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Muere Alan Jones, el campeón de Fórmula 1 que nunca aceptó sus doce victorias
El australiano, campeón mundial con Williams en 1980, ha fallecido a los 80 años tras una breve enfermedad. Su carácter indomable, su rivalidad con 'el Lole' Reutemann y una victoria en el Jarama marcaron su leyenda
Alan Jones junto a Carlos Reutemann tras ganar el GP de EEUU de 1981
Alan Jones, campeón del mundo de Fórmula 1 en 1980, ha fallecido este jueves a los 80 años, apenas tres días después de su cumpleaños. Su esposa, Amanda Butler-Davis, ha confirmado que el australiano murió tras una breve enfermedad, cuya naturaleza no ha sido precisada oficialmente. Se marcha uno de aquellos pilotos que corrían como vivían: sin demasiadas concesiones.
Nacido en Melbourne, hijo de otro piloto, Stan Jones, llegó a Europa persiguiendo un sueño que tardó años en cumplirse. Debutó en Fórmula 1 en 1975, ganó por primera vez con Shadow en Austria, dos años después, y encontró en Williams el lugar donde convertir su carácter indomable en un campeonato mundial.
En 1980 conquistó cinco Grandes Premios puntuables y el primer título de pilotos de la escudería británica. Era rápido, duro, poco diplomático y extraordinariamente competitivo. No siempre resultaba cómodo tenerlo enfrente. Tampoco compartir garaje con él.
Lo comprobó Carlos Reutemann, el Lole, su compañero en Williams, con quien mantuvo una relación tormentosa que estalló en Brasil en 1981, cuando el argentino desobedeció las órdenes de equipo y ganó la carrera. Hoy ambos pertenecen a esa generación de campeones que ya solo podemos contemplar en fotografías antiguas.
Pero hay una anécdota que dibuja mejor que ninguna a Jones. Las estadísticas oficiales le conceden doce victorias. Él siempre reivindicó trece. En el Gran Premio de España de 1980 cruzó primero la meta del Jarama, recibió el trofeo y celebró el triunfo. Después, las guerras políticas entre la FISA y la FOCA dejaron aquella carrera fuera del Mundial. Décadas más tarde seguía protestando. Para él, ninguna decisión burocrática podía borrar lo sucedido sobre el asfalto.
En aquella Fórmula 1 de rivalidades feroces, motores que rugían de verdad y pilotos que se jugaban mucho más que un campeonato, Jones nunca fue un personaje de medias tintas. La fotografía que lo muestra en un podio junto a Carlos Reutemann reúne hoy a dos hombres que compartieron equipo, ambición y desencuentros. Dos maneras de entender las carreras, dos temperamentos difíciles de domesticar y una época irrepetible del automovilismo. Ahora, también dos ausencias.
Doce victorias para los libros. Trece para Alan Jones. Y seguramente habría discutido hasta el último día con cualquiera que intentara convencerlo de lo contrario.