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Un espanto

De las declaraciones de Guillermo Alonso del Real se desprende que Vox impone una lógica centralista ignorando las particularidades de cada municipio, o autonomía, y que no se puede servir a la ciudadanía -en su caso en Torrent- “obedeciendo instrucciones industrializadas alejadas de la realidad

Monserrat Lluís enlace de la dirección nacional de Vox con la organización en la Comunitat Valenciana.

Monserrat Lluís enlace de la dirección nacional de Vox con la organización en la Comunitat Valenciana.

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Vox se resiste a pasar desapercibido. Guillermo Alonso del Real, teniente de alcalde del Ayuntamiento de Torrent, comunicó este miércoles su baja del partido que preside Santiago Abascal, pasando al grupo de no adscritos al no renunciar a su acta de concejal. Se trata de la última “espantà” de un cargo electo voxista en los últimos meses que cuestiona, quiérase o no, la pretensión de liderazgo del partido ultraconservador en la provincia de Valencia.

Cabe recordar que apenas hace unas semanas sucedió algo parecido en el Ayuntamiento de Valencia, donde Cecilia Herrero y Juanma Badenas, por discrepancias y agravios recibidos de la dirección nacional de Vox, abandonaron la formación ultraconservadora para convertirse en concejales no adscritos. Bien es verdad que estos concejales de Valencia finalmente volvieron al grupo municipal Vox en aras de la gobernabilidad de la ciudad del Turia, pero es conocido por quienes frecuentan la Casa Consistorial que su relación con los otros dos concejales de Vox es nula, como si formaran parte de grupos políticos diferentes.

Llama la atención que Torrent y Valencia sean dos ciudades afectadas por la dana, en las que Vox podía haber sacado pecho por su gestión durante y después de las inundaciones y; además, los dos municipios más importantes de la provincia de Valencia en los que Vox forma parte del gobierno municipal. Sin embargo, la dirección nacional intermediada por una tal Montserrat Lluís, en lugar de fortalecer sus equipos y el liderazgo voxista en ambos municipios, ha preferido optar por dividir y descomponer tales equipos.

Y es que por donde pasa M. Lluís, el conflicto está asegurado. No hay que buscar en Mallorca o en Sevilla, aquí hay ejemplos de sobra. Los enredos que provocó en el consistorio valenciano, o en el Consell, y ahora en Torrent dan fe de ello. De las declaraciones de Guillermo Alonso se desprende que Vox impone una lógica centralista ignorando las particularidades de cada municipio, o autonomía, y que no se puede servir a la ciudadanía -en su caso en Torrent- “obedeciendo instrucciones industrializadas alejadas de la realidad”.

No sabemos todavía quien recibirá el encargo de dirigir el grupo municipal de Vox en Torrent, pero sí quien se ha convertido en portavoz en el Ayuntamiento de Valencia, alguien de perfil muy plano y políticamente poco conocido.

Si José María Llanos, Ignacio Gil Lázaro, José Gosálbez o Mónica Gil -cuya voz nos es desconocida- son los referentes de Vox en la provincia. ¿qué cabe presagiar de sus resultados en las próximas elecciones municipales y autonómicas, cuando sus electores perciban los motivos de tales “espantàes”? Con esta estrategia suicida la formación ultraderechista está poniendo en bandeja al PSPV y Compromís los futuros gobiernos de la capital del Turia y de la Generalitat Valenciana, teniendo en cuenta del desgaste que la marca PP está sufriendo en la provincia.

Guillermo Alonso del Real, en su comunicado al abandonar Vox acusa a la dirección nacional del partido de estar demasiado alejada de los ciudadanos y pretender dirigir los gobiernos municipales desde un despacho de Madrid. No le falta razón, si lo que Vox nacional quiere es gobernar todos los municipios directamente desde la calle Bambú 27, lo mismo da que ponga de teniente de alcalde, de concejal o de portavoz a un sepulturero, a una momia, a un corredor de seguros lúgubres o a un criador de chimpancés.

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