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 Grupo transnacional por la convivencia y la paz (*)

Por la convivencia y la paz hacia el bienestar común

El nuevo humanismo planetario debe aprovechar las gran sabiduría aportada por las diversas culturas y desarrollarla en diálogo constructivo y fecundo

Paloma de la Paz

Paloma de la PazAYUNTAMIENTO DE MADRID

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Podemos constatar una creciente agresividad mundial en las relaciones personales, en la política de cada país y en las muy preocupantes relaciones internacionales.

Si diferenciamos como hacía el sociólogo americano Daniel Bell las tres dimensiones de una civilización, la tecnoeconomía, la política y la cultura, constatamos que es la tecnoeconomía, y su afán de poder, la que domina en la civilización occidental sobre la política y la cultura. La cultura y la educación pierden cada vez más terreno y surge entonces el enfrentamiento y la agresividad, es decir rasgos de barbarie frente a la civilidad. La cultura residual se hace, por el contrario, meramente consumista, individualista, narcisista y con frecuencia alienada.

Habría que volver a dar prioridad a una auténtica cultura para que su civilidad educara y encauzara, en cambio, la sociedad, la tecnoeconomía y la política, tanto a nivel local como nacional e internacional.

Este valor eminente de la cultura es el que ha dado tantas glorias a Occidente en otras épocas: Grecia y Roma, Renacimiento, primera Ilustración, etc. Y fueron estos movimientos culturales los que resultaron determinantes en el conjunto de la civilización occidental.

Matthew Arnold entendía, en efecto, la cultura como ese faro que debía iluminar y perfeccionar la vida personal, social y política de la humanidad. Definía la cultura como “dulzura y luz”, esto es, inteligencia y belleza. Una cultura que busque un perfeccionamiento y mejora flexible del ser humano tanto en lo físico como en lo psicológico y espiritual, abriéndole perspectivas más amplias y nobles. Cultura como cultivo personal y social, como enriquecimiento de la dignidad humana, como aumento de la felicidad íntima. Una cultura que se apoya, según la recta razón, en lo mejor que la historia ha aportado al pensamiento y la sabiduría de la humanidad.

En el seno de esta cultura civilizada para todos debe estar, como ya sabemos por la historia, la cortesía y las buenas maneras. Para conseguir una armonía social deben desarrollarse las buenas maneras de un modo natural y sincero. Decía Kant: “propongo así a los Preceptores uno de los principales medios de hacer reinar más lejos en la sociedad la paz, la concordia, la tranquilidad, la dulzura, por una manera cortés de expresarse, a la que podrían acostumbrar a sus escolares temprano durante el tiempo de su educación”.

Ese nuevo humanismo cultural debe ser ahora planetario, orientado hacia una vida superior de la humanidad. El gran poeta y pensador Rabindranath Tagore afirmaba: “Ha llegado el momento de hacer nuestros los problemas del mundo, de buscar la armonía entre el espíritu de la civilización y la historia de todas las naciones de la Tierra”. Desde el lado occidental el filósofo francés Paul Ricoeur, a su vez, ha escrito: “Me parece que esta universalización es por sí misma un bien; la toma de conciencia de una única humanidad representa algo positivo; una suerte de reconocimiento del hombre por el hombre”.

El nuevo humanismo planetario debe aprovechar las gran sabiduría aportada por las diversas culturas y desarrollarla en diálogo constructivo y fecundo. Un diálogo que atienda a las necesidades más acuciantes de la humanidad, tanto materiales como espirituales, recuperando el sentido humano de lo bello y lo bueno.

Una convivencia y una paz que estimulen, en la colaboración, la búsqueda conjunta de un bienestar común, local, nacional y planetario.

Grupo transnacional por la convivencia y la paz

Profesores universitarios firmantes:

Lucía Aparicio, Universitat de València

Jesús Ballesteros, Universitat de València

Vicente Bellver, Universitat de València

João Francisco, Universidad Católica de Angola

Ana Paz Garibo, Universitat de València

Guillermo Guimaraens, Universitat Politècnica de València

Virginia Navalón, Universitat Politècnica de València

Javier Poyatos, Universitat Politècnica de València

Hugo S. Ramírez García, Universidad Panamericana México

Pedro Talavera, Universitat de València

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