Erola Jons despereza La Vuelta
La creadora de contenido Erola Jons
Erola Jons ha llamado Pogachitar a Pogacar y media profesión ha reaccionado como si hubiera empujado al pelotón por un barranco. Algunas bromas fueron torpes, otras discutibles y una retirada a tiempo habría sido inteligente. Pero convertir una gamberrada en un concilio moral demuestra precisamente por qué La Vuelta la necesitaba. El olorcillo a Santa Inquisición es bastante peor que una metedura de pata.
RTVE dispone de periodistas, narradores, cámaras, radios, canales y décadas de experiencia para explicar ciclismo. La prensa especializada también. Erola no fue contratada para competir con Carlos de Andrés ni para recitar la general: llegó para entrar donde ellos no entran. Exigirle que hable como ellos sería pagar por una fotocopia.
El ciclismo necesita abrir las ventanas. Arrastra la mancha histórica del dopaje, ofrece en la era de la inmediatez etapas de cinco horas donde apenas pasa nada y no consigue seducir fácilmente a una generación criada en vídeos de treinta segundos. Puede gustarnos poco, pero ese público no aparecerá por generación espontánea mientras casi doscientos corredores atraviesan otro paisaje precioso: nada que no veamos entre los cicloturistas todos los fines de semana.
Los números explican el enfado mejor que los sermones. En X, el vídeo oficial que presentaba a Erola superó las 1.500 respuestas. No demuestra que gustara, sino que rompió la indiferencia. Y a los patrocinadores, que pagan la fiesta, también les compran conversación y visibilidad.
Erola no informa, ni quiere hacerlo: entretiene. Y parece que entretiene mucho más que quienes llevan años explicándole el ciclismo a un público cada vez más envejecido. Nadie posee la verdad absoluta ni el mando a distancia de lo que los demás deben ver. Si la audiencia responde, el experimento funciona. Lo demás es corporativismo con culotte apretado porque las audiencias, ay, se mueven por donde ellas quieren. Y no solo en el ciclismo.