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El camino de Santiago de Oriente Medio

Jordan Trail es un trekking de monumental que destaca por su increíble valor histórico y por sus dosis de espiritualidad, que conecta Petra, el desierto de Wadi Rum y el mar Rojo.

El camino de Santiago de Oriente Medio

Publicado por
Javier M. Mansilla.

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Los valles y acantilados rojizos esconden los vestigios de civilizaciones antiguas que se asentaron en este territorio sagrado. Un territorio cambiante, donde el desierto da paso al wadi (cauce del río) y el jebel (cumbre) a la sabana, y donde las fronteras son más importantes que en ningún otro lugar. Buscamos el valle del río Jordán como una grieta en el corazón de Oriente Medio que conecta Jordania de norte a sur para regalar al viajero la paleta de paisajes del país mientras le va descubriendo la historia y la cultura de este enclave estratégico. Durante miles de años, este fue un importante corredor comercial de moabitas, edomitas y amonitas, que los nabateos ampliaron a través de Asia y los romanos intentaron dominar en su afán de conquista de esta zona.

Le llaman el camino de Santiago de Oriente Medio por su valor histórico y por su espiritualidad. Pero si hablamos de naturaleza salvaje, pocas rutas al alcance de cualquiera pueden rivalizar con la Jordan Trail. Descubrimos los escenarios más espectaculares del este trekking monumental por Jordania.

¿Qué es el Jordan Trail?

Ante todo, un desafío. O 650 km de travesía a pie que separan Umm Qais, en el extremo norte, hasta Aqaba, el puerto del mar Rojo. La ruta empezó a promoverse en 2015, cuando la Jordan Trail Association recuperó este recorrido reservado para los senderistas más avezados que se atrevan con 40 días de caminata por un entorno agreste y virgen en muchos tramos.

El premio es descubrir ocho regiones diferentes del país además de sus principales hitos históricos donde no podía faltar la ciudad perdida de Petra. Además, en cada una de estas ocho etapas en las que se distribuye la Jordan Trail, de cuatro o cinco días cada una, el caminante descubrirá 52 pueblos y ciudades para acercarse a la sociedad jordana, para probar su gastronomía y dormir en mitad de la sabana o el desierto. Exploramos este museo al aire libre solo apto para aventureros.

Acantilados y ruinas romas

La primera etapa nos lleva al extremo septentrional del país. Muchos pensarán que no están en el valle del Jordán al encontrarse este paisaje fértil y verde. Desde la población de Umm Qais hasta la de Ajloun, la senda atraviesa cañones atrapados entre colinas repletas de olivos y bosques de robles donde se esconden las ruinas romanas de la Decápolis en Um Qais y Pella, las bizantinas del monasterio de Tel Mar Elias y los vestigios medievales del castillo de Ajloun, situado en la cima de la montaña. Este enclave pone el broche a la primera etapa de este recorrido, después de 80 kilómetros y ocho jornadas de caminata conociendo los pueblos de al-Aaiún y deteniéndonos en el ecoparque de Wadi Ziglab.

Desde el pueblo de Birmania hasta la ciudad de Salt, el sendero atraviesa valles agrícolas que desembocan en la presa de King Talal, la principal extensión de agua de esta zona, rodeada por un litoral boscoso. Siempre rumbo sur, continuamos entre campos de cultivo hasta el pueblo cristiano-musulmán de Rmemeen. En esta localidad mestiza comienza la subida desde el valle hasta alcanzar la ciudad de Salt y completar así 4 días y una etapa de 62,4 kilómetros.

A medida que descendemos hasta el valle del río Jordán, notamos que lo frondoso va dejando paso a un clima y paisaje más árido. Esto lo descubrimos caminando desde la ciudad de Salt, pasando por enclaves como el antiguo palacio de Irak Al-Ameer y siguiendo la panorámica King Hussein's Rally Road hasta llegar al cañón esculpido por el curso del Jordán. Con vistas al mar Muerto, seguimos el sendero que domina la meseta donde el sol impacta con fuerza y donde aparecen varios campamentos beduinos diseminados en este paisaje.

La Jordan Trail se une aquí a la antigua calzada romana para guiarnos hasta la fortaleza de Maqueronte (90 a. C), no sin antes bordear la crestería y descender por precipicios de basalto que nos regalan miradores privilegiados sobre el Wadi Zarqa Main. Sin embargo, nuestro rumbo apunta a otro cañón profundo, el Wadi Wala, que anuncia el término de esta tercera etapa de cuatro días y 84 kilómetros.

Un laberinto de wadis

Entramos en la región de los Tres Wadis o de los grandes valles fluviales, secos y desolados en su mayor parte. Es este un territorio estriado de incontables cañones y acantilados verticales que contemplamos desde el altiplano. El sendero nos regala la panorámica del abismo de Wadi Hidan y Wadi Mujib, antes de descender desde la meseta para cruzar Wadi Mujib, conocido como “el Gran Cañón de Jordania”. Nos adentramos en esta grieta de 800 metros de profundidad surcada por el río que riega algunas tierras de cultivos y campamentos de los beduinos, la tribu nómada que domina la Jordan Trail desde hace siglos.

