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Otro viernes de excelencia. Sin nostalgia alguna

Su proclama de la libertad de cátedra e investigación como indicadores de madurez democrática, merece el reconocimiento permanente de Roca Junyent en el frontispicio universitario español

Miquel Roca, investido doctor 'honoris causa' por la UPV

Miquel Roca, investido doctor 'honoris causa' por la UPV

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Llámenme optimista o ingenuo. Ambas cosas si les parece, pero permítanme mantenerme atento a cuanto de excelencia nos procura el diario cultural y científico de esta ciudad cada día más viva y creativa. Y déjenme proclamarlo así a diferencia de tanta queja y voz de protesta justificada en contenido, o exceso de oportunismo partidista y directa confrontación con la realidad. Cito la nostalgia en el titular en aras de no confundir la lección de la historia con su interpretación extemporánea.

El viernes pasado asistí al acto de clausura del curso académico de mi alma mater, la UPV. Allí tuvimos cuenta de la amplia nómina de nuevos doctores en áreas estratégicas -por vez primera una religiosa de la Pureza de María, investigadora en el ámbito de la comunicación digital entre la juventud- que da una idea de su permanente conexión con las necesidades y anhelos de la sociedad valenciana.

Luego, embelesado, al Doctorado por Causa de Honor del ya doctor Miquel Roca Junyent, abogado de excelencia en activo y padre de la Constitución española.

Unió a su lección magistral para agradecer la alta distinción académica, una no menor de sencillez y humildad no fingida que procura cercanía y respeto por igual. Su proclama de la libertad de cátedra e investigación como indicadores de madurez democrática, merece su inscripción permanente en el frontispicio universitario español. Y sus acertadas y ponderadas reflexiones sobre la IA y el ordenamiento jurídico, tan alejadas de alarmas como conscientes de riesgos y amenazas, concuerdan con la práctica en curso al respecto en la propia UPV. No pasó desapercibido para el rector José Capilla, quien así lo señaló en su respuesta final junto al balance de hechos y datos recientes, ni la apuesta estratégica por el nuevo campus de la UPV en China.

Por la tarde, en el IVAM, a la presentación de la Fundación de la Casa Museo Pinazo, que es a la vez la historia viva de cinco generaciones entregadas al legado del pintor valenciano que enlaza con lo mejor de su época en Europa y que Sorolla reconoció como maestro. Un lujo para Valencia y la CV en su conjunto. Una audiencia de primera llenó el Auditorio Carmen Alborch para oír de la directora Blanca de la Torre una valoración muy oportuna del legado que materializa su importancia en el acervo del museo. Y a mi colega José Ignacio Pinazo, glosar con igual rigor y emoción los objetivos y propósitos de la Fundación que preside. En la sala de la muralla, puede verse la muestra comisariada por el profesor Javier Pérez Rojas que exhibe, por vez primera, obras de Marisa Pinazo. Y bien que lo celebramos con patronos, amigos y autoridades.

No así un par de días antes cuando una manifestación tomó inoportunamente las salas que exhiben parte de la colección permanente, poniendo en riesgo la seguridad y ejerciendo un acoso inadmisible sobre la Secretaria Autonómica de Cultura. Una selección abundante a la que superponer en su caso itinerarios temáticos que visitaré con más detalle y sin algarabías, en la que -salvo error- me extrañó la ausencia de la importancia de Gerardo Rueda. Pocas dudas caben, sin embargo, de la excelencia de la colección y de su acreditada autoría, por lo que me uno a quienes están saludando la iniciativa en la línea impulsada por su actual dirección.

De manera que me admitirán que el recuerdo histórico, basado en hechos y testigos, es más allá del reconocimiento justo, guía de futuro. De lo que ya saben que me congratulo habitualmente.

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