Y Felipe V quemó Xàtiva

La capital de la Costera, al inicio del siglo XVIII contaba con unos 12.000 habitantes. Después del abominable trato que Felipe V dio a la ciudad, con degollamientos, prisioneros e incluso destierros a poblaciones manchegas, quedó reducido tan solo a 400 ánimas

Oleo sobre Felipe V en el museo de bellas artes de Xàtiva

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“Se cumplen 318 años de aquel 19 de junio de 1707, fecha nefasta en la historia del Reino de Valencia en la que Felipe V, primer Rey de la Casa de Borbón en España, ordenó la quema de la milenaria y heroica ciudad de Játiva (Xàtiva).

A la muerte sin descendencia del último Rey de la Casa de Austria-Habsburgo, Carlos II, llamado “El Hechizado, ocurrida el 1 de noviembre de 1707, las más poderosas dinastías europeas llevaban meses disputándose los derechos al trono de España.

Con la complicidad de la Reina y segunda esposa del monarca, María Luisa de Orleans, lograron convencer a un agonizante Carlos II para que cambiara su testamento.

El Duque de Anjou fue el principal beneficiario de la manipulación de la voluntad real y así, Felipe V, el 16 de noviembre de 1700 se convirtió en Rey de España y de las provincias de ultramar; Rey de Nápoles, de Sicilia y de Córcega; Duque de Milán y Soberano de los Países Bajos. Sus “méritos” ser bisnieto de Felipe IV y sobrino nieto del fallecido Carlos II.

Era Francés y aspiraba a heredar la Corona de Francia que ostentaba su abuelo Luis XIV, incluso pasando por encima de los derechos dinásticos de su propio padre, el Gran Delfín Luis de Francia.

Por ello no había sido educado para ser Rey de España; desconocía nuestras costumbres, nuestra historia y nuestra cultura; por no saber ni tan siquiera hablaba castellano.

No obstante, las monarquías europeas le reconocieron como Rey de España. Hizo su entrada triunfal en Madrid el 18 de febrero de 1971 y, de inmediato, juró ante las Cortes de Castilla.

Los países integrados en La Gran Alianza europea -Austria, Inglaterra, las Provincias Unidas de los Países Bajos, Portugal, Saboya; y junto a ellos el Reino de Valencia y el de Aragón, así como Cataluña- no le reconocieron y proclamaron Rey de España, el 12 de septiembre de 1703, al Archiduque Carlos de Austria, como Carlos III. Claro, la guerra resultaba inevitable.

En el bando de Felipe V, el Duque de Berwick mandaba un ejército de 35.000 hombres, españoles y franceses; enfrente la Gran Alianza con 28.000 soldados pertenecientes a los batallones de Gran Bretaña; Provincias Unidas de los Países Bajos y escuadrones portugueses a cuyo frente estaban los Marqueses de Ruvigny y del portugués Das Minas.

Los dos poderosos ejércitos se enfrentaron en la Batalla de Almansa el 25 de abril de 1707. El choque se produjo en los campos contiguos a su majestuoso Castillo, construido en el siglo XIV por orden del Infante Don Juan Manuel, el nieto del Rey de Castilla Fernando III el Santo, Duque y Príncipe de Villena; insigne autor de la prosa medieval: entre sus grandes obras “El Conde Lucanor”.

El campo de batalla, situado en la confluencia de las provincias de Albacete, Murcia, Alicante y Valencia, y por ende en los límites del Reino de Valencia y de Castilla, a 52 kilómetros de la valenciana Játiva, quedó regado con la sangre de decenas de millas de contendientes y, además, cubierto de una terrible capa de cadáveres.

La batalla, aunque se desarrolló en el marco de la Guerra de Sucesión Española, en realidad lo que dilucidaba era la supremacía en Europa de las grandes potencias.

Un famoso óleo de 1709 de grandes dimensiones, 3,90 x 1,61 m., obra de Buonaventura Ligli y Filippo Pallotta, propiedad del Museo del Prado, aunque cedido a Les Corts Valencianes que lo exhibe en su sede, en el Palacio de los Borja de Valencia, detalla la posición de los distintos batallones en el campo de batalla. Ni un solo batallón valenciano en la contienda.

La victoria aplastante de los borbones causó 17.000 bajas a los partidarios del Archiduque, mientras que ellos soportaron únicamente la pérdida de 2.000 soldados.

Tras la victoria, los partidarios del Francés, partieron desde el campo de batalla formando dos columnas: una de ellas se dirigió a Valencia y la otra sitió Játiva donde, en su huida, se habían refugiado los pocos soldados que quedaron de uno de los batallones derrotados.

El 8 de mayo de 1707, el fuerte del ejército vencedor, bajo el mando del francés Marqués de D'Asfeld, puso cerca de Játiva que estaba defendida por menos de 2.000 hombres heridos y derrotados, pero que resistieron heroicamente mientras no les faltaron lo víveres.

Los setabenses ayudaron al diezmado batallón que, finalmente, se vio sometido cruelmente. Llegó la rendición y las capitulaciones.

El 6 de junio, y aunque D'Asfeld había prometido respetar a los derrotados, ordenó pasar un cuchillo a todos los que habían participado en la defensa de la ciudad; Fueron militares o civiles acabaron asesinados.

El execrable trato que se dio a los setabenses por parte del rey “francés” dejó una profunda huella en el Reino de Valencia, y en especial en Xàtiva, hasta el extremo de que, en la actualidad, después de 318 años, al recordar los hechos siguen horrorizándose sus moradores.

La población de Xàtiva, al inicio del siglo XVIII contaba con unos 12.000 habitantes. Después del abominable trato que Felipe V dio a la ciudad, con degollamientos, prisioneros e incluso destierros a poblaciones manchegas, quedó reducido tan solo a 400 ánimas.

El Rey tuvo conocimiento de que se habían fugado de la ciudad unas doscientas personas, entre civiles y migueletes, y entonces en un arrebato de ira ordenó quemar la ciudad.

La fecha del 19 de junio se corresponde con la del día que Játiva ardió por los cuatro costados. Así justificó Felipe V la quema de Xàtiva:

“La obstinada rebeldía con que hasta los términos de la desesperación resistieron la entrada de mis armas los vecinos de la ciudad de Xàtiva [...] empeñó mi justicia a mandarla arruinar para extinguir su memoria, como se ejecutó para castigo de su obstinación, y escarmiento de los que intentasen seguir su mismo error”.

Pero no acabó ahí la cruel represión ya que, después de haber aislado la ciudad, mandó a sus soldados salar, tanto profunda como superficialmente, los campos de cultivo del término, para convertirlos en yermos e impedir su fertilidad; así morirían de hambre sus habitantes.

Además, Felipe V, quiso anular la personalidad histórica de Játiva reconocida a través de los siglos; desde la cultura ibérica; la romanización; la época visigoda; la musulmana; la cristiana; la moderna y la contemporánea, pero no lo consiguió. Játiva siempre ha sido una de las ciudades más importantes de la Península Ibérica.

Para borrar su historia cambió su nombre por “San Felipe”; pero tampoco logró su objetivo: Xàtiva perdura a través de los siglos; Fue otro fracaso más del primer Borbón en España.

Precisamente, por iniciativa del Diputado a Cortes constituyentes Joaquín Lorenzo Villanueva, las Cortes de Cádiz recuperaron en 1811 el nombre oficial de Xàtiva.

Pero Xàtiva tampoco perdona a Felipe V ya que, en el Museo de Bellas Artes de la ciudad, con toda justicia, sigue colgado cabeza abajo el retrato del rey, pintado en 1719.”