Entre tanta naturaleza salvaje también hay espacio para lo arqueológico. En este trayecto aparecen las ruinas de Magdelina, en el borde de Wadi ibn Hammad. Y en una combinación de subidas y bajadas por las laderas descubrimos el principal vestigio de esta etapa, situado en lo alto de Wadi ez Zaiyatin y sobre el cerro. Las ruinas del castillo cruzado de Al-Karak son el mejor mirador para contemplar toda esta zona escarpada de wadis y colinas, y el broche final a este trayecto de 4 días y 75 kilómetros.

La Jordan Trail nos conduce desde la montaña de Al-Karak hasta los pueblos de Shehabieh y de Khirbet Ainun, una localidad fantasma situada sobre valle, hasta llegar a Al-Iraq, entre campos de olivos. El sendero cruza otra colina antes de asomarse al impresionante Wadi Hasa, que dibuja una hendidura de mil metros de profundidad sobre esta llanura situada al sur del Mar Muerto. De wadi en wadi y desde lo alto del acantilado hasta la base, llegamos a los pueblos cercanos a Tafileh para después hacer una pausa histórica en las ruinas edomitas de Sela y Mi'tan.

Tras conquistar este tramo de cuatro días y 83 kilómetros, aún nos quedará un wadi por explorar, el Labun, antes de llegar al pueblo restaurado de Dana. Nos alojaremos aquí en el Feynan Eco Lodge, un resort sostenible situado en mitad de esta reserva natural de 308 km2.

Rumbo a Petra

Primero las colinas y los valles boscosos, luego los cañones o wadis y ahora la llanura esteparia hasta Petra. Empezamos en Dana. En la reserva se conservan restos arqueológicos de los primeros asentamientos humanos (9.600 a. C.), además de la principal explotación de cobre del mundo antiguo.

Vamos a recorrer la carretera Namala que sigue la antigua senda de migración de los beduinos y nabateos hasta Al-Batra (Petra)”, explica Abed el Rahim, nuestro guía en esta parte de la Jordan Trail. En la sabana, los dromedarios pastan bajo las acacias, mientras en el desierto de Wadi Araba, se camuflan las tiendas beduinas entre las dunas rojizas, y en los páramos basálticos torturados por el sol anuncian la llegada a las montañas de Sharah. En el interior de este macizo de arenisca, se esconde una de las maravillas del mundo.

Descubrimos Petra a contracorriente, o por su puerta de atrás, siguiendo el sendero Petra Back Trail. Este parte desde Siq al-Barid, un antiguo caravasar construido por los nabateos, y continúa por el contorno de los acantilados hasta arribar a la fachada del monasterio. Cincuenta metros de altura de una fachada cincelada sobre la roca arenisca muestran la capacidad de este pueblo árabe para dominar las reglas grecolatinas e integrarlas en este paisaje.

Para descubrir el primer regalo de petra, hemos caminado durante 11 kilómetros y más de tres horas en solitario y ahora lo haremos en dirección contraria a las manadas de turistas por el sendero escalonado del cañón del Siq. Este protege Petra del invasor desde su fundación en el siglo VI, donde hoy se conservan el Gran Templo, la Columnata y las majestuosas tumbas reales entre otros vestigios de aquella época.

Sin embargo, Petra tiene un tesoro y ese se esconde al final del desfiladero, de paredes onduladas y colores escarlata. De repente aparece una de las maravillas del mundo, conocido precisamente como “el Tesoro”. En el monumento más emblemático de Jordania, lo clásico y nabateo se unen en esta elegante fachada de arenisca, donde frisos, columnas y esculturas helenísticas parecen brotar de la montaña que hoy protege el pueblo beduino. La sexta etapa de la aventura finaliza después de cinco días y más de 90 kilómetros de senderismo.

Desiertos y mares rojos

El mayor desierto de Jordania es un laberinto de arena infinita y de color rojizo, donde irrumpen gigantescos peñascos (jebal), que hacen las delicias de los amantes de la escalada. El Wadi Rum es conocido como Valle de la Luna, debe de ser lo más parecido a Marte en nuestro planeta. Con razón se rodó esta película aquí, The Martian, entre otras muchas.

Nos atrevemos con esta travesía por el desierto de casi una semana, ideal para la observación de las estrellas durante la noche, para el autoconocimiento durante el día y para dormir en mitad de la nada en una de las jaimas que se reparten en la inmensidad arenosa. El Wadi Rum regala al viajero la posibilidad de sentir la soledad más absoluta y por ello es uno de esos entornos naturales que hay que visitar una vez en la vida. Nosotros lo hemos hecho después de 5 días 90 kilómetros de buena caminata.

La etapa final es la más larga y recorre el desierto en seis días y 112 kilómetros hasta llegar al mar Rojo. La Jordan Trail pasa bajo los poderosos acantilados de Jebel Rum y Jebel Um Ishrin, serpenteando entre las montañas de arenisca de Wadi Rum. Toma rumbo oeste por Wadi Waraaqa, pasando por una serie de cisternas que salpican la ruta hacia el pueblo beduino de Titen. Seguimos un antiguo camino de pastores que nos revela, por fin, la visión del Mar Rojo, el golfo de Aqaba y las montañas del Sinaí en la lejanía.

Las aguas cálidas y transparentes de este mar repleto de corales las convierten en un spot privilegiado para animarse con el buceo o el esnórquel. O simplemente para relajarse en las playas que adornan este litoral fronterizo tras superar una auténtica odisea de cuarenta días por un país donde la historia, la cultura y la arqueología se funden en un paisaje implacable.

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