Casquería nacional
Es que ya ni siquiera las armas, ni las cornamentas, ni las monterías importan un carajo
Imagen de la célebre película de Berlanga La escopeta nacional
Hete qué y por si no fuera bastante con los escandalosos "recortes" de periódicos con los que nos desayunamos día sí y día también, que últimamente se ha puesto muy de moda, mayormente en el argumentario monclovita, que todo esto de los insidiosos recortes y de sus agitadores recortadores, en verdad y de la buena, se debe única y exclusivamente a un repentino y mórbido arrebato por la casquería de la muy cruel oposición.
Entonces uno se pone a imaginar quien habrá sido ese cerebro sin duda privilegiado, que habrá parido el nuevo palabro... casquería... a introducir masivamente como paraguas victimista en las refriegas políticas y periodísticas a cuento del inclemente chaparrón de corrupción que nos anega; y no puedes más que soñar a un tal Paradores, o al otro Perejil, ojerosos e insomnes, siguiendo las desesperadas órdenes del One, para al día siguiente enviar de urgencia hasta incluso a la Di-puta-ción de Badajoz, un renovado argumentario.
Y así inaugurar la nueva temporada, que ya es primavera en El Corte Inglés y después de la célebre cumbre Ndongo y Maestre, hasta el apuntador se había dado cuenta que lo de los " bulos", el " fango", los "pseudomedios" y la " ultraderecha", a secas, ya casi no conmovía y era más propio del tan superado otoño-invierno.
Siendo que dana de casquería nacional que nos abruma, en las últimas semanas ciertamente, y tras conocerse especialmente los gloriosos episodios de Sigüenza y de Teruel, parece que arrecia hacía esto precisamente. A lo de los callos. Con y sin garbanzos. Con o sin cebolla. Mismamente.
Que la vieja Escopeta nacional, en la que la derechona se solazaba y se ponía las botas en aquellas esperpénticas cacerías, ha dado paso sin duda a estos postmodernos capítulos de la Historia Universal de la Infamia. Es que ya ni siquiera las armas, ni las cornamentas, ni las monterías importan un carajo. Que Berlanga es sin duda demasiado sutil para poder narrar todo esto. Que con el Tobe Hooper de la inmortal familia de carniceros de "La matanza de Texas" vamos más que sobrados. Si aún vive.