Abascal vs. Meloni, una comedia española
Ni cientos de fotos ni el mejor filtro de redes sociales consiguen maquillar lo evidente: en esta historia, la distancia entre ambas derechas ya no se puede esconder en algo tan pequeño como un mini mini

Abascal y Meloni la semana pasada en Madrid
Ha sido ver las imágenes de Santiago Abascal subido a un Mini pilotado por Giorgina Meloni y venirme a la mente la comedia española Las nenas del mini-mini; una imagen proyectada por nuestro galán patrio de la “ultraderecha” española, de copiloto de la nueva Dama de Hierro– esta vez italiana y no británica-.
En Las nenas del mini mini (1969), Germán Lorente construyó una comedia ligera donde el Mini -el automóvil, modelo icónico de la época- se convertía en un pequeño teatro sobre ruedas que recorría Madrid. Dentro de él, los personajes de Juan Luis Galiardo y Sonia Bruno representaban dos arquetipos muy reconocibles del cine español de finales de los sesenta: él, el galán seguro de sí mismo, encantador y un punto fanfarrón; ella, la joven moderna, inteligente y con más control de la situación del que él imagina.
En los últimos días, las imágenes difundidas por la prensa y en las redes sociales de la visita de Giorgia Meloni a Santiago Abascal -ambos paseando en un Mini por las calles de Madrid- han dado mucho que hablar. El inicio del nuevo año nos ha regalado, aunque sin pretenderlo, una estampa que recuerda poderosamente a la entrañable película, con una puesta en escena tan simbólica como involuntaria.
El paralelismo es claro: en Las nenas del mini‑mini, el personaje interpretado por Juan Luis Galiardo- Abascal- representa al líder seguro, con una fuerte presencia, aunque con un punto histriónico y en ocasiones de excesiva vehemencia. Frente a él, el personaje de Sonia Bruno- Meloni- encarna la figura firme, estratégica, que equilibra la escena desde la serenidad y la inteligencia práctica de la mujer moderna. Mientras Galiardo-Abascal- proyecta energía-muy masculina y más básica-, Bruno- Meloni- aporta control, estrategia y sobre todo experiencia- aunque es innegable la energía contundente del tono de voz que proyecta Giorgia Meloni en cada una de sus intervenciones-.
Y es que esta escena del paseo en el mini retransmitida casi en tiempo real parece ser una respuesta a las polémicas surgidas durante los últimos meses de 2025 entre los lideres derechistas. Resulta casi entrañable. - ¿o debería decir patético? - ver el despliegue frenético con el que nuestro galán derechista -Abascal- ha decidido empapelar sus redes sociales con fotos y vídeos junto a su particular “nena del mini mini”. Un derroche que trasluce algo de desesperación y que recuerda menos a una estrategia política y más a ese momento en que alguien empieza a publicar selfies de pareja para convencer al mundo —y quizá a sí mismo— de que todo va de maravilla.

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Quienes siguen de cerca la relación política entre Giorgia Meloni y Santiago Abascal ya detectaron dos señales claras de distanciamiento en 2025. La primera llegó en septiembre, cuando Meloni evitó deliberadamente asistir a “Europa Viva25”- acto organizado por Vox- y se limitó a enviar un mensaje enlatado y más bien frío, centrado en la posición de ECR sobre Gaza y en la necesidad de unidad en Europa frente a Rusia en la guerra de Ucrania, marcando así distancias estratégicas con el grupo Patriots que preside Abascal. La segunda fue aún más evidente: en diciembre, Meloni no incluyó a Abascal entre los invitados a la gala de los Premios Atreju, un evento emblemático de Fratelli d’Italia que funciona como escaparate cultural y político desde los años noventa.
A esto se sumó una tercera controversia a finales de 2025: varios medios informaron de que la participación de Iván Espinosa de los Monteros en un acto del eurogrupo ECR en Valencia motivó un viaje exprés de Abascal a Roma. Según esas informaciones, ese viaje fue exprofeso para exigir a Meloni que impidiese la intervención de Iván Espinosa, algo que ella no aceptó. La charla se celebró y la relación entre ambos quedó, al menos públicamente, más marcada por la frialdad.
El 2026 promete nuevas aventuras-derechistas de la mano de nuestro galán españolísimo, porque hay más gasolina en el ambiente y no precisamente para echar al Mini de la Meloni, pues en Budapest ya se preguntan abiertamente a qué juega Abascal -o a qué juegan con él su traductor Gabriel Ariza y el pequeño búnker que lo rodea-, porque los desplantes acumulados durante el pasado año a Viktor Orbán y los suyos, las rabietas y la torpeza estratégica empiezan a hacer mella incluso entre quienes lo habían tratado como el niño mimado de Patriots.
Y todos esos desencuentros y torpezas abascalianas con los lideres europeos intentan ahora sepultarse bajo toneladas de publicaciones en redes sociales -fotos, tuits, reels y demás munición digital-en una avalancha de gestos cuidadosamente fabricados para Instagram, TikTok, X o Facebook. Pero, pese a tanto envoltorio digital, el arranque de 2026 nos ha regalado una imagen tan inesperada como reveladora: la recreación involuntaria de Las nenas del mini mini. Una escena que recuerda que, como en aquella película, el coche era uno solo… y quien marcaba el ritmo era la mujer moderna.
Y por mucho que nuestro galán testosterónico se empeñe en posar con su “nena” y en inundar las redes con vídeos -ya sea subido a un Mini o a lomos de un caballo-, el volante -y la nueva dirección de la derecha europea- no lo lleva él. Ni cientos de fotos ni el mejor filtro de redes sociales consiguen maquillar lo evidente: en esta historia, la distancia entre ambas derechas ya no se puede esconder en algo tan pequeño como un mini mini. Al fin y al cabo, en el espacio del Mini apenas hay sitio para uno… y mucho menos para dos proyectos políticos que ya ni siquiera caben en la misma foto.