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Jaime Navarro

Jaime Navarro

Abogado

Valencia: la última de la fila

La esperanza pues, es lo último que se pierde... Como los aterrorizados vecinos del barranco del Poyo la recuperaron entre lágrimas aquella infausta mañana...

Calle de la Paz de Valencia

Calle de la Paz de Valencia

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No sólo porque en los años ochenta nos dejaron sin industria pesada y toda la relacionada con, esencialmente, los Altos Hornos de Sagunto. Aquella cruel y violenta Reconversión Industrial que nos imponía esa entelequia de la sacrosanta integración europea.

Ni tampoco porque a partir de nuestra entrada en esta "Santa Alianza" en los albores de 1986, empezamos a sufrir cada vez más limitaciones y sucesivas políticas invasivas y represivas de nuestro campo y agricultura, hasta llegar a la situación actual de quiebra técnica de la otrora floreciente Huerta Valenciana. De reconocida calidad y tan centenaria fama mundial. Sin embargo.

Más todo lo anterior solo sería el preludio de lo que seguiría aconteciendo a partir del actual nuevo milenio, cuando el tan social y justo gobierno del mayordomo predilecto de Maduro, y de un plumazo, nos dejó para siempre sin el suministro asegurado del agua, al cargarse el Plan Hidrológico Nacional. Ya soñado en los años treinta de la anterior centuria por un camarada suyo. Sí, un tal Indalecio Prieto.

Lo siguiente fue ver como se derrumbaban una a una las cajas de ahorros y la banca valenciana, casi siempre en favor de otras entidades y de otros territorios, a lo que asistimos sin pausa y con estupefacción a partir de 2010. Como desde 2014 presenciamos impotentes la progresiva irrelevancia, y salvo milagro, la anunciada y temida desaparición de la principal entidad deportiva de la Comunidad. A manos eso sí, de un oculto y muy misterioso mandarín oriental.

Hasta llegar a este fatídico 2024 en que comenzábamos el año con un incendio tercermundista en un edificio construido con materiales manifiestamente inflamables, con el balance final de más de diez calcinados. Trágico suceso que desgraciadamente dio la vuelta al mundo.

Y ahora otra riada. Pero la de este 2024 varias veces más mortífera que las de 1957 y 1982. Y pese a contar hoy con muchos más medios técnicos y materiales, y se supone que humanos... aunque el mundo entero ha sido testigo de como se abandonaba miserablemente a los afectados. Antes, durante y después de la catástrofe. Y por nuestras principales administraciones. Salvo honrosas excepciones, que solo vienen a confirmar la desalmada regla.

Y curiosa contradicción: a la par que asistimos perplejos a este sostenido acoso y derribo contra la Comunidad Valenciana; su industria, su agricultura, su ganadería, su pesca. Contra su sector financiero. Hasta contra su principal entidad deportiva. Y en definitiva contra su población misma al negarle hasta el suministro normativo y regular del agua excedente y ahora también además la más simple alarma y el más elemental socorro y asistencia humanitaria. Vil asunto pues, en el que desde hace décadas, al parecer los que cortan el bacalao, y sus machacas, están todos de acuerdo; aquí, allí y en Bruselas.

A la vez, y muy paradojicamente, prestigiosas publicaciones internacionales como la revista Forbes. O National Geográphic; no paran en los últimos tiempos de recomendar a Valencia capital como una de las mejores ciudades del mundo para vivir. O para gozar de unas inolvidables vacaciones. Y no se olvide que son decenas de miles las ciudades que pueblan nuestro planeta.

La esperanza pues, es lo último que se pierde... Como los aterrorizados vecinos del barranco del Poyo la recuperaron entre lágrimas aquella infausta mañana al inesperadamente ver llegar entre el lodo asesino a aquel ejército alegre de tan generosos y tan valientes voluntarios.

Por lo que Dios os bendiga y a todos y por siempre.

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