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Sanidad intensifica el control en las churrerías de Fallas: más de 700 inspecciones en apenas días

El Ayuntamiento supervisa los 165 puestos de churros y buñuelos instalados en la ciudad y advierte: quien no cumpla las normas higiénico-sanitarias deberá desmontar el puesto.

El Ayuntamiento ha realizado más de 700 inspecciones desde el día 2 de marzo.

El Ayuntamiento ha realizado más de 700 inspecciones desde el día 2 de marzo.

Ramón Martínez
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Las churrerías y puestos de buñuelos son uno de los grandes clásicos de las Fallas de Valencia. Miles de valencianos y visitantes hacen cola cada día para disfrutar de este dulce tan ligado a la fiesta. Pero detrás de cada ración de churros hay también un importante dispositivo de control sanitario para garantizar la seguridad alimentaria durante los días grandes de la ciudad.

La Concejalía de Sanidad y Consumo del Ayuntamiento de Valencia ha intensificado este año las inspecciones higiénico-sanitarias en los puestos instalados con motivo de las Fallas. En total, 165 churrerías permanecen distribuidas por la ciudad entre el 2 y el 19 de marzo: 146 son puestos específicos de Fallas y otras 19 corresponden a bares.

Hasta el momento, el servicio municipal ya ha realizado más de 700 inspecciones en puestos de churros y buñuelos. Durante estas actuaciones también se han llevado a cabo cerca de 600 análisis de aceite, de los cuales 60 han requerido su sustitución, además de unas 40 inspecciones relacionadas con el suministro de agua.

El concejal de Sanidad y Consumo, José Gosálbez, ha participado junto a los inspectores municipales en una demostración práctica de cómo se desarrolla una inspección sanitaria en una churrería. El objetivo, según ha explicado, es trasladar un mensaje claro tanto a los falleros como a los turistas.

“Queremos que los valencianos y los visitantes sepan que existe un control constante y exigente. Todos los puestos deben cumplir las mismas normas y garantizar las mismas condiciones higiénico-sanitarias”, ha señalado el concejal, quien ha advertido además de que los puestos que no cumplan la normativa deberán desmontar su instalación.

Las inspecciones se realizan de forma aleatoria y por sorpresa, pudiendo producirse cualquier día de la semana y a cualquier hora. Durante los controles, los técnicos municipales utilizan medidores de compuestos polares para comprobar la calidad del aceite utilizado en la fritura y verificar que se encuentra dentro de los límites permitidos.

Además, los inspectores revisan aspectos clave como las prácticas de manipulación de alimentos, la conexión a la red municipal de agua, la existencia de calentadores, grifos de accionamiento no manual o el uso de toallas de un solo uso. También se realizan tomas de muestras de agua in situ para analizar su estado químico.

El dispositivo de control no se limita únicamente a las churrerías. Desde el área de Consumo también se supervisa que todos los puestos tengan la lista de precios visible, dispongan de hojas de reclamaciones y entreguen tiquet al cliente cuando lo solicite.

Además, el Ayuntamiento también controla los mercados falleros, que comenzaron a instalarse a partir del 12 de marzo. En total se han autorizado 79 mercados, cada uno con hasta diez puestos de alimentación, que también están sometidos a supervisión sanitaria.

Desde el consistorio recuerdan que todas estas actuaciones se realizan conforme al Bando Fallero, la normativa que regula los puestos de venta durante las fiestas. El objetivo final es claro: que las Fallas sigan siendo una fiesta abierta al mundo, pero también un ejemplo de seguridad alimentaria y protección al consumidor.

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