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Alonso y Sainz se desesperan con sus bólidos el día que Verstappen conquista Singapur

El neerlandés consigue su primera victoria en Marina Bay, los españoles terminan fuera de los puntos y el líder del campeonato llegará a Austin con su primera oportunidad matemática de proclamarse campeón mundial

Verstappen ganó en Singapur ante la desesperación de Alonso y SainzGetty Images

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La misma noche (singapureña) en la que Max Verstappen celebraba una victoria largamente perseguida, Fernando Alonso y Carlos Sainz abandonaban Singapur desesperados con sus monoplazas. El neerlandés conquistó por fin Marina Bay, los españoles terminaron decimosexto y decimocuarto y Kimi Antonelli dio otro paso hacia un Mundial que podría resolver dentro de dos semanas.

Verstappen dominó el Gran Premio desde la pole y completó las 62 vueltas con siete segundos de ventaja sobre Charles Leclerc, beneficiado por una estrategia de Ferrari que hundió a Lewis Hamilton de manera consciente. Antonelli ocupó el tercer escalón del podio, por delante de Lando Norris y Oscar Piastri. El piloto de Red Bull consiguió así su segunda victoria consecutiva, después de imponerse también en Bahréin.

El triunfo tenía un significado especial para el tetracampeón. Singapur se le había resistido durante nueve participaciones anteriores, pese a haber subido cuatro veces al podio. En su décimo intento, coincidiendo con su carrera número 250 en Fórmula 1, consiguió borrar aquella cuenta pendiente. Ahora sólo le falta ganar en el nuevo circuito de Madrid entre los trazados del calendario actual para tener todos los trofeos en casa.

Alonso vuelve a desesperarse con Honda

Muy lejos de la celebración de Verstappen, Fernando Alonso protagonizó otra carrera para olvidar. Aston Martin había cambiado componentes de su unidad de potencia Honda y modificado la configuración del coche, lo que obligó al asturiano a salir desde el pitlane. Las modificaciones no consiguieron resolver sus problemas.

Alonso terminó decimosexto después de sufrir dificultades con la entrega de energía eléctrica. El motor no respondía cuando necesitaba acelerar y perdía terreno frente a sus rivales en las rectas. Su frustración estalló por radio, donde calificó de "ridículo" el funcionamiento de la unidad de potencia japonesa. No fue el famoso "GP2 engine", pero casi.

El bicampeón explicó después que la energía no se desplegaba en el lugar ni en el momento adecuados. Llegó a calcular pérdidas respecto a sus adversarios de entre 200 y 300 metros en algunas rectas. El problema preocupa especialmente porque Aston Martin todavía no ha encontrado una explicación satisfactoria a un comportamiento que amenaza con repetirse en otros circuitos.

Sainz asume que Williams no tiene coche para puntuar

Carlos Sainz tampoco encontró consuelo en Marina Bay. El madrileño realizó una buena salida, ganó posiciones y trató de aprovechar los neumáticos blandos para acercarse a los puntos. Pero los problemas de batería durante las cinco primeras vueltas y la falta de ritmo acabaron imponiéndose. Cruzó la meta decimocuarto.

Su diagnóstico al terminar fue demoledor: "No tenemos coche para puntuar, no lo vamos a tener hasta final de año desgraciadamente, así que hay que sobrevivir con lo que tenemos". Sainz admitió que, incluso sin el contratiempo inicial, sus rivales habrían terminado adelantándole por la diferencia de rendimiento.

Antonelli tendrá su primer "match-ball" en Austin

Mientras los españoles sufrían y Verstappen celebraba, Kimi Antonelli dio otro paso hacia el título. El italiano terminó tercero y aprovechó el noveno puesto de George Russell para ampliar hasta 102 puntos su ventaja sobre su compañero de Mercedes. Con seis Grandes Premios pendientes, el Mundial empieza a quedarse sin margen para sus perseguidores.

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La próxima carrera se disputará en Austin, del 23 al 25 de octubre. Allí Antonelli tendrá su primera oportunidad matemática de proclamarse campeón. Para conseguirlo deberá ampliar lo suficiente su ventaja sobre Russell y los demás aspirantes que todavía conservan opciones, entre ellos Lewis Hamilton, Verstappen y Leclerc. Con sólo 20 años, el italiano podría convertirse en el campeón mundial más joven de la historia