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Iñaki Williams presume de ejemplo contra el racismo y calla ante el odio en su entorno

Elevado al rango de símbolo por su activismo contra la discriminación, evita condenar la xenofobia y el silencio cómplice que lo rodea, y jamás aclaró un violento episodio machista que empañó su pasado.

Nico Williams e Iñaki Williams, del Athletic Club.

Nico Williams e Iñaki Williams, del Athletic Club.RICARDO LARREINA / EUROPA PRESS

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Mariola López

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La proclamación de Iñaki Williams como nuevo capitán del Athletic Club coincide con una etapa personal y profesional de plenitud: será padre por primera vez, acumula temporadas de regularidad y se ha consolidado como uno de los rostros más visibles del fútbol español en la lucha contra el racismo. Pero la épica de su relato esconde sombras, contradicciones y, sobre todo, silencios. Estruendosos silencios.

En su primera rueda de prensa como capitán rojiblanco, Williams no esquivó el terreno político: “Parece que la ultraderecha está de moda, así que los que tenemos voz intentaremos seguir trabajando para seguir callando bocas y tirando barreras”. Hablaba como figura referente para jóvenes migrantes, una voz contra la intolerancia. Pero evitó, una vez más, señalar la xenofobia que ha habitado –y en muchos sectores, aún habita– en el nacionalismo vasco más extremo.

Resulta cuanto menos paradójico que un hombre que se reivindica como símbolo de integración haya hecho carrera en un club cuya afición, en parte significativa, respalda a una fuerza política como Bildu, herederos directos del entorno abertzale más radical, que históricamente negó el reconocimiento a quienes no tenían “ADN vasco”. A eso, Williams nunca ha dedicado una sola palabra.

El jugador se considera referente en Euskadi, pero jamás ha condenado explícitamente los años de terror vividos por tantos “maketos” —término despectivo usado para referirse a españoles no vascos— que fueron víctimas de persecución política, social y cultural por parte del entorno filoetarra. ¿Es coherente alzar la voz contra el racismo en los estadios y guardar silencio sobre la exclusión sufrida en su tierra por quienes, como él, no encajan en ciertos relatos identitarios?

Su biografía pública tiene además un episodio turbio: en agosto de 2018, Williams protagonizó un violento altercado con su pareja, Patricia Morales, que hoy es su mujer, en plena calle. Según recogieron varios medios, ambos se insultaron, escupieron y empujaron ante testigos en  unos hechos que fueron incluso difundidos en vídeo. Aquel suceso nunca tuvo consecuencias judiciales ni deportivas, y fue rápidamente olvidado por su entorno. Hoy, convertido en adalid de la tolerancia, el jugador olvida que resolvió aquella lamentable escena solicitando que se retirase el vídeo de redes sociales porque fue grabado sin su consentimiento. Aún hoy lo pueden encontrar si lo buscan.

Es legítimo que el delantero del Athletic utilice su visibilidad para luchar contra el racismo. Pero resulta difícil ignorar que su compromiso se manifiesta selectivamente: se siente cómodo señalando a la ultraderecha española, pero jamás al racismo estructural que durante décadas ha calado en parte del nacionalismo vasco. No hay una sola frase suya que cuestione esas derivas ideológicas.

Williams ha dicho sentirse “orgulloso” de representar a quienes vienen “de fuera para ganarse el pan”, pero ignora que, en su propio entorno, miles de familias inmigrantes sufren estigmatización y aislamiento por no compartir apellido vasco ni hablar euskera. ¿Dónde está su activismo para con ellos?

El brazalete de capitán debería implicar responsabilidad más allá del terreno de juego. El silencio, a veces, también es una forma de cobardía. Y en ciertos temas, Iñaki Williams prefiere mirar hacia otro lado.

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