Sanchismo contra Julismo
En los 80 y en los 90, prácticamente no recordamos escándalos políticos y a la par sexuales, a excepción de aquella inolvidable aparición estelar de un Roldán en gayumbos y a toda plana en el añorado Interviu

Julio Iglesias, en una imagen de archivo 12/5/2014 Europa Press Reportajes / Europa Press 12/5/2014
Agotado el primer asalto de Trump contra el neoestalinismo latino del siglo XXI, y superando a base de litros de suero marca Alka-Seltzer, esta pegajosa resaca causada por el infernal cóctel sanchista de corrupción, drogas, despilfarro, enchufismo, prostitución, machismo, abusos sexuales, apagón, dana, incendios, etc... que nos dejó un infausto 2025, cuando mira tú por donde... y para unirse al akelarre/rave patrio, fue y apareció todo un Julio Iglesias...!
Quién lo iba a decir... del que ya casi no nos acordábamos, que suponíamos por demás delicado de salud y más bien retirado de los escenarios, que cobra sin embargo un inusitado protagonismo, y no por virtuosos motivos precisamente, si no más bien que por las mismas y presuntas y escabrosas razones por las que en los últimos años, han pasado por el paredón social, muy rutilantes miembros de nuestra tan docta clase política e institucional.
Pues si bien en los 80 y en los 90, prácticamente no recordamos escándalos políticos y a la par sexuales, a excepción de aquella inolvidable aparición estelar de un Roldán en gayumbos y a toda plana en el añorado Interviu -y los sonados affaires del emérito, conocidos sus detalles más bien recientemente, y ya en pleno actual siglo-.
Por contra, en este turbulento XXI, y a partir del volquete de lumis del olvidado Granados, las diversas instrucciones penales de nuestros intrépidos políticos, casi siempre han arrojado una gruesa pieza separada, de drogas y prostitución. O de prostitución y de drogas. Según se mire. Lo que obviamente supone descubrir un abuso machista, al menos, en cada caso de nuestra política sazonada de estupefacientes y corrupción.
Así las páginas de nuestros periódicos en lo que llevamos de siglo, bullen por los múltiples escándalos de "lonchas y/o latigazos" y tarjetas vip sacrificadas en los templos de lucecitas de los Eres andaluces; por un Tito Berni- con su misteriosa "Chocho Volador" y sus pastillitas azules...- recibiendo barrigón en ristre a sus entrañables amigues. Pasando por los casos de pederastia y prostitución de menores supuestamente tuteladas, tanto en el caso Oltra, como en las Baleares de Armengol. Hoy mismamente, y por ahora, ya Tercera Autoridad del Estado.
Sin olvidar a Rubiales, que expió pieza separada y exclusiva de escándalo, capirote y juicio sexual. Al igual que Errejón, que de esta misma y única guisa, sigue purgando su supuesta y al parecer frustrada vocación de Grey bolivariano.
No así obviamente Ábalos, Koldo y cía, que a su legendaria pericia en la distracción del erario público, y por presúntamente todos los métodos conocidos, al parecer unieron, y a fuer de socialistas cabales feministas, un desmedido amor al oficio más antiguo del mundo; llegando, cuales típicos y tópicos machirulos franquistas, a "emplear" a sus supuestas abusadas habituales, en los más diversos y públicos negociados. A falta, eso sí, de una gloriosa administración de loterías o de un probo estanco en condiciones, que llevarse a la boca.
Y siempre presúntamente.
Que de Paco Salazar, etc..., mejor no hablamos. Por ahora.