De Mbappé a la NBA: cómo China consigue que el deporte mundial pida perdón

Una broma del delantero del Real Madrid ha provocado tres rupturas publicitarias y un apagón televisivo. El precedente del baloncesto estadounidense demuestra que estos conflictos pueden costar cientos de millones de euros

Mbappé, imagen de una bebida china

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Miguel Queipo de Llano

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Kylian Mbappé hizo una gracieta sobre un meme, China dejó de reírse y Javier Tebas se bajó los pantalones. También lo hicieron el Real Madrid y el propio futbolista. Lo que parecía una anécdota de para compartir el ingenio con los compañeros de vestuario se ha convertido en una crisis comercial que afecta a bastante más gente que al delantero francés. Y, como suele ocurrir cuando el deporte se mezcla con los grandes negocios, y con casi todo, la explicación está en el dinero.

Todo empezó con una entrevista al programa francés The Bridge, grabada meses atrás y recuperada ahora en las redes chinas. Mbappé hablaba de un montaje que colocaba su rostro sobre el de Mao Zedong, fundador de la República Popular China, y se refería a la figura representada como un "dictador chino". El futbolista contaba que utilizaba aquella imagen para bromear con sus amigos.

La gracia duró poco. Dongpeng, Mengniu y Milkground, tres empresas chinas que utilizaban comercialmente su imagen, anunciaron la ruptura de sus acuerdos. La televisión estatal CCTV suspendió las retransmisiones de LaLiga y retiró contenidos relacionados con el jugador, igual que Migu, operador privado que no ofrecerá de momento el Racing-Real Madrid de este fin de semana. De repente, una conversación sobre un meme había alcanzado a los otros diecinueve clubes de Primera División.

La NBA ya sabe cómo se las gastan

Si alguien sabe cómo se las gasta China cuando se enfada con el deporte occidental es Adam Silver, comisionado de la NBA. En octubre de 2019, Daryl Morey, entonces directivo de los Houston Rockets, publicó un mensaje de apoyo a las protestas de Hong Kong. Un tuit bastó para desencadenar una crisis de proporciones siderales.

Patrocinadores chinos se distanciaron de la competición y CCTV dejó de emitir sus partidos. La NBA intentó contener el conflicto, aunque Silver también defendió el derecho de Morey a expresarse. Aquello no salió precisamente gratis: en febrero de 2020, el comisionado calculó que las pérdidas alcanzarían unos 340 millones de euros.

Meses después, ESPN informó de que la liga había contabilizado un impacto negativo neto de unos 170 millones de euros relacionado con la crisis china. No era una previsión publicitaria ni una cifra inventada para impresionar: era el daño económico que la NBA atribuía a aquella ruptura. Y eso sin confundirlo con las pérdidas provocadas por la pandemia. Siete años después, el protagonista lleva borceguíes en lugar de zapatillas, pero el mecanismo resulta familiar.

Tebas, el Real Madrid y los millones que están en juego

LaLiga lleva años intentando convertir China en uno de sus grandes mercados internacionales. El pasado agosto cerró con China Mobile Migu un acuerdo para distribuir digitalmente los 380 partidos de cada temporada hasta 2030. También mantiene relaciones institucionales, proyectos de formación y acuerdos comerciales que van mucho más allá de las retransmisiones.

Aquí hay que distinguir lo que ha ocurrido de lo que podría ocurrir. CCTV ha suspendido sus emisiones, pero no consta que Migu haya rescindido su contrato. Tampoco se conoce públicamente una cifra definitiva de pérdidas para LaLiga. Hay negocio expuesto, sí; una factura cerrada, todavía no.

La reacción de las instituciones españolas revela hasta qué punto preocupa el asunto. Tebas pidió disculpas y se reunió con el embajador chino en España. El Real Madrid también remitió una disculpa después de que la radiotelevisión estatal reclamara una respuesta del club. Y Mbappé terminó lamentando sus palabras. Tres niveles distintos de responsabilidad para intentar apagar el mismo incendio.

El problema no termina en el fútbol. La marca suiza On, que ha anunciado su colaboración con Mbappé para entrar en este deporte, también tiene motivos para seguir la crisis con atención. China es un mercado importante para las firmas deportivas internacionales. 

Cuando el mercado pone las condiciones

China tiene derecho a valorar unas declaraciones como ofensivas, del mismo modo que un futbolista puede ser criticado por lo que dice. Pero la cuestión económica es otra: cuando una controversia personal termina condicionando retransmisiones, patrocinios y relaciones institucionales, la frontera entre el negocio deportivo y la presión política se vuelve bastante estrecha.

Es imposible saber si todas las reacciones comerciales han sido ordenadas por el Gobierno chino. Tampoco hace falta afirmarlo para comprender el problema. Basta observar la velocidad con la que se han sucedido las rupturas, las suspensiones y las disculpas.

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Durante años, el deporte europeo ha viajado a China buscando espectadores, patrocinadores y millones de nuevos consumidores. La NBA descubrió que ese dinero también podía desaparecer cuando estallaba un conflicto político. Ahora le toca al fútbol español comprobar hasta dónde llega la dependencia. Cuando China pasa la cuenta puede acabar pagando mucha gente que ni siquiera estaba en la conversación.