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Quién es Ai Tsunoda, la campeona del mundo que nació criada para ganar
Nació en Lleida, tiene padre japonés y madre francesa, pertenece a una dinastía de judocas y acaba de vengar en Bakú la derrota olímpica ante la misma rival que la dejó sin medalla en París

Ai Tsunoda, campeona del mundo de Judo
Ai Tsunoda empezó a hacer judo con tres años. Podría decirse que llegó tarde. En su familia llevaban cuatro generaciones dedicándose a ese deporte y, cuando nació, el tatami ya era mucho más que un lugar donde entrenar. Era prácticamente una herencia que esperaba a la pequeña.
Veinticuatro años después de su nacimiento en Lleida, aquella niña de padre japonés y madre francesa acaba de proclamarse campeona del mundo en Bakú. Y lo ha hecho derrotando a una rival que conocía demasiado bien: Michaela Polleres, la austríaca que la dejó sin bronce en los Juegos Olímpicos de París.
Pero para entender a Ai Tsunoda hay que empezar bastante antes, por unas vacaciones. Sus padres, Go Tsunoda y Céline Roustant, llegaron a España de visita, les gustó lo que encontraron y terminaron instalándose en Lleida. Allí abrieron un dojo y formaron una familia en la que el judo nunca fue una actividad extraescolar.
Go, japonés, había trabajado como entrenador de selecciones nacionales. Céline, francesa, también era judoca y durante cinco años condujo camiones por España, saliendo los domingos y regresando los viernes. Mientras tanto, su marido enseñaba judo a Ai. Después cambiarían los papeles y ambos acabarían convirtiéndose en sus entrenadores.
Lo curioso es que tampoco entrenan igual. La propia Ai lo ha explicado con una comparación estupenda: su madre funciona como una matemática y su padre, como un artista. Céline controla el trabajo diario; Go pule los detalles técnicos. Desde Japón, el abuelo Makoto, también maestro de judo, sigue los combates y aporta consejos.
Cuatro generaciones de judocas desembocaron así en una niña que respondió pronto a semejante herencia. Tsunoda fue campeona del mundo cadete en 2019 y conquistó dos títulos mundiales júnior consecutivos, en 2021 y 2022. Ganaba tanto y tan joven que podía parecer que el camino hacia la gloria estaba despejado.
No lo estaba. En 2023 se marchó a Japón para estudiar Artes Marciales en la Universidad de Tokai, buscando también cierta independencia y una forma diferente de conocerse fuera del entorno familiar. Seguía entrenándose y compitiendo al máximo nivel, pero empezaba a construir su propio camino entre sus dos mundos, España y Japón.
París 2024 le reservaba el golpe que faltaba en aquella educación sentimental. Tsunoda llegó a sus primeros Juegos Olímpicos con aspiraciones de podio y acabó quinta. Precisamente Michaela Polleres la derrotó en el combate por el bronce. Diploma olímpico para España, sí. La medalla con la que había soñado, no.
Dos años después, el destino volvió a colocar a Polleres delante. Esta vez había un título mundial en juego y el desenlace fue diferente: la austríaca terminó descalificada tras acumular tres penalizaciones y Ai Tsunoda se convirtió en la tercera española campeona del mundo de judo, después de Miriam Blasco e Isabel Fernández.
Ahora espera Los Ángeles 2028 y esa medalla olímpica que se le escapó en París. Su padre le enseñó a derribar, su madre a trabajar cada detalle y su abuelo sigue observando desde Japón. Pero la última lección la aprendió sola: también se puede llegar a lo más alto después de haber caído.