El mito de los fondistas kenianos se derrumba: Jepchirchir da positivo y ya van 140 cazados
La campeona olímpica y mundial de maratón ha sido suspendida provisionalmente tras detectarse EPO en un control. Su caso agranda una lista demoledora en el país que convirtió correr en una industria mítica de campeones
La multicampeona keniata Peres Jepchirchir ha dado positivo por EPO
A 2.400 metros sobre el nivel del mar, donde empieza a faltar el oxígeno pero parecen sobrar corredores, un arco recibe al visitante de Iten, en pleno Rift Valley, con una leyenda que durante décadas nadie se atrevió a discutir: "Home of Champions". La casa de los campeones.
No es una fanfarronada municipal. Por los caminos de tierra roja de esta zona de Kenia se entrenan desde hace décadas algunos de los mejores fondistas del planeta. Muchos pertenecen al universo Kalenjin, la comunidad de la que ha salido una cantidad asombrosa de medallistas, plusmarquistas y vencedores de las grandes carreras internacionales. Durante décadas construyeron un mito. Pero esos mitos han comenzado a caer como un Ícaro con las alas derretidas.
La última es Peres Jepchirchir. Para quien no siga el atletismo, basta traducir el currículum: campeona olímpica de maratón en Tokio, vigente campeona mundial y ganadora en Nueva York, Boston y Londres. No es una buena corredora keniana. Es una de las grandes maratonianas de este siglo.
La Athletics Integrity Unit (AIU) la ha suspendido provisionalmente después de detectar EPO en una muestra recogida tras su triunfo en la maratón de Sydney. Jepchirchir tiene abierto ahora el correspondiente procedimiento y no existe todavía una sanción definitiva. Pero es un golpe al prestigio del fondo keniano que tal vez, a estas alturas, sea ya irreversible.
Más de 140 ya no son cuatro tramposos
Jepchirchir sería una bomba aunque estuviera sola. El problema es precisamente que no lo está. Más de 140 atletas kenianos han sido suspendidos o sancionados por la AIU desde 2017. Para llenar tres autobuses.
Y entre ellos aparecen apellidos que no necesitan presentación para entender su dimensión. Ruth Chepngetich llevó el récord mundial femenino de maratón hasta 2h09:56 antes de recibir una sanción de tres años. Rhonex Kipruto fue plusmarquista mundial de 10 kilómetros. Lawrence Cherono ganó Boston y Chicago.
La EPO tampoco necesita demasiadas explicaciones. Estimula la producción de glóbulos rojos y aumenta la capacidad de transportar oxígeno. Para el lector europeo tiene además un sonido conocido: bicicletas subiendo puertos imposibles, transfusiones de sangre y algunos de los años más oscuros del ciclismo. Para el español, el bochorno internacional de Juanito Muehlegg y el manto oscuro de la Operación Puerto.
En un país que ha hecho de la resistencia su gran potencia deportiva, el problema ha adquirido tal dimensión que Kenia lleva una década sometida a vigilancia especial. El propio Gobierno llegó a declarar el dopaje una amenaza nacional y ha destinado recursos extraordinarios a combatirlo.
Kenia no es Rusia
La acumulación conduce inevitablemente a una palabra peligrosa: sistema. Y el deporte ya sabe lo que significa cuando el dopaje deja de ser cosa de un tramposo para convertirse en algo mayor. Lo sufrió con la RDA, donde llegó a formar parte de una maquinaria de Estado; con Rusia y su entramado de dopaje y encubrimiento institucional; y ha mirado durante décadas con sospecha a China tras sucesivos escándalos, especialmente en la natación.
Pero Kenia, al menos con lo conocido hasta ahora, no es ninguno de esos casos. No existen pruebas acreditadas de que el Estado organice un programa de dopaje. El problema que han ido dibujando las investigaciones es distinto y quizá más difícil de extirpar: un ecosistema alrededor de los fondistas en el que aparecen entrenadores, representantes, personal sanitario, acceso relativamente sencillo a determinadas sustancias y muchísimo dinero en juego.
Eso tampoco permite despachar más de 140 casos como una colección de tramposos que casualmente eligieron el mismo deporte y el mismo país.
World Athletics lleva años intentando contener el problema con controles adicionales y requisitos especiales para los atletas kenianos. Sebastian Coe ha defendido combatirlo sin aplicar al país el castigo colectivo que sufrió Rusia. Mientras tanto, el contador ha seguido creciendo y los nombres que aparecen en él son cada vez más difíciles de esconder debajo de la alfombra.
Jepchirchir tendrá derecho a explicar su positivo y defenderse en el procedimiento abierto. El fondo keniano tiene un problema bastante mayor: explicar por qué, después de tantos años de controles, advertencias y sanciones, siguen cayendo algunos de sus mejores campeones.
Mañana, a la entrada de Iten, seguirá estando el mismo arco: "Home of Champions". La casa de los campeones. Lo difícil empieza a ser saber cuántos son capaces de salir limpios de ella.