Un muro contra la libertad
Los muros se han convertido en elementos disgregantes para la sociedad, unidos a la retórica de los políticos de turno, se transforman en el odio que ellos utilizarán como arma arrojadiza
Pedro Sánchez
A lo largo de la historia el ser humano ha erigido muros allá por donde ha pasado. Con el transcurso de los siglos la celebridad de muchos de estos ha sido más por el derribo de los mismos que por aquello que supuestamente defendían.
Quizá el muro más recordado sea el de Berlín. Una atrocidad de bloques de cemento que, a lo largo de 155 kilómetros, era todo un símbolo, la frontera entre dos mundos. La Guerra fría afortunadamente terminó (al menos el ciclo histórico que se le atribuye), pero los muros han seguido siendo una metáfora recurrente que, normalmente, escondían un mensaje de odio tras de sí.
Es probable que el último ejemplo que les venga a la mente sea el famoso muro de Donald Trump. Y es que, con un mensaje enfocado en un nacionalismo exacerbado, dirigió las miradas hacia el vecino del sur, México, con el fin de focalizar la campaña electoral en el conflicto migratorio que históricamente vive Estados Unidos. Dejando de lado la discusión ética que pueda generar esta estrategia, sin duda a Trump le funcionó, siendo elegido presidente en las presidenciales.
Con estos ejemplos sale a relucir que los muros se han convertido en elementos disgregantes para la sociedad, los cuales, unidos a la retórica de los políticos de turno, se transforman en el odio que ellos utilizarán como arma arrojadiza para herir a la sociedad y hacerse ellos más fuertes ante esta.
Sánchez no quiere ‘protegernos’ del terrorismo islámico
El último muro que hemos conocido es el que Pedro Sánchez piensa levantar en España. A diferencia de Trump, Sánchez no quiere ‘protegernos’ del terrorismo islámico que pueda infiltrarse a través de Ceuta o Melilla, ocultos entre los miles de inmigrantes que tratan de cruzar nuestra frontera para entrar a Europa. Tampoco pretende el recientemente reelegido presidente del Gobierno de España (o lo que quede de ella), proteger a nuestra nación de los ataques de la inflación, a través de un muro de medidas fiscales que hagan de España un lugar mejor donde vivir.
El Muro de Sánchez, si bien de momento es de palabras, pretende dividir España en dos, partirla por la mitad. Y lo que es peor, el amado líder de la presunta izquierda (y la extrema derecha catalana y vasca) quiere delimitar quienes son los españoles ‘buenos’ y quienes somos los ‘malos’. Vamos, que quizá en lugar de un muro acabe repartiendo brazaletes entre quienes no estemos de acuerdo con sus formas poco democráticas de gobernar.
Muchos indicarán que no se trataba más que de un discurso, y que es imposible levantar un muro en España. Tal vez tengan razón, pero teniendo en cuenta de lo que a Sánchez le importa España y la democracia, yo iría haciéndome a la idea, pues, si algo ha demostrado el líder socialista, es que es capaz de levantar un muro entre españoles, bien sea de hormigón o de derechos y libertades.