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Barcelona-Madrid, el Clásico de los 'tolilis'

Cuanto antes se den cuenta de que en el mundo del fútbol, más que 'properties', presidentes yfutbolistas, el único que importa es el aficionado, antes se les quitará la cara de 'tolili'.

| Miguel Queipo Deportes

'Tolili' es ese vocablo añejo cuyo significado es el de “bobo, pasmarote y aturdido”, que volvió a traer al uso diario Florentino Pérez tras la filtración de aquellos audios en los que calificaba así a Fábio Coentrâo.

Viene a colación el traer el palabro, registrado por primera vez en el primer tercio del Siglo XVIII, no para hacer ver que el presidente del Real Madrid es más antiguo que un vinilo de Los Pecos, sino porque este fin de semana hay un Barcelona-Madrid. Un partido que es el Clásico de los 'tolilis' disidentes, los de la frustrada Superliga. No sé si bobos, no me atrevería a decir tanto, pero desde luego sí que pasmarotes y aturdidos. El ridículo de la presentación y puesta en escena de su subproducto les ha dejado una cara (o un careto, más bien) que llevarán de paseo muchos años.

Ambos, junto a la Juventus, han filtrado esta semana una nueva propuesta de sustituto de la Champions. Pero sigue siendo una absoluta necedad. Cualquier estudiante de primer curso de marketing sabe que, a estas alturas de 2021, hay una premisa fundamental en cualquier negocio que quiera serlo, colocar al cliente en el centro de la estrategia.

Los 'tolilis' de la fallida Superliga insisten en este segundo asalto por la vía del empresario decimonónico: el producto es mío, aquí importo yo y vosotros vais a hacer lo que yo os diga. No hacen más que filtrar una Gran Sentada futbolística donde los actores involucrados en el deporte repiense su futuro. ¿Todos? No, no todos. Nadie ha pensado en darle voz a los aficionados. En el Reino Unido, los hinchas respondieron lo que cualquier persona con dos dedos de frente haría, rechazar de pleno una competición que les trata como un mal necesario.

No se dan cuenta de que el principio fundamental para que la Superliga funcione es la activación, hay que cuidar de tus fans para poderlos monetizar. Y más aún si la activación es transversal: estética, música, apego a su comunidad, cultura, arte y todo lo que rodea a la entidad, a la 'propertie' que se dice en el argot. Esos tres clubes siguen pensando que con once tíos dándole patadas a un balón y teniendo a los medios publicando branded content sin parar (“hay pagos a periodistas”, dijeron en el Barcelona; han descubierto la pólvora) va que chuta. Y resulta que no. 

Pero volvamos al terrenal Clásico. Discuten ahora en casi todos los medios que lo mismo no se llena el Camp Nou para el partido (por cierto, ¿la delegación del Gobierno ha acudido a verificar el buen estado de las instalaciones tras las denuncias de la propia directiva del Barcelona acerca de que aquello era el Polideportivo de Kosovo y han tenido que parchearlo, o da igual?).

He tenido a bien mirar el precio de las localidades disponibles y la entrada más barata cuesta… 164 euros. Uno encima de otro. Volvemos a los de antes, el aficionado, que debería estar en el centro de todo, porque es el que paga la fiesta pero al que  tratan de situar lo más lejos posible. Pagar 164€ por una extraordinaria localidad para ver a Messi contra Cristiano, ambos en plenitud, en un Barcelona-Real Madrid que se juegan LaLiga, convendrán conmigo en que tiene un pase.

Pagar esa misma cantidad para ver a un Barcelona en ruinas contra un Madrid de entreguerras, y con la posibilidad de ver un Sergiño Dest contra Lucas Vázquez (y que conste que no me quiero meter con los dos futbolistas, sino dejar patente que hay una evidente diferencia de calidad entre ambas parejas) es un disparate.

Sí, el fútbol debería sentarse, y repensarse. Darle más descanso a los jugadores, mirar la fórmula para que los actores involucrados en el negocio puedan seguir estándolo porque no se trata de que le falte trabajo nadie. Pero, por encima de todo eso, varios años luz por encima de todo eso, estamos nosotros, usted y yo, que somos los que pagamos el catering y las bebidas y no nos pasan ni la bandeja de los cacahuetes.

Cuanto antes se den cuenta de que en el mundo del fútbol, más que 'properties', presidentes e incluso futbolistas, el único que importa es el aficionado, antes se les quitará la cara de 'tolili' y antes podrán sacar adelante no solo una Superliga, que también, sino un deporte más racional, más interesante, sin VAR, sin reglamentos manipulados para darle gusto a un videojuego, menos saturado y saturante y con muchos más ingresos.