Adiós al museo de Nino Bravo en su pueblo: la familia pide el cierre por el 'abandono' del Ayuntamiento y Valencia se ofrece a acogerlo
El consistorio de Ailo de Malferit, localidad natal del cantante, cierra el espacio tras perder los derechos de imagen y cesión, mientras las hijas del artista denuncian abandono, deterioro de piezas y falta de gestión.

Museo Nino Bravo en Aielo de Malferit
El Museo de Nino Bravo en Aielo de Malferit ha echado el cierre de forma inmediata. El Ayuntamiento de la localidad natal del mítico cantante valenciano ha anunciado la clausura del espacio después de que la familia haya decidido no renovar los contratos de cesión de bienes, marca e imagen del artista, lo que deja al consistorio sin autorización legal para mantener abierto el museo. Una de las hijas del artista, Eva Ferri, ha explicado que el detonante del cierre ha sido la falta de mantenimiento y de dinamización del museo, una situación que, según relata, ha provocado el deterioro de objetos de gran valor sentimental, como decenas de telegramas, e incluso la desaparición de una prenda personal de Nino Bravo.
La decisión fue comunicada oficialmente al Ayuntamiento mediante burofax, obligando a retirar todas las imágenes y referencias al intérprete de Libre y Un beso y una flor. En un bando municipal firmado por el alcalde, Juan Rafael Espí, el consistorio reconoce que se trata de una medida impuesta por la rescisión unilateral de los acuerdos y lamenta tener que cerrar el museo dedicado a uno de los vecinos “más ilustres” del municipio.
Desde el Ayuntamiento de Aielo agradecen a la familia los años de colaboración y se muestran abiertos a retomar el diálogo para intentar reconducir la situación. Sin embargo, la familia del artista asegura que la decisión responde a años de problemas acumulados en la gestión del espacio.
Ferri ha subrayado que no se trata de una decisión improvisada, sino del resultado de un proceso largo en el que han ido detectando humedades, falta de inventariado, ausencia de actividades culturales y escasa apertura al público. Todo ello, añade, en un museo gestionado por un consistorio pequeño que no ha podido garantizar las condiciones necesarias para preservar el legado.
“Salir así de Aielo nos duele, porque es la casa de Nino Bravo”, ha reconocido, aunque insiste en que la prioridad de la familia es proteger la memoria del artista y asegurar que su legado se conserve en las mejores condiciones posibles.
Las piezas regresan a casa… por ahora
La familia tiene previsto recoger el material en las próximas semanas, que volverá temporalmente a su hogar. De cara al futuro, las hijas del cantante se muestran abiertas a que el legado vuelva a exhibirse al público, siempre que exista un proyecto sólido y recursos suficientes para garantizar su conservación.
En ese contexto, Valencia ciudad emerge como una posible alternativa. El Ayuntamiento del cap i casal ha confirmado que mantiene contacto con la familia desde hace tiempo para explorar la posibilidad de acoger el legado de Nino Bravo, aunque por el momento no existe ninguna propuesta cerrada.
Críticas políticas por “mala gestión”
El cierre del museo ha provocado una fuerte reacción política en Aielo de Malferit. El Partido Popular ha cargado contra el equipo de gobierno municipal, al que acusa de dejadez y mala gestión. Según su portavoz, Lucía Bataller, el Ayuntamiento incumplió diversos puntos de los acuerdos con la familia, como la falta de un director del museo, la ausencia de promoción cultural o la no reparación de materiales dañados por el agua.
Para el PP, la situación supone un golpe al principal atractivo cultural y turístico del municipio. “Nino Bravo es nuestra referencia y no entendemos cómo se ha permitido llegar a este punto”, ha lamentado Bataller, quien asegura que la formación trabajará para revertir el cierre y dignificar la memoria del artista.
El museo, inaugurado en 2006, albergaba una valiosa colección de objetos personales y profesionales del cantante, desde trajes de escenario y material audiovisual hasta documentos de su infancia y juventud. Su cierre deja en el aire el futuro de uno de los grandes símbolos culturales de la Comunitat Valenciana, mientras se abre un pulso institucional y emocional sobre dónde y cómo debe conservarse su legado.