No caben más elefantes en la ciudad
El Proyecto de la Plaza del Ayuntamiento ha ido tomando forma definitiva al compás de esa teoría de los equilibrios urbanos que una ciudad grande contemporánea exige

El concejal Mundina y la alcaldesa Catalán siguen a pie de calle actuación del Plan Integral del Limpieza que ha comenzado este fin de semana
La alcaldesa de Valencia pasó con nota el severo interrogatorio al que le sometió Las Provincias en su propia casa. Con una audiencia más participativa y de la denominada sociedad civil que institucional -aunque arropada por la práctica totalidad de su grupo municipal y por el conseller de la reconstrucción, Martínez Mus- María José Catalá se manejó con soltura, didáctica y precisa respondiendo a ese tópico de quien “tiene la ciudad en su cabeza”. Usó -sin chuleta- datos, fechas y cifras que no solo dotan de credibilidad a los argumentos, sino que demuestran trabajar con la realidad por encima de las legítimas ambiciones. Y lo hizo en un tono distendido y simpático, tirando de analogías y ejemplos fácilmente comprensibles.
He elegido como titular su comentario relacionado con la necesidad de una nueva Estación Central de Autobuses. Hace más de dos décadas que mis estudiantes de arquitectura investigaron y redactaron sus proyectos de fin de carrera sobre una alternativa de ubicación a la actual -obsoleta también funcionalmente- e interesantes propuestas espaciales y formales con este tema. No es infrecuente que la universidad se adelante a situaciones críticas y la alcaldesa está sabiendo dejarse asesorar por el sistema universitario valenciano, al que al fin y al cabo también pertenece.
Desafortunadamente supimos por la noche que Sergio Scariolo, es -como ella dijo- su único oponente temido. Y así todo, que no se descuide el italiano, porque el baloncesto taronja trabaja duro, constante y con la debida ambición. Como lo hace su equipo de concejales.
Es cierto que a menudo ha utilizado el término “joya de la corona” para referirse al Jardín del Turia. El propio medio organizador se sirvió de él en el primer titular sobre la convocatoria. Ese jardín que fue llit , “voliem verd” y verd ho tenim, celosamente custodiado por los pretiles de la municipal Fábrica de Murs y Valls creada en 1358 tras una peligrosa crecida.
La corona se compone con L’Albufera -que también encarna su propio episodio reivindicativo y de participación ciudadana- y L’Horta, hasta formar ese ecosistema verde singular único en el panorama urbano europeo y para el que a menudo reivindico candidatura de Evento Internacional que enlace con la Exposición Regional de 1909 y con los espectaculares resultados -también en la construcción e imagen de la ciudad- que trascendieron su proyección geográfica.
Pasados los plazos razonables y vencidas las resistencias iniciales de unos y otros el Proyecto de la Plaza del Ayuntamiento ha ido tomando forma definitiva al compás de esa teoría de los equilibrios urbanos que una ciudad grande contemporánea exige. Apenas hizo falta insistir en la noción metropolitana que la alcaldesa tiene demostradamente asumida, y que aun la complejidad legislativa para su implantación administrativa solo necesita de la creación de una pequeña oficina ejecutiva que diseñe el modelo territorial y de gestión compartida y lo eleve a la categoría de Plan.
En ese contexto de efemérides históricas y culturales, que incluye a los antiguos edificios de Correos y Hacienda, a Sorolla y Valdés, un servidor hubiera preguntado por el inminente año Blasco Ibáñez. En el Consell Valencià de Cultura se puso en marcha una comisión temporal de trabajo con el título “Valencians universals hui” y naturalmente, por su actualidad, el escritor ocupa lugar preferente.
El ritmo trepidante de preguntas bien enlazadas y respuestas que parecieran intuir la siguiente me permitió consolidar una hipótesis que acerco poder demostrar de que en esa bien amueblada cabeza de mujer cabe bien esta Valencia de nuestros pecados. Y con menos elefantes.