan soluciones tecnológicas viables, evitando así una carga económica que pueda comprometer la supervivencia de las empresas.

También se pone sobre la mesa la necesidad de impulsar la investigación con programas específicos de innovación, ya que actualmente la cerámica carece de líneas europeas propias de I+D para desarrollar tecnologías clave como la captura de CO₂ o nuevos sistemas productivos.

La cita en el Parlamento Europeo ha servido para reforzar la alianza entre las principales regiones productoras. Desde la Generalitat Valenciana, la consellera de Industria, Marián Cano, ha defendido la urgencia de actuar para proteger la competitividad y el empleo.

En la misma línea, desde la Diputación de Castellón se ha insistido en que la cerámica no es solo un sector económico, sino el eje sobre el que gira buena parte de la provincia.

Por su parte, la patronal ASCER ha alertado de que una regulación inadecuada puede provocar la deslocalización de empresas hacia países con menores exigencias ambientales, lo que, lejos de reducir emisiones globales, las trasladaría fuera de Europa.

El encuentro en Bruselas marca el inicio de un debate más amplio sobre cómo encajar a los sectores industriales de difícil descarbonización dentro de las políticas climáticas europeas.

La conclusión que lanza el sector es clara: la transición ecológica debe avanzar, pero sin dejar atrás a la industria. Porque, como advierten desde el propio Parlamento Europeo, sin industria no habrá transición posible.

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