RCD Espanyol

Joan García al Barça: beso al escudo antes de una terrible traición al Espanyol

El portero perico se marcha al eterno rival barcelonés después de haber protagonizado emotivas escenas hace apenas dos semanas. Su no convocatoria con la Selección levanta suspicacias: su precio es menor

Joan Garcia, guardameta del Espanyol pretendido por el BarçaJavier Borrego

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Mariola López

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Joan García, portero titular del RCD Espanyol y una de las revelaciones del curso en LaLiga, está a punto de protagonizar una de las historias más dolorosas para el sentimiento perico en los últimos años. El FC Barcelona ha movido ficha para fichar al joven guardameta y, salvo giro inesperado, ejecutará su cláusula de rescisión de 25 millones de euros. La noticia ha caído como una bomba en Cornellà, donde su nombre pasará, para muchos, de ídolo a villano en tiempo récord.

La indignación no nace solo del traspaso en sí, sino del contexto: hace apenas unas semanas, en el último partido de la temporada en el RCDE Stadium, Joan besó el escudo del Espanyol ante una grada que lo ovacionaba de pie. Ese gesto, hoy, duele. Las redes sociales se han llenado de mensajes acusándolo de desleal y traidor. “Nos besó para callarnos mientras pactaba con el Barça”, rezaba una de las pancartas que apareció este martes en las inmediaciones del estadio.

Desde el punto de vista deportivo, el Barça busca una alternativa joven y solvente a Ter Stegen, cuya salida supondría además aligerar la carga salarial y solucionar problemas de fair play financiero, y Joan encaja perfectamente en el perfil: seguro bajo palos, líder silencioso y con un gran juego de pies. El hecho de ser canterano del Espanyol, irónicamente, es un valor añadido para el club azulgrana, que valora su adaptación rápida al entorno. En los despachos del Camp Nou confían en cerrar la operación antes de que finalice la próxima semana.

El factor De la Fuente

Y ahí entra el otro factor que ha elevado la temperatura del caso: Joan García no fue convocado por Luis de la Fuente para la Final Four de la Liga de Naciones, pese a sus méritos. Según diversos analistas, si el seleccionador lo hubiese incluido, su cláusula habría subido automáticamente hasta los 30 millones. El hecho de que eso no ocurriera ha desatado suspicacias en el entorno blanquiazul, donde más de uno ve la omisión como un guiño encubierto al Barça. Algunos medios catalanes incluso insinúan que desde la Ciudad del Fútbol se habría actuado “con discreta complicidad” para facilitar el fichaje.

El silencio del jugador, que ni desmiente ni confirma, tampoco ayuda a calmar los ánimos. Desde el club se desliza que Joan está “dolido por las reacciones” pero no se plantea romper su palabra con el Barcelona. Mientras tanto, la dirección deportiva del Espanyol trata de digerir una operación envenenada: se marcha su mejor jugador, rumbo al eterno rival, y a precio de saldo. Aunque se ejecute la cláusula, el golpe anímico parece irreparable.

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Para el barcelonismo, el movimiento tendría lógica tanto en lo deportivo como en lo simbólico: arrebatar a su vecino uno de sus mayores activos y reforzarse con un portero de garantías de cara al futuro. Para el espanyolismo, sin embargo, este traspaso no es un episodio de mercado más: es una humillación, una herida profunda y un recuerdo que costará perdonar.