PSG: París Se Goza (desde que manda Luis Enrique)
Luis Enrique, entrenador de esa oda al fútbol que se llama PSG
Tendrán que reconocer que, cuando lean este bolito, me mereceré que me regalen una gorra de Gucci (Trucci, en el argot) falsa y un chándal marrón de imitación. Pero es que es imposible, absolutamente imposible, no rendirse ante este PSG que Luis Enrique ha fabricado en París. Menudo equipazo, menuda gozada verle jugar si te gusta eso de veintidós señores sudaos en calzoncillos corriendo tras una pelota.
El PSG, ese club-estado que provoca la ira de tanto iletrado que no quiere que la gente se gaste su dinero (no el público o el obtenido en mordidas, no: el suyo) en lo que le da la real gana, está a un paso de convertirse en un equipo legendario y de entrar en la historia con letras de oro. Un club fundado en 1970 que ya se codea con lo más granado del fútbol europeo. Sólo cuatro equipos (el Madrid de Di Stéfano, el Bayern de Beckenbauer, el Ajax de Cruyff y el Madrid de Cristiano) han conseguido ganar tres veces consecutivas la Copa de Europa, la Champions. El PSG de Luis Enrique lleva dos y a ver quién le pone el cascabel al gato.
Ahora fíjense en el párrafo anterior, si tienen un ratito. Di Stéfano, Beckenbauer, Cruyff y Cristiano. Y Luis Enrique. Porque el PSG de Luis Enrique es un equipo de entrenador, de autor. Un equipo en el que todos los futbolistas juegan supeditados a las necesidades del partido. Un roster infinito de jugadores entregados a la causa. Una plantilla, además, espectacularmente bien gestionada, más allá de que Luis Enrique (tengo que reconocer que a mí no me cae tan mal, pero es que a mí me caen bien los bordes y aborrezco a los lilas bienquedas) tenga un carácter de mil demonios.
Este verano, cuando algunos sirenos (porque ponen sirenas en sus posteos de twitter y montan mucha escandalera para nada) se tiraron el pisto diciendo que el Real Madrid quería a Vitinha o a Joao Neves, tuve la ocasión de hablar con el entorno de los dos futbolistas. Y eso da la pista de cómo es este PSG.
"¿De verdad alguien se piensa que quieren irse de París? Son los vigentes campeones de Europa, tienen a tiro hacer historia, viven en una ciudad espectacular (ndr: si no fuera por los parisinos y por ese puñetero frío húmedo que te hace pasar seis meses al año más azul que Papá Pitufo, lo compro), cobran una morterada (otra ndr: Vitinha gana lo mismo que Mbappé), la Liga francesa es blandita y permite que haya rotaciones masivas para llegar a tope a la Champions... Y encima Luis Enrique es un genio que saca lo mejor de cada uno". Más claro, agua.
Después de ver las tundas que el PSG le ha pegado en Champions al City en Manchester y al Barcelona en París, uno no puede sino intentar encajar la mandíbula en su sitio. Han sido dos exhibiciones parisinas, un equipo que cuando le da al botón de "turbo" aplasta sin piedad a quien tenga enfrente, por muy bueno que se crea. Sí, es cierto, ha tenido desconexiones, pero también reconozcan que mantener la intensidad en octubre durante 90 minutos, cuando lo mollar es a partir de marzo, tampoco tiene mucho sentido.
Este equipo ataca como un enjambre de abejas. El lateral te aparece de delantero centro en un contraataque; los medio centros descerrajan pases en la frontal como si fueran media puntas; los delanteros parecen estar en una fiesta rave porque no paran de agitarse por todo el frente de ataque haciendo que sean indefendibles; los centrales tienen tan buen pie para sacar el balón jugado que seguro que Guardiola se piensa que los han criado en La Masía...
Y por encima de ellos, un Luis Enrique que ha desterrado la fiesta del ego que era ese equipo antes de su llegada para hacer una orquesta sinfónica que todos queremos escuchar una y otra vez. Hasta la Danza de las Chirimoyas de David Sánchez tiene que sonar bien bajo la batuta del asturiano.
Iba a preguntarme qué pensará Mbappé mirando desde la distancia los éxitos parisinos ahora que no está, pero para qué: con Ester Expósito al lado no creo que tenga mucho tiempo para pensar. Se lo dije al empezar: no me digan que no me merezco una gorrita de Trucci como regalo. Las señas las tienen en la sección contacto del pie de este nuestro diario digital. Talla XL, que soy (muy) cabezota. El chándal marrón ya se lo digo yo: se lo ahorran.