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Planes de evacuación que salven a todos. También a los animales

El agua ha arrebatado de igual modo la vida a muchísimos animales que no han podido ser rescatados de sus hogares, o que han sido arrancados de los brazos de quienes les consideraban parte de la familia

Gatos ante destrozos de la DANA

Gatos ante destrozos de la DANA

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Ha pasado casi un mes desde que el 29 de octubre unas inundaciones sin precedentes nos cortasen la respiración mientras observábamos, con impotencia, cómo arrasaban a su paso tantísimas vidas, hogares y negocios.

Cada vez que nos enfrentamos a una tragedia solemos olvidar a los animales. Sin embargo, ellos también sufren las consecuencias. Ellos también son víctimas.

En ocasiones son víctimas directas del desastre.

Como los miles de animales silvestres de innumerables especies (erizos, culebras, barbos, perdices, lagartos, liebres, ranas, zorros,…) que han quedado sepultados en el lodo.

El agua ha arrebatado de igual modo la vida a muchísimos animales que no han podido ser rescatados de sus hogares, o que han sido arrancados de los brazos de quienes les consideraban parte de la familia, provocándoles un terrible dolor y dejando un gran vacío en sus vidas.

Perros que vivían en refugios y que el agua literalmente ha engullido, dejando sin consuelo a quienes les rescataron y cuidaron esperando ofrecerles una vida mejor.

Y gatos comunitarios, cuyas cuidadoras han perdido la esperanza de volver a ver en esos montones de escombros embarrados que ocupan lo que antes de ese maldito día fueron sus colonias.

Todos ellos tienen en común que no han podido escapar de la muerte, pese a que tenían quienes se preocupasen por ellos y hubiesen dado lo que fuese por poder salvarles.

Sin embargo, ha habido un enorme desprecio hacia la vida y la muerte de otros muchos animales. Aquellos por los que no se siente ningún tipo de consideración. Aquellos cuyas vidas sólo tienen un valor económico. Aquellos considerados recursos.

Como los animales que quedaron encerrados en las vitrinas de las tiendas que mercadean con sus vidas y que días después del desastre agonizaban porque nadie se había acordado de ellos.

O los perros hacinados en zulos. Cuántos se han rescatado días después, al borde de la muerte, encerrados en jaulas junto a los cadáveres de otros que no aguantaron tanto. Ni siquiera quienes debían cuidarles se interesaron por saber si seguían con vida.

Tampoco ha existido piedad alguna con los animales considerados “de granja”. Aquellos que viven en la miseria hasta que inevitablemente son ejecutados para terminar en nuestros platos. No existe compasión ni en el relato de sus muertes. Son pérdidas económicas. Son riesgo sanitario. Ninguna alusión al sufrimiento adicional de esa dolorosísima muerte por ahogamiento, desesperados, encerrados en jaulas o naves selladas sin posibilidad alguna de sobrevivir.

Por si esto no fuese suficiente, por si las víctimas no fuesen ya demasiadas, hay quien busca en cada resquicio una excusa para torturar animales, para satisfacer una sádica necesidad de matar y esta dana será parasitada también por la tauromaquia. Utilizar una tragedia como ésta para blanquear la violencia es simplemente, repugnante.

Hace año y medio en Valencia el voraz incendio de un edificio dejó a la ciudad rota de dolor. Además de 10 víctimas humanas, decenas de animales murieron engullidos por las llamas.

Este hecho, volvió a poner de manifiesto la necesidad de tener planes de evacuación, también para animales, en casos de emergencia.

Desgraciadamente hemos vuelto a comprobar cómo, injustificablemente, estos planes, que no son en absoluto incompatibles con los de rescate de personas, no entran en la agenda de quienes nos gobiernan, pese a los animales tener cada vez más consideración por parte de la ciudadanía. Nada sorprendente cuando ni siquiera han sido capaces de minimizar el impacto de esta terrible catástrofe para no tener que lamentar tantas pérdidas humanas.

Me gustaría pensar que a partir de ahora contaremos con planes de evacuación que permitan también salvar las vidas de los animales. No obstante, y visto el nulo interés de quienes deben tomar las decisiones, me temo que tendremos que sufrir muchas más desgracias y seguir sumando muertes antes que estos planes sean una realidad.

Hasta que llegue ese momento, no dejaremos de reclamarlos. Porque las vidas de los animales también importan.

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