València, ¿un mosaico de parches o una ciudad con alma?
El Rialto de Joan Ribó le robó el alma al 'cap i casal'; el reto actual es recuperarla

Roig Arena.
Aun planea sobre València el tipo de urbanismo heredado de la “Era Ribó”, y la sombra de su despersonalización la caracteriza. Una Ciudad con historia arquitectónica singular, que ha estado testigo de la audacia de genios como Francisco Goerlich y Santiago Calatrava se encuentra, aún hoy, con el Legado del Urbanismo Táctico implementado por Joan Ribó durante sus ocho años como Alcalde al frente de la Coalición de izquierdas de El Rialto. La crítica sobrevuela una Ciudad que, en su afán por la peatonalización y la transformación rápida, parece haber perdido parte de su carácter distintivo para abrazar una estética de "parches" urbanos.
El Urbanismo Táctico, en su concepción más loable, búsqueda la mejora rápida y de bajo coste de los espacios públicos, involucrando a la ciudadanía y permitiendo la experimentación. Sin embargo, en València, esta estrategia, portada al extremo y aplicada de forma generalizada bajo la alcaldía de Joan Ribó, ha dado lugar en una ciudad que, para muchos, se ha vuelto “despersonalizada”. La proliferación de mobiliario urbano efímero, a menudo de carácter genérico, la sustitución de elementos históricos por soluciones temporales y la priorización de la movilidad peatonal, ciclista y del patinete eléctrico en detrimento de la configuración urbana tradicional, han creado una sensación de homogeneización.
Un ejemplo palpable de esta crítica se encuentra en la peatonalización masiva de plazas y calles céntricas. Si bien la intención de crear espacios más amigables para el peatón es loable, la ejecución ha resultado en la homogeneización de la experiencia urbana. La colocación de jardineras, bancos de diseño genérico y señalética estandarizada en lugares emblemáticos, como algunas zonas del centro histórico… ¿los nombramos?, o del antiguo lecho del Turia, ha diluido la singularidad de estos espacios. Se percibe una falta de integración armónica con el entorno preexistente, creando una sensación de "añadido" más que de evolución orgánica.
La obra de Francisco Goerlich, el edificio del Banco de València y otros emblemáticos de la Plaza del Ayuntamiento, se caracteriza por su monumentalidad, su elegancia y su integración respetuosa con el contexto urbano y la historia de la ciudad
Este enfoque contrasta fuertemente con la visión arquitectónica que ha definido en València en otras épocas. Pensamos en la obra de Francisco Goerlich, la arquitectura de la cual, como la del edificio del Banco de València, el Colegio Mayor Luis Vives o edificios emblemáticos de la Plaza del Ayuntamiento, se caracteriza por su monumentalidad, su elegancia y su integración respetuosa con el contexto urbano y la historia de la ciudad. Goerlich entendió la importancia de la permanencia, la monumentalidad y la creación de hitos urbanos que definen la identidad de una ciudad. Sus edificios no son meros elementos funcionales, sino obras de arte que dialogan con el pasado y proyectan una visión de futuro sólido.
Por otro lado, la audacia de Santiago Calatrava representa una apuesta por la vanguardia y la creación de iconos arquitectónicos reconocibles a nivel mundial. El Palau de les Arts Reina Sofía o la Ciutat de les Arts i les Ciències son ejemplos de cómo la arquitectura puede ser un motor de transformación y un símbolo de modernidad, dotando en la ciudad de una identidad contemporánea potente y diferenciada. Estas estructuras, a pesar de sus controversias, no son "tácticas" efímeros; son proyectos ambiciosos que buscan transcender el tiempo.
Y mirando al presente, la construcción del Roig Arena impulsada por el Legado de Juan Roig representa una nueva visión de la arquitectura de gran escala. Aunque su enfoque es más pragmático y ligado a la actividad deportiva y de espectáculos, su diseño busca ser un referente moderno y funcional, un nuevo hito que se integre en el tejido urbano de una manera específica, con una identidad propia. Precisamente la crítica al Urbanismo Táctico de la “Era Ribó” reside precisamente en esta falta de visión a largo plazo y de identidad clara.
Cuando las plazas se llenan de mobiliario idéntico al de cualquier otra ciudad europea, cuando las intervenciones urbanas no dialogan con la preexistencia histórica o arquitectónica, se corre el riesgo de diluir la propia identidad
La despersonalización de València no es una cuestión de gustos estéticos, sino de la pérdida de aquellos elementos que hacen que una ciudad sea única. Cuando las plazas se llenan de mobiliario idéntico al de cualquier otra ciudad europea, cuando las intervenciones urbanas no dialogan con la preexistencia histórica o arquitectónica, se corre el riesgo de diluir la propia identidad. La herencia del Urbanismo Táctico, en este sentido, ha dejado una ciudad con más zonas peatonales y carriles bici, lo cual es un avance en términos de movilidad sostenible, pero sin dar solución al problema de la movilidad efectiva al no apostar, en cambio, y dentro de esta lógica, por el aumento del transporte público.
La pregunta es: ¿todo eso se hizo a expensas de sacrificar la singularidad y el carácter de València? Creo que sí. La comparación de ese tipo urbanismo con la monumentalidad de Goerlich, la vanguardia de Calatrava o la ambición moderna del Roig Arena, nos recuerda que la arquitectura y el urbanismo no son solo herramientas para la funcionalidad de una Ciudad, sino también para la construcción de su memoria, de su identidad y de su personalidad. El Rialto le robó el alma; el reto actual es recuperarla.