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La noche de las pasarelas verdes

La existencia de diferentes familias entendidas como corrientes diversas de pensamiento, fortalecen el pluralismo y fomentan el debate; un hecho que enriquece el funcionamiento interno, evita el pensamiento único y permite que las decisiones se tomen desde la deliberación y no desde la imposición

El portavoz de VOX en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith

El portavoz de VOX en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega SmithAlejandro Martinez Velez

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Ha sido noticia al poco de lo sucedido en Extremadura: en Vox, Ortega-Smith ha sido empujado a la pasarela de la expulsión de su Comité Ejecutivo Nacional (CEN). Tal cual película de corsarios, que hacían encantadoras aquellas tardes de domingo en el cine del colegio bajo la mirada atenta del “padre disciplina”, no deja de sorprender la capacidad de Santiago Abascal en desenvainar el sable contra los suyos.

La salida Ortega Smith ha sorprendido a pocos; se vislumbraba hace meses la patada ralentizada que iba a recibir. Ha sido la crónica de una salida anunciada. Los más cafeteros “voxemitas” - sí, también, junto a los voxeros y voxistas, hay voxemitas-, acérrimos seguidores de cualquier cosa que haga, diga o piense Santiago Abascal sin la más mínima crítica, alaban la decisión de exclusión y dan una calurosa bienvenida a la recién llegada Julia Calvet desde Las Ramblas de Barcelona; pero no olvidemos que Abascal podía haber nombrado miembro del CEN al “caballo de las elecciones extremeñas” y los “voxemitas” le darían la misma bienvenida.

Los simpatizantes “voxistas” muestran, en su mayoría, desconcierto y desazón al ver que uno de los fundadores y un gran activo como Ortega-Smith es llevado, como hacían los piratas, al final de la pasarela, atado de manos y pies y lo lanzan al mar. No sabemos aún a qué mar lo han empujado, si al de los “resentidos”, al de los “macarenos”, al de los “ateneos” o al de los “traidores”. Sí, el voxemismo más ultra es muy capaz de llamar traidor a Javier Ortega, uno de los letrados que junto a Pedro Fernández llevaron al banquillo de los acusados del “Prusés”.

Las formas en las que se ha materializado la expulsión de Javier Ortega invita a reflexionar sobre qué ocurre detrás de las bambalinas de Bambú, la sede madrileña de Vox. Audios revelados por varios medios de comunicación han mostrado un submundo verde repleto de rencillas, imposiciones, amenazas veladas -y no tan veladas- entre los suyos. Deja boquiabiertos a muchos de sus militantes, que en el interior de un partido que algunos tienen como el garante de la limpieza del funcionamiento de las estructuras, de la defensa de los valores y principios tradicionales y de los derechos fundamentales como la presunción de inocencia, la libertad de expresión o la libertad de prensa se muestre un partido que parece funcionar como una verdadera “famiglia”, ¿recuerdan la película dirigida por Francis Ford Coppola “The Gogfather” (“El Padrino”) …?

¿Qué le lleva a la pasarela de expulsión a personas con una larga trayectoria de servicio de su partido, a uno de sus fundadores?

Y en la tramoya, cuando ya no están en el escenario, se escuchan cosas como: “Este partido es la casa de Tócame Roque. Si queremos gobernar España no podemos funcionar así”, aseveración de Montserrat Lluís, la mano derecha de Abascal en los pasillos del poder de autonomías y ayuntamientos dónde Vox tiene algo que decir; eso sí, bajo la mirada atenta de Kiko Méndez-Monasterio. Se la puede escuchar en los audios publicados en el “podcast” de El Mundo y comentados por Juanma Lamet en su artículo “Los audios secretos que prueban que Vox conocía las "irregularidades" de Revuelta” de 14 de diciembre de 2025.

¿Qué está pasando en Vox que ni una de las manos derechas de Abascal cree que sea un partido serio? ¿Qué le lleva a su máximo líder y responsable, Santiago Abascal, a llevar a la pasarela de expulsión a personas con una larga trayectoria de servicio de su partido, a uno de sus fundadores? ¿Cuánto tardará el “voxemita” medio en llamar “resentido”, “traidor” o “macareno” – o las tres cosas- a Javier Ortega?

Y es que, dentro de las estructuras, y más aún en los partidos políticos -de los que nuestra Constitución exige que su funcionamiento interno debe ser democrático-, la existencia de diferentes familias entendidas como corrientes diversas de pensamiento, fortalecen el pluralismo y fomentan el debate; un hecho que enriquece el funcionamiento interno, evita el pensamiento único y permite que las decisiones se tomen desde la deliberación y no desde la imposición.

Pero hay que distinguir entre los dos conceptos: ”familia” y “famiglia”; no es lo mismo. En la vida ordinaria, y más aún en la vida política, la “famiglia“ controla, vigila y expulsa. La “familia” debate, une, y construye. Avisados estamos. 

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