Roland Garros
Bombazo: el calor tumba a Sinner en la segunda ronda del Roland Garros
El tenista italiano, agobiado por el calor, sufre un durísimo revés tras encadenar éxitos consecutivos enMontecarlo, Madrid y Roma.

Sinner, fuera en la segunda ronda del Roland Garros
Sorpresa mayúscula en Roland Garros. El número uno del mundo, Jannik Sinner, quedó eliminado en segunda ronda tras caer ante el argentino Juan Manuel Cerúndolo en un partido completamente inesperado que terminó resolviéndose en cinco sets (3-6, 2-6, 7-5, 6-1, 6-1).
Todo parecía encaminado hacia una victoria cómoda del italiano. Sinner dominaba con claridad, había ganado los dos primeros parciales y mandaba 5-1 en el tercero, mostrando el mismo nivel arrollador con el que había aterrizado en París tras conquistar Montecarlo, Madrid y Roma. Con Carlos Alcaraz fuera del torneo por lesión, el italiano aparecía además como el gran favorito al título.
Pero el partido cambió de forma radical. En pleno tercer set, Sinner comenzó a sufrir físicamente por un golpe de calor que afectó por completo a su rendimiento. Lo que parecía un trámite se convirtió en un escenario cada vez más complicado para el líder del ranking, incapaz de recuperar la energía ni el control del encuentro.
Cerúndolo aprovechó el momento con enorme determinación. El argentino enlazó seis juegos consecutivos para llevarse el tercer set y, lejos de conformarse, mantuvo la presión en las dos mangas siguientes. Más fresco, más agresivo y creciendo en confianza, terminó desbordando a un Sinner cada vez más apagado.
Los dos últimos sets reflejaron por completo el vuelco del partido: un doble 6-1 para el argentino que silenció la Philippe-Chatrier y firmó una de las grandes sorpresas del torneo. Cerúndolo, que parecía condenado cuando estaba 5-1 abajo en el tercero, acabó derribando al jugador más dominante de la temporada.
La derrota supone un duro golpe para Sinner, que seguirá sin conquistar Roland Garros y tendrá que esperar para completar su colección de Grand Slams. París, una vez más, se le resiste. Y esta vez no fue una raqueta rival la que cambió el partido, sino el termómetro.